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Mick Jagger y él

Johnny Hallyday era el prototipo de 'rocker', el chaval de la calle en el que fijarse

Johnny Hallyday, en un concierto de 1971 en París.
Johnny Hallyday, en un concierto de 1971 en París. AFP

Johnny era nosotros. Era el chaval de barrio que le gustaba Elvis Presley, que iba con sus discos. Era el chaval de la calle en el que fijarse. Era el prototipo de rocker. No era un músico de rock, era un rocker que hacía música. Ni Buddy Holly ni Gene Vicent eran rockers comparados con él. Participaba de una cultura que tenía asimilada y te la transmitía de una forma que te hacía sentir que pertenecías, que podías llegar a ser parte de algo. Para mí, cuando tenía 15 años, ya era un espejo. Elvis era un músico, pero Johnny era un rocker. Así lo creo. Es un tipo que descubrió a Jimi Hendrix en Ibiza, que grabó antes que los Beatles y los Rolling Stones, que vendió más entradas que los Rolling Stones y los Who y que cantó en español y convirtió su canción en un hit. Era un personaje arrasador.

Hace un par de días ya nos enteramos que Johnny había sido ingresado y estábamos prevenidos, pero es una pérdida irreparable. Es el artista europeo más importante del rock and roll, junto con Bruno Lomas y Adriano Celentano. Ellos son los pioneros de todo esto. Hizo posible que el rock and roll rompiera fronteras y se convirtiera en un lenguaje universal. Tienes que pensar en Celentano, Cliff Richards y, por supuesto, en Johnny Hallyday para saber que el rock and roll era una visión de la vida.

Cuando lo pienso, me doy cuenta que era mi ADN. Sin él no serían posibles mis canciones como Rock and roll actitud o Johnny et Sylvie. Tuve la suerte de conocerle en Francia. Era exactamente como yo creía que iba a ser. Era un tipo de verdad. Paseé con él por París, grabé canciones y nos hicimos regalos. Me regaló sus gafas para que se las diera a mi hijo. Yo le regalé un anillo de platino con el dibujo del pájaro loco. Me enseñó algo muy importante: a cambiar el chip y a madurar. Cuando le vi en 2003 en un concierto en el Parque de los Príncipes, había cuatro generaciones de fans compartiendo su pasión por Johnny. Eso fue una lección de cómo gestionar una carrera.

Francia ahora está en estado de shock porque se ha quedado huérfana. Johnny era más importante que un presidente de la República. Es muy fuerte decir esto, pero es así. Llevaba con él toda una actitud de vida. Su forma de cantar, de actuar, de sufrir por sus fracasos amorosos, de vivir… Era puro romanticismo de fin de siglo. Le dieron dos veces por muerto, pero no murió. Una de las veces, acabó llamando al presidente para decirle que él no se moría aún, que qué mierda iba a morirse aún con todos los conciertos que quería dar. Eso es grandeza. También lo era verle escoltado por las calles por la policía y querer darles esquinazo solo porque quería divertirse. O dejar su coche aparcado enfrente del restaurante Maxim’s, cuando estaba prohibido, porque él podía hacerlo. Esto es ser una leyenda.

En España no se sabe de la importancia y el valor de Hallyday. En este país se ha despreciado la cultura del rock europea. Cuando su figura era un emblema en Francia, con sus últimos años grabando grandes discos y consiguiendo números uno, no nos enteramos en España. No llegó nada. Recuerdo un concierto que dio en el Liceu de Barcelona no hace mucho y nadie se enteraba de lo que significaba. Daba lecciones de rock en un escenario, pero aquí nos dejamos llevar por los que hacen postureo. Encima, hoy en la radio he oído que le han comparado con Manolo Escobar. ¿En serio? No tienen ni puta idea. Es un desprecio absoluto a Hallyday y al rock europeo. Para la generación de los sesenta, para Los Sírex, Los Salvajes, Bruno Lomas… Johnny era Dios.

Lo más triste de su muerte es una verdad: el rock and roll como cultura se acaba. Es un goteo que sufrimos periódicamente. Fue muy duro el fallecimiento de David Bowie, pero aún más el de Johnny. Era un chico barrial, un hijo de las calles. Era uno de los originales. Pongo al mismo nivel a Johnny que a Bruce Springsteen. Es demoledor. Ahora se pueden ver a muchas bandas que reproducen lo que se hizo antes, pero los originales y los auténticos se van. Es la norma. Johnny representaba una etapa importantísima de la cultura pop en Europa. Siempre me decía: “Loco, solo quedamos Mick Jagger y yo”. Y es verdad.