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La dama del cercanías

No es una película libre de fórmulas y automatismos, pero Collet Serra y sus guionistas saben qué resortes tocar para que lo familiar no resulte redundante

El pasajero
Vera Farmiga y Liam Neeson, en 'El pasajero'.

EL PASAJERO

Dirección: Jaume Collet Serra.

Intérpretes: Liam Neeson, Sam Neill, Vera Farmiga, Patrick Wilson.

Género: thriller. Estados Unidos, 2017.

Duración: 105 minutos

Es tan inhabitual que un blockbuster de acción sorprenda con una imaginativa solución estilística que el arranque de El pasajero, nuevo thriller de Jaume Collet Serra con Liam Neeson, casi impulsa al espectador a levantarse de la butaca para aplaudir con entusiasmo. En el prólogo, el montaje rompe sus códigos de transparencia para unir en continuidad diversos tiempos al servicio de una acción lineal. El recurso sirve, pues, para presentar a un personaje y su cotidianidad: sabremos que Liam Neeson, empleado en una agencia de seguros, lleva tiempo levantándose todas las mañanas a la misma hora, reiterando día tras día sus rituales domésticos a la hora del desayuno con su esposa y su hijo antes de subir a un tren de cercanías que le llevará a su oficina en la ciudad. También sabremos otras cosas que van a resultar esenciales para disfrutar del juego de suspense algo mecánico que propone la película: que los estudios universitarios de su hijo van a conllevar considerables gastos y que el protagonista se suele encontrar con los mismos pasajeros en su trayecto, algunos de los cuales se han convertido en presencias lo suficientemente familiares como para merecer pequeñas interacciones sociales. El trayecto que describe Liam Neeson en esos primeros minutos es así, llueve, truene, nieve, hiele o haga sol. El prólogo de El pasajero nos habla, pues, de un hombre y su rutina, pero la película va a abordar, precisamente, el día en que se rompe esta rutina, empezando por el abrupto despido laboral que hunde los horizontes de futuro de un trabajador en la sesentena.

El pasajero no es, por supuesto, una película libre de fórmulas y automatismos. De hecho, el argumento con que se le podría vender el proyecto a un productor es extremadamente conciso: El pasajero hace por los trenes de cercanías lo que Non-Stop (2014), uno de los grandes éxitos de taquilla del director, hizo por los aviones. La mecánica es la misma: el antihéroe que, en realidad, es un héroe dormido impelido a reactivar sus fuerzas, la idea del psicópata omnisciente que espolea la mirada paranoica del protagonista, la acción encerrada en un viaje en (supuesto) tiempo real… No obstante, Collet Serra y sus guionistas saben qué resortes tocar para que lo familiar no resulte redundante. El modo en que Vera Farmiga logra hechizar la película entera apareciendo tan solo escasos minutos es sólo uno de estos toques mágicos.

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