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BLOGS Coordinado por JUAN CARLOS GALINDO
Novela Negra

El lado 'sci-fi' de Agatha Christie

Stuart Turton reinventa el 'whodunnit' con la sobrenatural 'Las siete muertes de Evelyn Hardcastle' o el caso del detective que vivió ocho veces el mismo día

El escritor Estuart Turton este mes en Barcelona.
El escritor Estuart Turton este mes en Barcelona.

Aiden Bishop es un peculiar detective por accidente. Ha despertado en algún lugar, y ese lugar es un bosque, y alguien le ha entregado una brújula y le ha dicho que se dirija al este. Aiden le ha hecho caso, se ha dirigido al este y ha dado con una gran mansión: Blackheat. En esa gran mansión está a punto de celebrarse una gran fiesta en la que los Hardcastle anunciarán el compromiso de su hija pequeña, Evelyn. Estamos a principios de los años 20 del siglo pasado, es decir, en un momento en el que ese tipo de cosas aún se hacían. Y sabemos que alguien va a morir esa noche. Se da el caso de que alguien ya murió en la mansión Blackheat hace exactamente 19 años. El por entonces pequeño Thomas, hermano de Evelyn. También se da el caso de que los invitados que asistirán a la fiesta de compromiso de Evelyn son los mismos que asistieron a la fiesta que los Hardcastle dieron hace 19 años, en la que tuvo lugar el asesinato de Thomas. El cometido de Aiden es dar con el asesino del cadáver que va a encontrarse en la mansión. Y no necesariamente con el fin de entregarlo a las autoridades, sino más bien con el fin de poder escapar de la mansión. Sí, Aiden es víctima de una especie de hechizo y no va a poder escapar de Blackheat hasta que no descubra lo que pasó. Lo raro es cómo va a tener que descubrirlo.

Porque lo curioso de la primera novela de Stuart Turton, una suerte de Sophie Hannah –la nueva reina del whodunnit à la Christie – que hubiera visto más de la cuenta Doctor Who y hasta, por qué no, Black Mirror, es que, para resolver el misterio, Aiden va a contar con ocho días y la posibilidad de pasar cada uno de esos ocho días en el cuerpo de un invitado de la fiesta. Si al llegar al octavo día no ha conseguido resolver el misterio, todo volverá a empezar, y él olvidará que ha estado haciendo todo eso antes, y la pesadilla continuará. Es decir, que mezcla el whodunnit con el viaje en el tiempo –un viaje en el tiempo con aspecto de hechizo que da como resultado el clásico Día de la marmota, pues el día se repite, todo el rato, solo que Aiden lo vive desde cuerpos distintos – para acercarse tanto como pueda a su admirada Agatha Christie –hasta en el twist final hay algo de los clásicos entre los clásicos de la genial Dama del Crimen –, porque la cosa fue así: Las siete muertes de Evelyn Hardcastle (Ático de los Libros) nació como un intento de superar a la insuperable maestra de lo detectivesco en casi siempre glamurosos espacios cerrados.

Si, pese al éxito atemporal e imperecedero de Christie, no existen tantos 'whodunnits' es, según Turton, porque escribirlos resulta "dificilísimo"

“Empecé a leer a Agatha Christie con ocho años. Por entonces aún no quería ser escritor, así que puede decirse que fue por ella que me hice escritor. Devoré sus 80 novelas y me dije que estaría bien intentar escribir una de ellas. Supe que dedicarme a la escritura iba a ser complicado, así que probé suerte primero con el periodismo. Me hice periodista de viajes. Pero sin dejar de pensar en convertirme algún día en escritor de misterio”, dice. Turton vivió durante mucho tiempo en Dubai. Para entonces ya había intentado escribir un whodunnit. “La primera vez que lo intenté tenía 21 años. Llegué a tener una trama, pero era un collage de todas las novelas de Agatha Christie. Era horrible. Qué arrogante era entonces. Me decía a mí mismo que si ella era capaz de escribir tres al año, yo podía completar una en un año. Pero me di cuenta de que es dificilísimo”, recuerda.

Por eso cree que no hay tantos whodunnits. Los lectores disfrutan de ellos – ahí está el éxito imperecedero y atemporal de Agatha Christie – , pero es realmente complicado escribirlos. “Los escritores se conforman con menos. Saben que un whodunnit le va a dar muchos dolores de cabeza y le supondrá al menos tres años de trabajo, mientras que una novela corriente, una buena novela negra que no hable de un espacio cerrado con sus sospechosos y demás, le llevará un año y venderá de todas formas”, argumenta. No es ese su caso. Lo único que esperaba era dar con una idea que ofreciese algo más al lector de lo que ofrecían las de Agatha Christie. Una que a la propia Agatha Christie le hubiese gustado leer porque fuese a la vez un homenaje y un pequeño intento de llevar al género hacia otro lado. Al final dio con la idea en un vuelo de Dubai a Qatar. “Eran las dos de la mañana y me estaban poniendo delante la bandeja con la comida y de repente no sabía quién era, qué hacía allí, todo era muy extraño”, dice. En ese momento apareció el amnésico Aiden. El resto, dice también, “es pura sedimentación de la cultura de los 80 con la que crecí”.

Pensad en una clase llena de alumnos. Si el profesor entra y lo que cuenta es divertido, tendrá su atención al momento. Si por el contrario, aburre, nadie le hará ni caso. Lo mismo ocurre con los libros

La idea era claramente un reto, pero también una forma más divertida, dice, de encarar una investigación. “Me parece mucho más complicado hacer que un solo personaje se ocupe de todos los interrogatorios. Así, además de lo que ve y cómo lo ve, tienes el conflicto del personaje con su propio cuerpo, el cuerpo que ocupa, el choque con la personalidad del anfitrión”, relata. Tampoco Evelyn es la víctima “clásica”. Y no piensa revelar por qué, pero tiene mucho que ver con el hecho de que la ficción, y, en consecuencia, la realidad, tiende a lamentar la muerte del que la padece, sin preguntarse si tal vez la merecía. “¿No puede haber maldad en una víctima?”, se pregunta.

El tono es en todo momento jovial. Nada le gusta más a Turton que jugar, divertirse. “Todo lo que hagas debe ser divertido”, sentencia. Es una de sus máximas. “Hoy el escritor compite con tanto entretenimiento que debe, por encima de todo, entretener. Pensad en una clase llena de alumnos. Si el profesor entra y lo que cuenta es divertido, tendrá su atención al momento. Si por el contrario, aburre, nadie le hará ni caso. Lo mismo ocurre con los libros”, añade.

¿Escritores que admira? Raymond Chandler y James Ellroy, dos clásicos. Entre los que cultivaron el humor, su favorito es Terry Pratchett. ¿Y los que, como él, se dedican al glorioso y en extinción arte del whodunnit? “Sophie Hannah y Will Dean”, contesta. ¿Y lo siguiente que piensa escribir, será también un asesinato en un lugar cerrado con un montón de invitados? “No, quiero cambiar. De hecho, puede que ni siquiera escriba una novela. Quizá escriba un guion, o teatro, porque escribir novelas es como ir a un restaurante de postín, y ahora lo que me apetece es un poco de fast-food”, responde.

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