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Trío de ases de la ‘americana’ española

En una escena nacional marcada por el 'indie' en castellano, Nat Simons, Joana Serrat y Salto se diferencian con su búsqueda de un folk-rock exquisito cantado en inglés

De izquierda a derecha, Salto, Nat Simons y Joana Serrat en la tienda Headbanger Rare Guitars, en Madrid.
De izquierda a derecha, Salto, Nat Simons y Joana Serrat en la tienda Headbanger Rare Guitars, en Madrid.

Son forajidos, y no simplemente porque su cuidada estética recuerde a elegantes proscritos del Lejano Oeste. Lo son porque en la escena musical española, donde predomina la visión estilística del indie, sobreviven con sus discos en los márgenes y defienden una propuesta bien diferente: folk-rock de marcada raíz norteamericana y cantado en inglés. “El lenguaje es una traba a veces. A la gente le gusta cantar las letras de las canciones. Es cierto que hay un público que puede vernos como algo extraño”, reconoce Nat Simons (Madrid, 1985), quien publica este viernes su nuevo disco, Lights. “La música sirve para viajar y transportarse más allá del idioma”, apunta Joana Serrat (Vic, 1983). Salto (Madrid, 1984) asiente con la cabeza y añade: “Puede que no tengamos mucho público, pero es lo que nos motiva”.

Sentados alrededor de una mesa de un bar del centro de Madrid, los tres charlan sobre música amistosamente, como si se conociesen de tiempo atrás. Y los tres andan por la misma senda de la independencia desde que, más o menos, empezasen hace un lustro a publicar canciones. Serrat fue la primera que se dio a conocer en 2012 con un trabajo autoeditado, pero no fue hasta en 2014 cuando muchos oyeron hablar de ella al publicar Dear Great Canyon, editado por El Segell del Primavera, el sello del Primavera Sound, aunque costeado por ella, como todos los discos hasta la fecha, incluido Dripping Springs, un delicioso álbum de folk bucólico publicado el pasado octubre por Great Canyon Records y grabado en la ciudad tejana Dripping Springs, en Estados Unidos. “Me costeo todos mis discos a través de los conciertos. Si me lo hubiese pensado mucho, no me hubiera dedicado a la música. Es una cosa que amo y siento que es lo que tengo que hacer”, dice con media sonrisa esta compositora que cogió su primera guitarra de adolescente movida por Neil Young. También se juegan su dinero Simons, quien decidió vivir en un motel de carretera en Carolina del Norte durante casi dos meses para grabar su nuevo álbum, y Salto, que reconoce que se ha “arruinado” y debe dinero a amigos a los que está pagando a través de actuaciones.

Es la pasión por la música que aman, pero también e igual de importante por hacer las cosas bien. Mejor dicho, muy bien. Sus álbumes tienen una producción exquisita, sonando mejor que la mayoría de grabaciones del indie español. Multitud de detalles se despliegan ante los oídos en canciones que invitan a carreteras infinitas. “Mi disco está lleno de paisajes abiertos. Es un renacer”, comenta Serrat, quien se fue a grabarlo a Texas bajo la producción de Israel Nash, uno de los músicos más fascinantes de la actual americana en la estela de Ryan Adams o Jason Isbell. “Fue una experiencia brutal. Me encanta su música. Le llamé y me aceptó. Sentí una gran comunión con él y su equipo”, cuenta Serrat, quien en Dripping Springs destaca por una ambientación instrumental nebulosa y etérea, como las sugerentes atmósferas de Neko Case.

Nat Simons, quien se dedicó a la música motivada por Bob Dylan, también se fue a grabar a EE UU porque por encima de todo quería “vivir el entorno”. “En 2016 fui telonera de The Jayhawks y conocí a Gary Louris. Le mandé unas demos en las que tocaba yo sola con mi guitarra y a la semana me dijo que me quería producir el disco”, cuenta Simons, ataviada con su camisa rollo Nashville, a juego con el look de Joana Serrat. Lights, el nuevo álbum que Simons presentará en Madrid el próximo 6 de abril en la sala The Secret Social Club, suena más campestre en su folk fino y luminoso, a medio camino entre Lucinda Williams y Laura Cantrell. “Necesitaba grabar con músicos de allí y que estuvieran en la sintonía de la música americana de ahora”, explica Simons, que ha contado con la colaboración de MC Tylor, vocalista de Hiss Golden Messenger, Django Haskins de The Old Ceremony y Greg Readling de Chatham County Line.

Los tres hablan en presente. No son propuestas revival. Les gusta mirarse en el espejo de los músicos de ahora, con “personalidad” en la actualidad, como comenta Simons, citando al propio Israel Nash, Ryan Adams o Brandi Carlile. Salto cita otra ristra de nombres como Jim White, Colorama, Jonathan Wilson, Chuck Prophet o Sadies. El músico madrileño, que antes pasó por proyectos como Serpientes, Hairy Ladies o Timón, fue el último de los tres en publicar disco por su cuenta. Su debut en 2015 sorprendió a la crítica musical al tratarse de un álbum resplandeciente en su belleza melódica, que recordaba a la obra de puntales de la mejor americana contemporánea como Wilco o The Jayhaws. En octubre publicó Far from de Echoes, acompañado otra vez de otros españoles de corazón americano como Ramiro Nieto y Martí Perarnau, y estiró su propio horizonte, ensanchando su fervor psicodélico y sesentero dentro de la imaginería de los Beach Boys, Big Star y George Harrison. “Estoy en casa y me saco una canción de los Zombies o Beach Boys y siento que doy con la clave. Son esas complicaciones armónicas las que me gustan. No sólo me gustan sino que me motivan para tocar”, confiesa, protegido por sus gafas de sol.

Ahora sólo falta por ver si la música de estos tres forajidos tiene predicamento más allá de los márgenes.