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El director del Prado asegura que en poco tiempo anunciará más donaciones

El lienzo de Federico de Madrazo regalado por Alicia Koplowitz ya cuelga de las paredes del museo

La sala del Museo del Prado donde cuelga el retrato de 'Josefa del Águila y Ceballos, luego marquesa de Espeja' (izquierda) junto con el de 'Sabina Seupham Spalding', ambos de Federico de Madrazo. En primer término una escultura de Sabino de Medina.
La sala del Museo del Prado donde cuelga el retrato de 'Josefa del Águila y Ceballos, luego marquesa de Espeja' (izquierda) junto con el de 'Sabina Seupham Spalding', ambos de Federico de Madrazo. En primer término una escultura de Sabino de Medina.

Ya hay chica nueva en el Prado, es decir, ya cuelga de sus paredes el retrato de Josefa del Águila y Ceballos, luego marquesa de Espeja. El óleo de Federico de Madrazo “regalado” por Alicia Koplowitz, que llegó al museo hace algo más de tres meses y que tras su paso por el taller de restauración, en el que le han hecho una limpieza ya que estaba en un buen estadi de conservación, ya forma parte de la sala de retratos pintados por este artista.

Miguel Falomir, director del museo, usa el verbo regalar porque en él incidió Koplowitz: “Un regalo por los 200 años del museo”. Este era un lienzo deseado por la institución desde que en 1994 fuera una de las obras de la monográfica dedicada a su autor. Casi 25 años después, la Junta de Calificación, Valoración y Exportación de Bienes del Patrimonio Histórico mandó al Museo del Prado un listado de obras de las que los propietarios quieren poner a la venta –un procedimiento habitual- en el que figuraba La marquesa de Espeja, le explicaba este lunes a EL PAÍS Javier Barón, jefe del Área de Conservación de Pintura del Siglo XIX. El experto apuntó que la obra era claramente inexportable, por la importancia que tiene para el patrimonio nacional no podría salir de España. La adquisición por unos 300.000 euros por parte de Alicia Koplowitz es un plus para el museo y “para el público”, apostilla Falomir.

Tanto el director como José Pedro Pérez-Llorca, presidente del patronato de la pinacoteca, han hecho público el agradecimiento a la donante. Este último ha declarado que espera que sirva como estímulo “para que las donaciones cundan, mientras siguen luchando por conseguir el dinero que nos hace falta”. “Una donación llama a otra”, ha asegurado Falomir, que ha adelantado a EL PAÍS que “dentro de poco anunciarán otras”. No da más datos. “Si los doy, se disparan los precios”, sentencia.

La sala ha sido reestructurada para que Josefa del Águila comparta espacio con otras importantes obras de Madrazo como La condesa de Vilches, Saturnina Canaleta de Girona, La marquesa de Montelo o Sabina Seupham Spalding, la que hasta ahora era el último lienzo que el museo había adquirido de este pintor (en 2014), cuya vida estuvo totalmente vinculada a esta institución –hijo de José de Madrazo, pintor de cámara de Fernando VII y posteriormente director del museo, igual que Federico que estuvo al cargo del centro entre 1860 y 1868 y de 1881 a 1894-.

La nueva obra ocupa el espacio en el que antes estaba el retrato de El pintor Carlos Luis de Ribera, con dos obras de este artista, que ahora se han descolgado. Así, el retrato recién llegado queda junto al de Sabina Seupham Spalding, ambos de exterior, pero en los que se aprecia la evolución del pintor. Este data de 1846 y tiene claras reminiscencias románticas, el suntuoso traje rojo sobre el que resaltan las carnaciones tiene un tratamiento diferente a las sueltas pinceladas blancas del vestido de La marquesa de Espeja pintada entre 1852 y 1854, en el mejor momento de Madrazo. Barón resalta que este es un retrato de carácter internacional, el artista ya no tiene las influencias románticas e inglesas del comprado en 2014, ni las ingrescas de Amalia de Llano y Dotres, condesa de Vilches, un retrato mucho más cercano y sensual que el donado por Koplowitz en el que solo con el gesto marca la distancia y sobriedad de la protagonista. Un empaque que le acaba de otorgar el marco original con motivos vegetales (hojas de acanto y laurel) y el mejor de todos los de las obras de Madrazo, según apunta el conservador, "incluso mejor que el del retrato de Isabel II realizado por Madrazo".

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