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Jaime Rosales: “Quiero llegar al mayor número de espectadores”

El director español es uno de los platos fuertes de la Quincena de Realizadores gracias a su melodrama 'Petra'

Bárbara Lennie y Jaime Rosales, en el rodaje de la película 'Petra'. En vídeo, el tráiler de la película.

Cinco de las seis películas de Jaime Rosales (Barcelona, 1970) se han proyectado en diversas secciones de Cannes. Con la primera, Las horas del día, ganó incluso el premio de la crítica internacional de la Quincena de Realizadores en 2003. Así que parecía que ya le tocaba entrar en la Competición con Petra, pero... "Mira, nos quedamos esperando la respuesta cuando nos llegó la propuesta de Edouard Waintrop, el responsable de la Quincena de Realizadores, Siempre nos ha tratado bien, es su último año, se cumple medio siglo de la sección... Dije que sí", comenta Rosales. Su comentario parece sincero, así como su apasionada defensa de la tragedia griega transportada al siglo XXI.

Porque eso es Petra, una familia que gira alrededor de un dios todopoderoso que maneja a su antojo a sus allegados, un artista -en el caso de la película un escultor- que solo cree en sí mismo y en su obra, convertida en una máquina de hacer dinero. Hasta este Saturno que devora a sus hijos se acerca Petra (Bárbara Lennie), una chica con un secreto que afrontar, y que provocará las sorpresas de la trama: "El origen de esta película es distinto al del resto de mi cine. Yo no me he puesto en el centro ni he buscado qué importaba contar de la actualidad social, sino poner al espectador en el centro de mi proyecto. Y quiero llegar a cuantos más, mejor. Me interesa el público que de pequeño descubrió el cine clásico, y que ha visto cine moderno que arriesga en lo formal y juega con el tiempo". ¿Y las referencias catalanas-españolas o a reyes que imponen su vasallaje¿ "Cada espectador encuentra sus ideas en las películas. Me gusta escuchar lo que la gente descubre en mi cine".

Con toda esta carga de dolor, el filme cuenta además con una estructura por capítulos desordenada y con otra apuesta formal: en pantalla la historia está narrada con planos secuencias, sin cortes añadidos: "En el cine clásico muchas veces sabes desde el inicio quién es el malo. Aquí al inicio de los episodios, un pequeño resumen adelanta información para que el espectador disfrute de otros detalles. Juego de la sorpresa a la anticipación. Porque he vuelto a Sófocles, a Aristóteles, que dice algo muy valioso sobre la tragedia, y es que tiene que ser sorprendente, necesaria y que el destino se imponga. El cine clásico americano sigue estas reglas, aunque elige el final feliz. Yo he combinado". ¿Y el artificio formal del plano secuencia? "El cine es una forma, Y cada película busca la suya. Esta salió así. A cambio, ha sido un reto mayúsculo".

¿Dónde se ha inspirado para ese dios creador artista? "Bueno, los he visto en mi vida. En algunos aspectos me inspiré en Miquel Barceló [con quien colaboró en Sueño y silencio]. Porque para su entorno es dios. A cambio no tiene crueldad ni maldad. Otro referente obvio es Picasso, que sublimó todas sus relaciones sentimentales y familiares a su arte". Ese personaje lo encarna Joan Botey, un actor sin experiencia, en la vida real el dueño de la finca en que se filmó Petra: "Me fascina el trabajo con el actor natural porque aporta frescura, inconsciencia en el gesto y la mirada y un descontrol interesante. La mezcla entre un actor profesional y un actor natural me atrae porque al final uno impregna al otro".

Petra ha jugado con varios títulos, hasta acabar bautizada como el personaje protagonista, y es certero en su resonancia clásica, en su traducción inmediata de piedra... "Cierto, porque ella resiste los embistes de la vida", apunta el cineasta, "y un nombre así me dicen que tiene tintes almodovarianos; no sé si es así, pero me gusta que suena a melodrama". Como los rostros de sus actores profesionales: Bárbara Lennie, Alex Brendemühl y Marisa Paredes. "Sí, parecen clásicos. Comencé con Alex, porque quería repetir con él [protagonizó Las horas del día y hay un guiño en un diálogo a aquel thriller], y le hice fotógrafo porque un amigo mío hace lo mismo, fotografiar fosas comunes de la Guerra civil. Con Marisa he luchado mucho y reconozco que ella no tenía que haber pasado por esta pelea, que ha sido bonita y respetuosa. Y reconozco que en mis dos secuencias favoritas de la película sale ella".