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La charcutería del rock saca tajada de los residuos de los 70

Andrew Matheson, líder de The Hollywood Brats, repasa en ‘Te potaría encima’ la vida de su descalabrada banda

El grupo británico The Hollywood Brats, en 1984.
El grupo británico The Hollywood Brats, en 1984.

Como en todas las esferas de la vida, la fortuna en el rock se conduce caprichosa. Nada explica por qué en dicho circo triunfan unos y fracasan otros. Aún así, hasta de sus perdedores puede extraer réditos ese negocio. Ahí está el pequeño revuelo editorial causado por la publicación de Te potaría encima (Contra). 430 páginas a lo largo de las cuales un señor llamado Andrew Matheson se toma revancha personal con la historia, erigiendo un narcisista monumento a la descalabrada e inadvertida existencia de su banda, The Hollywood Brats.

Crónica de un aborto, confirma ese tomo que el rock es como el cerdo, todo en él resulta aprovechable. Experta chacinera, la industria que mantiene rentable ese fiambre se permite bombear plusvalías de sus residuos más ruinosos. Una contradicción, ya que en calidad de producto del capitalismo prioriza el rock el éxito. “Naaaaa, en absoluto”, nos desmiente el autor. "Te potaría encima es Don Quijote con guitarras y carmín. Tienes que soñar el sueño imposible. Si no, vete al bar más próximo, pídete una birra e ignora a esa rubia de al lado que intenta llamar tu atención”. La rubia, en su caso, sería el estrellato, aunque pese a soñar profundamente con él no le hizo el menor caso.

Los avatares de tal ensoñación redundaron en una existencia miserable. Hambruna, lastimosos empleos y ocupaciones a mansalva. Narrada en clave humorística, esa sucesión de penalidades le ha granjeado a Matheson encomios por su hilaridad. Deprimente diversión, pensamos en voz alta. “¿Deprimente? Los 70 fueron una época fabulosa. Las mujeres eran hermosas, el alcohol barato, la violencia dorada, el futbol real, Europa la habitaban europeos. ¿Estás chalado?”, dice. Siendo así, ¿volvería a esos años si tuviera una máquina del tiempo?. “¿La tienes tú? Dime dónde y me voy ahora mismo. ¿Te vendrías conmigo? ¡Venga, vayámonos!”.

Vayamos sí, pero rebobinando mentalmente. Entre 1971 y 1974, trienio en activo de los Hollywood Brats, Londres y medio mundo bullía en el sincopado y cosmético burbujeo del glam rock. Más aún, Matheson y sus compinches tenían 19 años. Pero, ¿qué sucede cuando uno es ya sexagenario y debe aceptar que del rock solo resta un cadáver desprovisto de identidad cutural? “No podría estar más de acuerdo con lo que dices. No obstante debo añadir que el rock no solo es un cadáver, sino un cadáver putrefacto plagado de gusanos del siglo XXI. Dicho esto, el próximo disco de los Hollywood Brats lo arreglará todo”.

Ah, el sarcasmo. Lo prodiga Matheson en su libro a manos llenas. Azota con él a los hippies y la contracultura británica. También a todos sus coetáneos musicales, desde Roxy Music hasta los Eagles. “Odiábamos a todo el mundo. Nos burlábamos de todo el mundo. Los considerábamos unos petardos sin sentido. Todos pedían a gritos una hostia en los morros. Nada ha cambiado en mi percepción”.

Contrarrestaban los Hollywood Brats ese status quo trajinando un rock canallesco en sintonía con Rolling Stones, Alice Cooper y New York Dolls. Digno y diligente presagio punk que sin inscribirse en el glam postulaba una imagen transgénero, ni vello facial ni cabelleras rizadas estaban permitidas en su seno. “La imagen lo es todo. Si una banda dispone de un aspecto fabuloso, todos sus pecados musicales serán perdonados. Un cantante atractivo es esencial. Naturalmente, al menos dos de sus compañeros han de ser igualmente deslumbrantes, y yo tenía tres que lo eran. Cuando conectas a unos tipos atractivos con un huracán musical eres imbatible”.

Efectivamente, no figura la modestia entre las virtudes de Matheson. Él y sus adlateres eran supinos en todo. De ahí que se revuelva cuando apuntamos la escasa presencia de las drogas en su relato. “Sí, claro, tomábamos pocas drogas. Excepto hachís, speed, Benzedrina, LSD, yerba, speedballs, caballo, nitro, Quaaludes, mescalina, Secanol, Darrocet, coca, más jaco, Bennies y Black Beauties”. Entendido, eran tan peligrosos que hasta ficharon por una agencia propiedad de los gemelos Kray, notorios gángsteres el East End londinense. Llegados a este punto su arrogancia retrocede. “Creo que hablo en nombre de toda la banda si digo que sólo guardamos gratos recuerdos y absoluto respeto por Worldwide Artists”.

El hecho de que el director artístico de esa agencia fuera un exalumno de Andrew Loog Oldham no impidió que cuando finalmente lograron grabar un álbum, éste solo fuera publicado en Noruega y sin rastro de promoción. De nacer los Hollywood Brats en 2018, ¿habrían sido distintas las tornas? “Vivimos en un bucle tecnológico. La música hoy es basura, porquería, escoria, y todos lo sabemos. ¿Dónde están los rebeldes? ¿Dónde están los jóvenes bárbaros cabreados despedazando las puertas del castillo con sus hachas? Te lo diré. En ninguna parte. No existen. Si los Brats estuvieran ahora aquí derribarían las puertas del castillo, degollarían a todos los memos de Britain´s Got Talent y entonces el mundo estaría en paz. Amén”.

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Autor: Andrew Matheson.

Editorial: Contra (2018).

Formato: versión kindle y tapa blanda (440 páginas).

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