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Netta Barzilai, de niña acosada a revelación eurovisiva

Música electrónica con corazón de soul y rhythm and blues y una fuerte personalidad, las claves para llegar a la cumbre de la polifacética ganadora de Eurovisión

La cantante israelí Netta Barzilai celebra su triunfo en Eurovisión.

Netta Barzilai se coronó la madrugada de ayer en Lisboa ganadora del festival de Eurovisión, pero el camino hasta la cumbre no le ha resultado sencillo. Su infancia —como ella ha reconocido en varias ocasiones— estuvo “plagada de burlas” por su físico, lo que le hizo refugiarse en la música. Encontró en ella un arma frente a los acosadores que reforzó su personalidad y su determinación de mostrarse al mundo tal y como es, sin importarle las críticas a su peculiar imagen o a su música, también fuera de lo común.

Netta nació hace 25 años en Hod Hasharon —al noreste de Tel Aviv— en el seno de una familia judía que por motivos laborales tuvo que emigrar a Nigeria. Allí pasó más de cuatro años de su más tierna infancia antes de regresar a Israel. Aunque al escuchar Toy —la canción con la que Netta ha conquistado Europa— no lo parezca, el inicio musical de la artista israelí estuvo fuertemente marcado por el soul y el rhythm and blues de figuras como Aretha Franklin y Etta James. En parte, por esa infancia en Nigeria rodeada de ritmos africanos.

Se especializó en música electrónica y jazz en la escuela de música Rimon, en su localidad natal, y unos años después cuando descubrió el looper, un aparato con el que podía grabar su voz y reproducirla al instante añadiéndole efectos electrónicos. Netta encontró en él un instrumento ideal para dar rienda suelta a su creatividad y se presentó al popular concurso de talentos HaKokhav Haba (La Próxima Estrella), la versión israelí de Operación triunfo, que sirve para elegir al representante del país en Eurovisión.

La primera aparición en el programa de la polifacética DJ que, además de animar bodas y hacer vibrar con su música las noches de fiesta de algunos locales de Tel Aviv, toca la guitarra acústica, no dejó indiferente a nadie. Frente al estupor inicial, poco a poco sus inexplicables sonidos guturales y sus sorprendentes puestas en escena le hicieron ganarse el corazón del público y el jurado. En cuartos de final ganó el pase directo a la final donde se alzó con el título de representante de Israel en Eurovisión.

A pesar del éxito, le siguieron lloviendo las críticas de los sectores más conservadores israelíes e incluso de algunos colegas de profesión, como la cantante, Maya Buskila, que pensaban que el uso de aparatos digitales que manipulasen la voz la descalificaría para el certamen eurovisivo. La rápida intervención en defensa de Netta de uno de los jueces del concurso de talentos israelí, Assi Azar, acalló las críticas.

Israel se volcó con los cacareos, las grotescas muecas y la extravagancia de su representante. La pegadiza Toy, inspirada en el movimiento feminista #MeToo, poco a poco comenzó a estar en todas las quinielas. Sin haber ganado, Netta ya había logrado uno de sus grandes objetivos: que la gente enloqueciese bailando al ritmo de su música.

Ya en Lisboa, en la rueda de prensa previa a la celebración de Eurovisión, demostró que su propuesta era algo más que una extravagante puesta en escena con extraños arreglos electrónicos. Sin aderezos, ni su querido looper, se ganó la admiración de los asistentes al cantar Toy a capella. En todo momento dijo estar tranquila y concentrada porque lo que había detrás de este repentino éxito era un trabajo muy duro. “Si puedes soñarlo, lo puedes conseguir”, fue su lema.

El movimiento Boicot, Desinversión y Sanciones (BDS), que propugna el aislamiento económico de Israel para poner fin a la ocupación de territorios palestinos, pidió el boicot a su candidatura eurovisiva porque la artista hebrea hizo la mili en la banda de música de la Armada israelí. Un período de servicio militar —obligatorio en Israel tanto para hombres como para mujeres— que coincidió con la ofensiva israelí en Gaza de 2014 en la que murieron más de 2.200 palestinos y 71 israelíes.

Al finalizar la primera gala clasificatoria para el certamen, Netta —que también es vocalista del grupo The Experiment— sufrió una estrepitosa caída cuando bajaba la escalera del escenario lisboeta, que pudo costarle un disgusto. Pero la israelí, como en su vida, se lo tomó con humor, se levantó con más fuerza que nunca y el pasado sábado no tropezó. Sampleó con su garganta, sorteó todas las trabas y el público europeo se rindió ante su originalidad, su contagioso ritmo y su potente chorro de voz: 529 puntos le dieron el triunfo, muy por encima de la segunda clasificada, la chipriota Eleni Foureira, que logró 436..

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