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Dialéctica histórica para adolescentes

Nuevo trabajo del veterano e impersonal director canadiense Christian Duguay, es posible que esta sea a su mejor película, sin que sea nada del otro mundo

'Una bolsa de canicas'
Fotograma de 'Una bolsa de canicas'.

UNA BOLSA DE CANICAS

Dirección: Christian Duguay.

Intérpretes: Dorian Le Clech, Batyste Fleurial, Patrick Bruel, Elsa Zylberstein.

Género: drama. Francia, 2017.

Duración: 110 minutos.

Las tendencias son demasiadas veces imposibles de cuantificar, y está bien que sea así. Sobre todo si esa corriente orientada hacia un determinado tipo de dirección está relacionada con el cine, con mucho de negocio en su base, pero también con una evidente cuota de arte, ya sea mayor o menor. Sin embargo, demasiadas veces también, las inclinaciones artísticas y comerciales pueden medirse en términos numéricos: y ocho millones de franceses son muchos franceses. Justo los que vieron en el año 2004 la película Los chicos del coro, en la que Christophe Barratier supo aplicar ingredientes en su precisa medida para que aquella epopeya educativa y musical se convirtiera en una obra a la que imitar. Desde entonces, no menos de una decena de producciones francesas han ido aplicando semejante engranaje formal, narrativo y tonal a sus relatos ambientados en agitados tiempos históricos. Y Una bolsa de canicas, nuevo trabajo del veterano e impersonal director canadiense Christian Duguay, es la última de ellas.

Duguay, que comenzó su carrera en los primeros años noventa con dos inservibles secuelas de Scanners, de David Cronenberg, ha venido trabajando en Canadá, Reino Unido, Estados Unidos y Francia, casi siempre en torno al cine de acción, sin que ninguna de sus obras descollara. Sin embargo, es muy posible que la aplicación de las convenciones impuestas por el acercamiento de Barratier le hayan llevado a su mejor película, sin que esta sea nada del otro mundo. A saber: didáctica histórica para primerizos, fuerte componente melodramático, mínima trascendencia, personajes con capacidad para la empatía, protagonismo infantil, aliento humanista, control del ternurismo, suspense dramático y leves toques de humor, quizá el único componente que está cerca de enrojecer a la platea a causa de su impostura.

Ambientada en la Francia ocupada por los nazis, basada en una novela publicada en 1973 por su niño protagonista, de familia judía, e inspirada por tanto en su propia peripecia de éxodo, escondrijo y reencuentro, Una bolsa de canicas puede ser una película agradable incluso dentro de su propia tragedia. Con la dureza suficiente como para no ser acusada de meliflua, pero con el sosiego suficiente como para no enturbiar incluso una tarde de cine en familia. Así, en términos pedagógicos y éticos, casi podría configurarse como la película perfecta para un novel acercamiento a la muy compleja Francia de Vichy, prescrita para adolescentes de primer año.