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Picasso, entre pinceles y fogones

Una muestra aborda, con la colaboración de Ferran Adrià, la pasión del artista por la cocina

'La cocina', la obra de Picasso que pintó en 1948 que cierra la exposición de Barcelona.
'La cocina', la obra de Picasso que pintó en 1948 que cierra la exposición de Barcelona.

Pablo Picasso tenía tres pasiones: la pintura, las mujeres y la comida. Realizó cientos de retratos, ninguno por encargo, todos con personas de su entorno, sobre todo sus esposas y sus amantes y a la numerosa prole que tuvo con casi todas ellas. Pero muchas de las pinturas que realizó a lo largo de su vida también están protagonizadas por alimentos y comida. Ninguna como Corrida de toros y pez —la tauromaquia fue otra de sus pasiones— un enorme plato de barro rojo en el que el artista superpuso en 1956 la espina de un pez (un lenguado cocinado a la meunière) impreso en arcilla blanca que acababa de comerse, tal y como puede verse en la serie de fotografías que hizo David Douglas Duncan. La cerámica, que donó Jacqueline Picasso al museo de Barcelona en 1982 junto con otras 40 piezas, es solo una de las más de 180 obras de arte, sobre todo pinturas, esculturas (en las que metamorfoseó instrumentos culinarios como coladores y cucharas), documentos y recibos del colmado o de la carnicería donde compraba el artista, que pueden verse en la exposición La Cocina de Picasso que el Museo Picasso de Barcelona inaugura este viernes (hasta el 30 de septiembre), en la que la cocina, los utensilios culinarios y los alimentos son protagonistas absolutos.

La cerámica 'Corrida de toros y pez', de Picasso (1957).
La cerámica 'Corrida de toros y pez', de Picasso (1957).

La exposición es capicúa. Comienza con dos pequeñas pinturas de la cocina familiar de Málaga pintadas en 1896 y termina con La cocina, un enorme lienzo de 1948 en el que esta estancia se ha convertido en un mapa abstracto de líneas y puntos. Entre medio, los comisarios, Emmanuel Guigon y Claustre Rafart, director y conservadora del museo Picasso de Barcelona, respectivamente, y Androula Michael, del Museo Picasso de París, han creado “no una acumulación de obras de alimentos, que sería aburrido e indigesto”, según Guigoan, sino un relato “poético” con varias áreas para dar “una visión y perspectiva nueva del pintor del que ya se han explicado muchas cosas”. Arranca con la cocina del café restaurante Els Quatre Gats, cuna del modernismo y cita obligada de todos los artistas barceloneses de finales del siglo XIX, entre ellos un joven Picasso que realizó el cartel del plato del día y del menú del local. La muestra termina con la cocina laboratorio de elBulli que cuenta con una intervención de Ferran Adrià en la que se pregunta “¿Qué es cocinar?”, en diálogo con el pintor y su acto de crear.

'Niño con langosta', pintado por Picasso en 1941.
'Niño con langosta', pintado por Picasso en 1941.

En medio, apartados como la “cocina cubista”, que aporta obras como El restaurante, de 1914, en el que Picasso introduce el collage sobre un suculento pollo asado; Gran naturaleza muerta, de 1918, La botella de vino, de 1926 o la escultura Vaso de absenta, de 1914. El periodo de la II Guerra Mundial con obras en las que la comida escasea o no está presente, como Flor, de 1941; una pequeña escultura realizada con un trozo de pan duro y una flor de papel que Picasso regaló a su pareja Dora Maar. La exposición muestra también cómo el artista reflejó los bares y restaurantes que frecuentó, como el cubista Café Royan, de 1950, el local que tenía enfrente de su casa durante el conflicto o cómo, durante la ocupación alemana, Picasso llenó sus obras de crustáceos, frutas, alcachofas, mesas y cubiertos. “Es la encarnación de la abundancia fabulosa en tiempos de carestía”, explica Rafart.

'Naturaleza muerta' de Picasso, de 1901.
'Naturaleza muerta' de Picasso, de 1901.

Picasso guardó todos los tiques y recibos de hoteles, restaurantes y tiendas de comestibles, algo que posibilita reconstruir sus gustos culinarios. En el Museo Picasso de París se han conservado listas de alimentos y precios del carnicero, la quesería, la frutería o el colmado, que delatan el contenido de la cesta del creador y, por extensión, de su dieta donde no faltaba el fuagrás y las angulas, pero, sobre todo, verduras, frutas y legumbres, que por la cantidad de los recibos (todos pagados), se consumían a diario. Alcohol poco: vino y cerveza, mientras que consumía agua mineral en gran cantidad.

El tema, a juicio de los comisarios es inagotable. “Los alimentos llenan miles de sus obras. Delante de las figuras de las Señoritas de Avignonpuede verse un bodegón con sandía, uvas y peras”, remacha Rafart. Casi al final de la muestra otra media docena de cerámicas muestran a peces, pulpos y una pantagruélica morcilla negra con huevos fritos que seguro acababa de comerse el pintor. Alimentos efímeros que Picasso convirtió en inmortales después de imprimirlos o modelarlos en barro.

 

Adrià, el pintor y Cruyff

Gran parte de las 1.846 fotografías de los platos elaborados en la historia de elBulli de Adrià.
Gran parte de las 1.846 fotografías de los platos elaborados en la historia de elBulli de Adrià.

“Mis referentes creativos son Picasso y Cruyff”, dijo este miércoles pletórico el famoso cocinero Ferrán Adrià que participa en la exposición del Museo Picasso al final del recorrido, en una sala que es una especie de aperitivo de lo que podrá verse en 2020 en la Fundación elBulli: el resultado de siete años de investigación, desde que cerró su famoso restaurante, sistematizando el lenguaje gastronómico. “Hay quien ha creído que elBulli podría ser un motivo para hacer reflexionar al mundo del arte sobre la cocina”, ha dicho junto a las pequeñas fotografías de los 1.846 platos que creó a lo largo de los años. “Dibujar es fácil, hacerlo con el genio de Picasso, es imposible. Poder estar aquí es un sueño. Hace veinte años esto hubiera sido imposible, pero hoy en el arte hay gente que se interesa por lo que estamos haciendo toda una generación de cocineros que apostamos por hacer vanguardia”, remachó.