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Rozalén: “Soy muy intensa para todo”

La cantante empezó a cantar en el coro de su pueblo y acabará la semana actuando en solitario el jueves 17 de mayo en el Wizink Center madrileño

Rozalen, en la Gran Vía.
Rozalen, en la Gran Vía.

Conociéndola solo por la voz de lija fina y el rictus de diva irónica que muestra en sus vídeos, espera una encontrarse con una señora de aúpa, pero se topa con una chavala más bien menuda que concede la entrevista entre bolo y bolo antes de entrar al teatro con su novio. A un palmo, la autora e intérprete de canciones tan simples y densas como Girasoles, donde loa a la gente buena, o Justo, donde evoca a su tío abuelo desaparecido en la guerra, semeja a cualquier millenial, subtipo alternativa, de cualquier ciudad hoy día. Solo el deje entre manchego y murcianico de su pueblo, Letur, en la sierra del Segura, y sus ojos subrayados de negro delatan a la estrella a los muy fans de lo suyo. No parece creérselo demasiado.

La he reconocido por los rabillos de los ojos. Parece usted mucho mayor en el escenario.

Bueno, es que soy un poco viejoven. No es solo la edad, con 31 no se es una niña, es que me lancé a la calle a que me pasaran cosas a los 18 años, cuando me fui de casa a estudiar a Murcia y buscarme las habichuelas. Estoy muy vivía y supongo que se nota.

Y muy sentía, parece...

Sí, soy muy intensa para todo. Muy hipersensible: lo bueno lo disfruto muchísimo y lo malo lo sufro cantidad. Muy de dramones y de euforia, un poquito bipolar.

Vamos, que hay días en los que no se aguanta ni usted.

Hay días que me gustaría sentir un poco menos y conformarme más. Lo que pasa es que supongo que, si me extirparan eso, me arrepentiría, porque eso es lo que me hace hacer canciones.

¿Escribe mejor arriba o abajo?

Desde la alegría escribo mucho, pero cuando uno está en crisis es cuando más creativo está. Menos mal que está la tristeza; sin ella no habría creación.

¿Y en sus 31 años le ha dado tiempo a sufrir mucho?

Sí, me han pasado cosas. Determinados abusos y determinadas humillaciones que no tenía que haber tolerado y toleré.

La puerta violeta trata de una mujer maltratada, o humillada...

Es lo mismo.

¿Conoce ese sufrimiento? Es psicóloga y feminista. Sabiendo la teoría, ¿se puede caer en eso?

Totalmente. Las contradicciones existen. Por muy feminista que seas, a veces sabes que te están humillando, y lo soportas casi sin darte cuenta. Nadie está vacunado. Nos puede pasar a todos.

¿Y de eso se cura una?

Supongo que no, no del todo. No, porque siempre te queda una cicatriz, como una marca, que si la miras te acuerdas de lo que no tienes que volver a soportar.

¿Le cuesta perdonarse?

Es lo que más me ha costado y me sigue costando: perdonarme por haber permitido ciertas cosas.

¿Cree que habría que prohibir letras como las de Maluma?

No me gusta censurar, prohibir ni reprimir. Las letras machistas no me gustan. Supongo que si tuviera hijas, o hijos, y quisieran ir, hablaría con ellos de lo que dicen las letras para que supieran distinguir. Pero callar bocas no me gusta. Ni de raperos, ni de quienes cantan reguetón. Si estamos con la libertad de expresión, lo estamos con la de todos.

Dicen sus fans que su música da buen rollo. ¿Optimismo ciego?

No escribo solo de cosas alegres, también mucho de cosas tristes, lo que pasa es que intento darle la vuelta y que haya siempre un final esperanzador. La vida tiene cosas muy terribles, no hay que obviar lo oscuro ni lo triste, sino mirarlo de otro modo.

En Justo homenajea a su tío abuelo y reivindica la memoria histórica. ¿Se lo han reprochado?

Los pocos que han podido decir algo, si me escucharan, se darían cuenta de que no hay en esa canción ni una sola frase que pueda molestar a nadie. Pero algunos ni siquiera quieren escuchar.

¿Qué nos pasa, psicóloga?

Que no somos capaces de ponernos en la piel del otro. La falta de empatía es la gran enfermedad de las personas. Los demás males tienen relación con eso.

¿Para cuándo una canción de Rozalén sin mensaje?

Hasta Mueve tu cucu nos envía el mensaje de bailar, de gozar, de disfrutar de la vida y del cuerpo. No hay canción sin mensaje.

Gigantes y molinos

María de los Ángeles Rozalén (Albacete, 1986) empezó a cantar en el coro de su pueblo manchego y acabará la semana actuando en solitario el jueves 17 de mayo en el Wizink Center madrileño. “Más Quijote que Sancho”, no acaba de creerse semejante “milagro”.