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“La bondad no precisa de recompensa final; ella misma ya es el premio”

Fernando Aramburu gana el premio Nacional de Narrativa por ‘Patria’

El escritor vasco Fernando Aramburu, fotografiado en febrero en Barcelona.
El escritor vasco Fernando Aramburu, fotografiado en febrero en Barcelona. EL PAÍS

Cuando lo buscaron ayer para decirle que había ganado el Nacional de Narrativa, Fernando Aramburu (San Sebastián, 1959) andaba paseando con su perra Luna por Hannover, la ciudad alemana donde se fue enamorado hace 20 años. Luna, así la llamó la hija menor de Aramburu, está ahora delicada de una pata, tanto que el autor de Patria, la novela publicada por Tusquets con la que ha alcanzado el galardón, que distingue la mejor obra de 2016, en lugar de pasearla tiene que llevarla en brazos. Por eso, el novelista no estaba en casa y tuvo que esperar más de la cuenta hasta saber que, casi por unanimidad, el Ministerio de Cultura había escogido este libro, que ya han premiado la crítica, el jurado del Umbral, la prensa internacional e incluso el medio audiovisual —será el origen de la primera serie que producirá HBO en España—.

Patria es la historia metafórica de los años más oscuros de Euskadi, un libro centrado en un lugar que simboliza todos los sitios que sufrieron esas décadas de dolor. Con un estilo que prolonga Los peces de la amargura (2006), su libro de relatos sobre el mismo asunto, Aramburu aborda las raíces en las que se asientan el odio y la maldad sembrados por ETA como factor principal de las desgracias de cuya realidad se nutre esta importante ficción.

Aramburu, que narra con la precisión que habla (“¡soy de Donosti!”), dedicó más tiempo ayer a mediodía a dolerse de la salud de su perra que a comentar el galardón. En su novela está esa precisión camusiana que la crítica reconoce en su estilo. Es difícil imaginar que cambie con los premios. Así que recibió la noticia, la celebró como algo grande y se alegró también por los libreros y por sus editores. Juan Cerezo, de Tusquets, se llevó una alegría que, dijo Aramburu, se merece en lugar preferente. Con EL PAÍS habló del premio, de la bondad, de la atmósfera de Patria y de los sudokus. Este es un extracto de lo que nos dijo por teléfono, una vez cumplió con Luna y con el sudoku.

Pregunta. ¿Puede decir ahora qué fue lo más difícil de contar acerca de ese escenario del alma que es Euskadi para usted?

Respuesta. En todas las ocasiones en que abordé el asunto de la violencia en mi tierra natal lo más difícil fue encontrar la forma literaria de expresar el dolor, un dolor que yo sé que excede el ámbito de la imaginación, que ha afectado y sigue afectando a numerosas personas.

P. ¿Cómo ha sido ese hallazgo de ritmo, de música, partiendo de la conjunción de un acento, el vasco, y de una lengua, la española?

R. Antes de ponerme a la tarea, tomé una serie de decisiones relativas a la estructura, al reparto de la historia entre muchos narradores y a la modulación del idioma con fines literarios. Todo esto no es nada que yo no haga cada vez que abordo una novela, con la única diferencia de que, en el caso de Patria, la presencia de un numeroso elenco de protagonistas requería una labor bastante minuciosa de relojería literaria. Procuro, eso sí, que el lector no perciba el resuello ni el sudor del novelista, y acaso lograr una apariencia de la sencillez fue lo más difícil de todo. Ya anda por ahí algún que otro estudioso practicando la disección de mi novela con el fin de dar con la fórmula o, como yo prefiero decir, con la receta.

P. ¿Tuvo un antecedente en la propia tradición literaria vasca que le pusiera a escribir?

R. Sí. He andado por un sendero en el que se veían las pisadas de otros escritores que me precedieron. Dos de ellos me marcaron especialmente: Ramiro Pinilla, por el tratamiento coral de historias de gentes vascas, y Raúl Guerra Garrido, que fue el primero en abordar con calidad literaria el asunto del terrorismo de ETA desde la perspectiva de las víctimas.

P. La crítica lo ha emparentado con Camus. ¿Por qué es tan decisiva esa influencia, que usted mismo ha reconocido?

R. Yo encontré en Camus, a edad temprana, el ingrediente moral que me libró de cierto nihilismo de juventud y me vacunó para siempre contra la tentación del totalitarismo. La idea de observar la historia con los ojos de quienes la padecen acaso me venía de antes, pero es con la lectura de Camus, sobre todo de El hombre rebelde, cuando por vez primera fui consciente de dicha idea. Yo también, como Camus y como tantos otros, soy en el fondo un cristiano de la vida cotidiana, uno que sin creer en Dios, convencido de lo absurdo de la existencia, aún confía en la hermandad de los hombres y en el hecho de que la bondad es una forma de la sabiduría y no necesita, por tanto, de recompensas finales, puesto que ella misma ya es el premio.

P. Presume de no tener memoria. Este libro premiado ahora es una gran memoria, detenida, casi minuciosa. ¿Qué le produce la sensación de que no recuerde recordando tanto?

R. A veces, tengo la sensación de que no soy mi cerebro o de que este actúa por su cuenta, suplantándome, por así decir. Es capaz de darme el recuerdo pormenorizado de bagatelas autobiográficas, pero luego, cuando más necesitado estoy de memoria y de datos concretos, el muy imbécil me los niega. Últimamente, para resarcirme, lo obligo a hacer sudokus.

La historia global de unos años convulsos

El jurado destacó de Patria “la profundidad psicológica de los personajes, la tensión narrativa y la integración de los puntos de vista, así como la voluntad de escribir una novela global sobre unos años convulsos en el País Vasco”. El premio, dotado con 20.000 euros, reconoce la obra de autores españoles publicada el año anterior en cualquiera de las lenguas oficiales.

El autor reside desde 1985 en Alemania. Debutó con Fuegos con limón (1996), una historia inspirada en su juventud, cuando participó en el grupo CLOC de Arte y Desarte. Entre sus libros destacan El trompetista del Utopía (2003), adaptada al cine como Bajo las estrellas; el volumen de relatos Los peces de la amargura (2006), Viaje con Clara por Alemania (2010), Años lentos (2012), que le valió el premio Tusquets, o Ávidas pretensiones (2014), galardonada con el Biblioteca Breve.

Cifras de ventas. Con Patria ha vendido, según cifras que ofrece la editorial Tusquets, en torno a medio millón de ejemplares.