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Cyrano, fragilidad con espada

Lluís Homar encarna al famoso personaje narigudo de Rostand en un montaje que explora la contemporaneidad del clásico

Lluìs Homar en Cyrano
Lluìs Homar en Cyrano

El estreno, el próximo viernes en el Teatro Municipal de Girona, del esperado Cyrano con Lluís Homar de protagonista (enarbolando una nariz de antología) es una de las grandes atracciones de este fin de semana de cierre del festival Temporada Alta, que en su último tramo incluye otras citas a no perderse como Blasted, de Sarah Kane, dirigido por Alicia Gorina o la versión de Oskaras Korsunovas de Diario de un loco, de Gogol.

El Cyrano de Homar —que es mucho más que de él porque lo dirige Pau Miró, cuenta con una nueva traducción al catalán de Albert Arribas, canciones de Sílvia Pérez Cruz, y un reparto con otros cuatro actores, entre ellos el veteranísimo Joan Anguera— es un proyecto de largos alientos y recorridos que continúa la forma de hacer y el equipo artístico de la exitosísima versión teatral de Terra Baixa, de Guimerà.

Con la idea de hacer algo parecido, revisar un clásico extrayéndole toda la savia de su vitalidad y enfatizando lo que pueda tener de contemporáneo para conectar, desde la calidad, con un público muy amplio, Homar y su equipo, proponen un Cyrano que, sin dejar de lado, ni mucho menos, la esgrima y los alejandrinos, la alegría de vivir y la filigrana de la palabra, bucee con una cierta radicalidad en otros aspectos menos obvios y más oscuros de la obra de Rostand.

Con tres narices

La de Flotats, en 1985, marcó un hito en el teatro catalán. Era ganchuda, grande pero posible, trágicamente humana, como decía Maurizio Scaparro.

La de Arquillué,  años después, era más a la francesa, tipo butifarra. El correspondiente Cyrano era más terrestre, menos metafísico.

La de Homar, bulbosa, se parece más a la de Arquillué. “Es muy fácil de poner y de llevar”.

“Hemos partido de la fragilidad, la vulnerabilidad de Cyrano”, decía ayer Pau Miró en la presentación del espectáculo (que tuvo lugar en el Soho Club con la buena noticia de que nos dejaron entrar a todos). Esas debilidades, dice el director, Cyrano las compensa poniéndose una máscara, una coraza de orgullo y coraje, ante los demás. Y empuñando la espada.

La obra se centra en esta dualidad entre la fuerza exterior y la fragilidad interior, la lucha con los demás y con uno mismo, en la consideración de que el personaje “tiene una herida que es su nariz”. Bien entendido que “todos llevamos la nuestra”, que, simbólicamente, es lo que nos lastra e impide alcanzar la totalidad como seres humanos, y la felicidad. Este Cyrano que ofrecen, recalca Miró, “invita a todo el mundo a verse su propia nariz”. Su propio abismo, en palabras de Homar.

La nariz de Cyrano no es asunto menor (y valga la frase). Fundamental en la caracterización del poeta espadachín lo es también el apéndice al significar lo que le hace al personaje enfrentarse al mundo y a la vez replegarse ante el amor que siente por su prima Roxane (Aina Sánchez).

En su papel, Homar luce una nariz bulbosa más que afilada y que parece verdadera y no postiza en absoluto. Pero grande, desde luego, es.

“Cyrano es un personaje inmenso”, subrayó Homar, que dice aún no haber acabado de ver todo el arco que recorre en la obra. Le gusta del personaje, especialmente, la forma en que se desarma y acaba haciendo las paces con su nariz, “venciendo la resistencia a aceptarse como es”. Homar opina que en el drama de Cyrano hay más que su amor imposible por Roxane. “Está ese tema de la aceptación de uno mismo, y de la necesidad de hacerlo para alcanzar la plenitud, o como dice Cyrano, la luna”. Al final de la obra, apunta Pau Miró, “gana el amor, pero no en el sentido cursi, sino en el más amplio, pleno y generoso; no es gratuito que la última palabra de Cyrano esté dedicada a su integridad, su dignidad”.

Homar recalcó la contemporaneidad de varios textos que dice Cyrano, como el monólogo del “no, gracias”.

Miró y Homar destacaron la figura de Roxane, un personaje femenino “riquísimo” que va mucho más allá del estereotipo de la belleza y se revela como “una mujer audaz y de gran exigencia intelectual”. El actor reflexionó sobre la amistad entre Roxane y Cyrano, más allá del amor fou.

El espectáculo, que tras las tres representaciones en Girona (viernes, sábado y domingo) hará temporada en el teatro Borràs de Barcelona, transcurre en una pasarela que remite a las pistas de la esgrima deportiva y con los actores ataviados con la ropa blanca característica de esa actividad, las caretas y las armas. Homar y los otros intérpretes han recibido intensas lecciones de esgrima para la obra, en la que, apuntaron, hay mucha acción.