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El amigo que retrató a Picasso en la bañera

El museo dedicado al pintor en Buitrago de Lozoya expone entre el 10 de mayo y el 22 de julio 60 fotografías del reportero David Douglas Duncan

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Fotografía que Duncan hizo de Picasso el día de 1956 en que se conocieron.

La primera vez que la mirada de Pablo Picasso se cruzó con la del fotógrafo y reportero estadounidense David Douglas Duncan (Kansas City, 1916) corría el año 1956. Su amigo, el también fotógrafo Robert Capa, fallecido dos años antes en la guerra de Indochina, no había podido cumplir su promesa de presentarle a aquel pintor único con quien había trabado relación, así que aprovechó un viaje a Cannes (Francia) para presentarse en La Californie, la suntuosa casa taller en la que por entonces residía y creaba el artista.

Era el 8 de febrero y le abrió la puerta Jacqueline, segunda esposa de Picasso, ante quien expuso sus intenciones y la memoria del amigo común desaparecido. Según relató a EL PAÍS en 2013, ella le condujo de la mano hasta el segundo piso, donde el pintor tomaba plácidamente un baño. “Le dije que si le podía hacer una fotografía y me dijo que sí. Esa fue la primera vez”. Y así nació una amistad de 20 años interrumpida por la muerte del genio de la que dan testimonio 25.000 fotografías, muchas obtenidas en la intimidad, que han aportado una perspectiva singular sobre la vida, la personalidad y el proceso creativo de uno de los genios de la pintura universal.

163 de aquellas imágenes fueron donadas por el propio David Douglas Duncan al Museo Picasso de Barcelona hace cinco años. A partir del próximo 10 de mayo, y hasta el 22 de julio, 60 piezas de ese lote se expondrán temporalmente en la sede de la Colección Eugenio Arias en Buitrago de Lozoya bajo el título Picasso por Duncan. La mirada cómplice. El museo de la localidad serrana alberga desde 1985 una pequeña colección de obras y objetos que el artista regaló a Eugenio Arias, su barbero, cuando ambos vivían en Vallauris, un pequeño pueblo al sur de Francia. Se abre así, con esta muestra, una puerta más a la vertiente cotidiana que, en palabras del consejero de Cultura de la Comunidad, Jaime de los Santos, permite profundizar en el lado “más personal del genio malagueño a través de las fotografías de otro gran artista que nos lo presenta desde la intimidad, como ser humano”.

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Picasso, en 1957.

La exposición, comisariada por Emmanuel Guigon y Sílvia Domènech —director y jefa de investigación del museo barcelonés—, se complementa con libros y fotografías del museo madrileño. Los domingos, el museo fundado en memoria del barbero de Picasso, oriundo de Buitrago de Lozoya, ha programado visitas guiadas que profundizarán en una relación personal y artística única.

Cuando en 2011 le preguntaron a Duncan el porqué de aquella familiaridad con Picasso, el fotógrafo fue parco: “Nos caímos bien. Así de sencillo”. No hizo falta nada más, incluso ante la evidente dificultad de comunicación oral entre dos personas que desconocían la lengua del otro. El artista le abrió sin reparos las puertas de tres de sus casas mostrándose ante la cámara en todo tipo de circunstancias: bailes, juegos, proceso creativo (aquella inspiración que, en palabras del pintor, debía de encontrarle trabajando), celebraciones... Y siempre exhibiendo aquella enigmática mirada que el fotógrafo amigo nunca ha logrado descifrar del todo.

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