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Esquivar el instante decisivo

Pionero de la fotografía en color, Saul Leiter trataba la imagen como un cuadro. Cada destello, cada veladura era una capa más de realidad

'Mary' (1947), de Saul Leiter. Ampliar foto
'Mary' (1947), de Saul Leiter.

A mediados del siglo pasado, América produjo un pintor con un instinto descomunal para la fotografía. Saul Leiter (Pittsburgh, 1923-2013) trataba los pigmentos como un tema grato de la fotografía, al igual que otros pintores trataron la luz como algo primario de sus telas. Se mudó a Nueva York con la intención de convertirse en artista y comenzó a experimentar con el lenguaje fotográfico en blanco y negro. Consiguió trabajo en las mejores revistas de moda, retrató a celebridades y expuso en galerías y museos. Nunca dejó de pintar, en la trastienda de su estudio, siempre en relativa oscuridad, como si revelara fotos.

En sus instantáneas en color, que tomó durante décadas en las calles cercanas a su apartamento del East Village, se puede captar la destreza de un maestro de la superficie: manchas, empaste, difuminados y una textura abstracta que tiñe de emoción la escena. Una sintaxis cromática que había aprendido de la luminosidad de los cuadros de Bonnard y del expresionismo de quien había sido su mentor, Richard Pousette-Dart. Para Saul Leiter, la realidad era una fotografía. Pero mientras otros fotógrafos se dedicaban a plasmar los “temas”, él miraba lo inadvertido, contrayendo lo próximo y lo lejano para provocar nuestro sentido del espacio. Incluso en sus imágenes comerciales para Life, Vogue y Harper’s Bazaar, el motivo principal aparece alejado del centro del encuadre. “Siempre tenía la esperanza de que el resultado pareciese una fotografía antes que una foto de moda”, declaró en cierta ocasión.

Frente al oportunismo temporal de Cartier-Bresson, Leiter prefirió la brizna de realidad después del momento petrificado

En la retrospectiva que exhibe estos días la Fundación Foto Colectania de Barcelona se puede ver esa conmovedora mezcla de distanciamiento e intimidad tan característica de su trabajo, el momento del pinchazo, cuando las figuras, hombres y mujeres anónimos, aparecen reflejadas en un espacio semiabierto, rodeadas de destellos que brillan tras el vaho, bajo la lluvia o la nieve. Pero sólo vemos una parte de ellas: la cabellera, la cadera, las piernas, un brazo bajo un paraguas o el elegante movimiento del tronco que sobresale tras el corte de una pared. Frente al oportunismo temporal de Cartier-Bresson, Saul Leiter prefirió la brizna de realidad que hay medio segundo antes/después del momento petrificado, el salto y el aterrizaje, cuando la imagen podría ser totalmente diferente.

'Red Umbrella' (1955), de Saul Leiter. ampliar foto
'Red Umbrella' (1955), de Saul Leiter.

Su fotografía es tan americana como la de Robert Frank y William Klein (planos fuera de foco, accidentes, elementos urbanos, colores poco reales, granulación excesiva…), pero mientras estas eran las de dos exploradores en vuelo aerodinámico sobre la ciudad desolada, unas veces violenta, otras de alegría crispada (“tristes poemas arrancados a América”, escribió Jack Kerouac), las de Saul Leiter están hechas desde un vuelo sin motor que se posa a la sombra de un árbol. Sobre su particular enfoque fotográfico, viene al caso la definición que hizo Harold Rosenberg de la Escuela de Nueva York: “Cuadros que no son pintura, sino actos ejemplares”.

La ejecución ejemplar de Leiter tuvo una gran influencia en el cine, desde el Antonioni en blanco y negro de La noche y El eclipse, con fotografía de Gianni di Venanzo, hasta el Todd Haynes de Mildred Pierce y Carol, con cinematografía de Ed Lachman. Nunca fue decisiva porque siempre estaba antes, o después.

In Search of Beauty. Saul Leiter. Fundación Foto Colectania. Barcelona. Hasta el 21 de octubre.