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El Instituto Cervantes rinde el reconocimiento pendiente al pintor Fernando de Szyszlo

Vargas Llosa considera en un acto de homenaje en Madrid que el creador, fallecido en octubre a los 92 años, "no ha tenido todavía el reconocimiento que merece"

El pintor Fernando de Szyszlo, en su casa en Lima, el 23 de septiembre de 2011.
El pintor Fernando de Szyszlo, en su casa en Lima, el 23 de septiembre de 2011. Andina via AP

"Szyszlo fue una de las buenas cosas que le han pasado al Perú, a América Latina, al arte moderno y sobre todo a las personas que tuvimos el gran privilegio de conocerlo". Así quiso comenzar un emocionado Mario Vargas Llosa su disertación sobre el notable pintor peruano Fernando de Szyszlo, a quien siempre consideró su mejor amigo. Fallecido el pasado 9 de octubre a los 92 años —junto a su esposa Liliana Yábar en un accidente doméstico—, Szyszlo fue homenajeado la noche de este martes por el Instituto Cervantes, en Madrid.

Al lado de Vargas Llosa estuvo Vicente de Szyszlo, hijo del pintor. También participaron el director del Instituto Cervantes, Juan Manuel Bonet; el consejero cultural del Perú en España, Alonso Ruiz Rosas, y el escritor y director de la Cátedra Vargas Llosa, Juan Jesús Armas Marcelo.

Para el Nobel de Literatura 2010, Szyszlo "fue un gran pintor que no ha tenido todavía el reconocimiento que merece. Si se hubiera quedado en Europa más años de los que estuvo o se hubiera ido a vivir a los Estados Unidos, su pintura hubiera alcanzado la repercusión de Tamayo, de Matta o de Lam". Bonet coincidió con Vargas Llosa y calificó la pintura de Szyszlo de "enraizada, universal y fulgurante. Era un pintor amigo del claroscuro, pero a la vez capaz de rosas y azules deslumbrantes".

Un momento del homenaje a Szyszlo, ayer en el Cervantes de Madrid. ampliar foto
Un momento del homenaje a Szyszlo, ayer en el Cervantes de Madrid.

Como quedó claro durante el homenaje, Fernando de Szyszlo fue más que un pintor. Nacido en el distrito limeño de Barranco y sobrino del poeta peruano Abraham Valdelomar, abandonó los estudios de arquitectura para dedicarse por íntegro a la pintura. Para ello, en 1948 viajó a París con su por entonces esposa, la poeta Blanca Varela. Llegaron a una ciudad en plena ebullición cultural, donde frecuentaron a André Bretón y se hicieron amigos de Octavio Paz, entre otras personalidades de ese entonces. Gran admirador de la obra de César Vallejo, Szyszlo también quiso conocer a su viuda Georgette que, en un insólito acto de desprendimiento, le regaló un mechón de pelo del poeta.

Estas múltiples experiencias (recogidas en La vida sin dueño, libro de memorias de Szyszlo) fueron infiltrándose en la obra del pintor, que supo dialogar con la poesía, con el mundo mágico de los Andes peruanos, con las antiguas culturas precolombinas y —aunque optó por el arte no figurativo— con diferentes influencias pictóricas.

Pero además, Szyszlo fue un ciudadano pendiente de su tiempo. Aunque solo hizo política activa cuando acompañó a Vargas Llosa en la aventura del movimiento Libertad, que postuló al escritor a la presidencia en 1990, siempre fue un observador de la convulsa realidad peruana. Hechas desde una perspectiva moral y principista, sus permanentes opiniones le ganaron un respeto y una credibilidad unánimes, algo inusual en su país.

Como dijo Vargas Llosa al concluir el homenaje: "La noche de la muerte de Szyszlo y su esposa Lila sentí de pronto como si el mundo se fuera quedando vacío. Tuve mucha suerte en la vida de ser amigo de Fernando de Szyszlo. Consuela saber que detrás de ese amigo que desapareció queda una obra rica, genuina, profunda, que se irá abriendo camino".