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Un perfume llamado Feminista

Partiendo de que todo lo relacionado con la comedia de enredo es directamente atroz, hay en cambio muchas y variadas reflexiones interesantes en el guion

'Olvídate de Nick'
Ingrid Bolsø Berdal y Katjia Riemann, en 'Olvídate de Nick'.

OLVÍDATE DE NICK

Dirección: Margarethe Von Trotta.

Intérpretes: Ingrid Bolsø Berdal, Katjia Riemann, Lucie Pohl, Haluk Bilginer.

Género: comedia. Alemania, 2017.

Duración: 113 minutos.

Cuando en 1989 Danny de Vito estrenó la estupenda La guerra de los Rose, puso sobre la mesa un modelo de comedia que, amparado en los estereotipos de género, llevaba el dolor del pasado romántico común hasta la imposibilidad de un presente —y un futuro— en compañía. Una obligación de convivencia en el hogar de la felicidad de antaño, provocada por circunstancias legales, que recupera ahora la desigual comedia alemana Olvídate de Nick, escrita por Pam Katz y dirigida por la veterana Margarethe Von Trotta, que la pareja creativa lleva hasta el terreno de una doble lucha de géneros.

En primer lugar, la de las dos exesposas del tal Nick, que deben compartir la casa que, de forma consecutiva, ha amparado una parte de sus existencias junto al marido de sus actuales desvelos, y que se ha largado con una tercera, 20 años más joven. Es decir, una brega de mujer contra mujer, cada una con estilos vitales radicalmente opuestos. Y en segundo lugar, la de la mujer, en toda su extensión, contra el macho que, en diferentes circunstancias, ha acabado sepultándolas en un segundo plano desde el que ahora han decidido revelarse.

Partiendo de la base de que lo relacionado con la comedia de enredo y, sobre todo, con la comedia más física, lindando con el slapstick americano, es directamente atroz, hay en cambio muchas y variadas reflexiones interesantes en el guion de Katz, que ya escribió para Von Trotta la fascinante Hannah Arendt (2012). Consideraciones sobre el triunfo y la competitividad a la que parece abocada la sociedad contemporánea; sobre el ideal de belleza y sobre la moda —a la que se dedica profesionalmente una de las exesposas, primero como modelo y ahora como diseñadora—; sobre el poder de la mujer, los efectos de la maternidad y, en fin, la necesaria insurrección femenina contra el rastrero concepto de su fecha de caducidad para según qué aspectos de la vida.

Sin embargo, a pesar de sus dos nobles retratos de mujer, Katz y Von Trotta han olvidado algo importante: que el dibujo que han compuesto del hombre de sus desgracias, pero también de algunos de los grandes momentos de sus vidas, resulta patético, sin un síntoma, sin una esquirla, que deje adivinar dónde radicaba el interés para dos mujeres tan cerca de lo apasionante. Así, ese perfume llamado Feminista, que la diseñadora lanza al mercado, queda configurado como bendita metáfora, pero sin el imprescindible ingrediente que evite que esa necesaria lucha de poder resulte lineal y subrayada, queda también modelado como un andamiaje sin recovecos, sin sutilezas, y sin verdadero análisis.