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ANÁLISIS

Universal no es lo mismo que intocable

Lo que me interesa cuando voy a ver un clásico en escena no es su reproducción 'arqueológica', sino cómo se ha mirado el creador de hoy en ese espejo

Un momento de 'Carmen', en la Opera di Firenze.
Un momento de 'Carmen', en la Opera di Firenze.

Decir que los clásicos son universales no equivale a decir que son intocables, más bien lo contrario. Desde que el mundo es mundo, hay unas escrituras apócrifas y un mismo mito se convierte en rizoma gracias a las visiones y revisiones de diferentes autores. Lo que me interesa cuando voy a ver un clásico en escena no es su reproducción arqueológica,sino cómo se ha mirado el creador de hoy en ese espejo, pongo por ejemplo la adaptación de Troyanas de Alberto Conejero dirigida por Carme Portaceli.

El purismo, al igual que las academias privativas, nunca han sido buenos amigos del arte. La cultura es mutante. Un palimpsesto. Es un sueño (amparado por el fenómeno de la intertextualidad) que, 143 años más tarde (la ópera de Carmen es de 1875), los pobladores de una sociedad lejana sigan, en el mejor de los casos, haciendo casquería con tus obras.

Por otra parte, desde el punto de vista de una artista, los argumentos que esgrime Leo Muscato no me parecen convincentes. Quizás el primer error sea justificarse. En todo caso, hubiera preferido que alegara el capricho en el sentido goyesco (una reacción de la fantasía). Muscato podría soñar con la Carmen de Bizet como Pasolini soñó con la Rosaura de La vida es sueño en su obra Calderón, ¿por qué no? Pero él se acoge a razones éticas: “No aplaudir un feminicidio”.

Otro italiano, el asimismo director de óperas Romeo Castellucci, nos dice que en el arte es la estética la que produce la ética y nos advierte de que no hay que confundir el acontecimiento escénico con un “congreso de buenos sentimientos”. Últimamente, se emiten muchos juicios de valor sobre obras de arte que apelan a lo edificante. ¿No es este el primer paso para una caza de brujas? No le podemos exigir pedagogía almibarada al arte, donde la conmoción (y a veces la violencia), como sucedía en la tragedia griega, es la que crea el conocimiento.

Como mujer que soy —el flagelo de la violencia contra las mujeres se ha hecho notar estas Navidades en España de una manera feroz, acompañado por comentarios repugnantes en los foros de los medios— y porque creo en un feminismo transfronterizo, transformador, transgénero, creo también que quizá ya va siendo hora, más allá de enfrentarse a la resiliencia de los clásicos o del repertorio, de escribir aquí y ahora para retorcerle el cuello al patriarcado.

María Velasco es dramaturga y doctora en Comunicación Audiovisual.

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