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Pintura con pies de hormigón

El mexicano José Dávila propone en Barcelona una alternativa posimpresionista

Vista de la exposición de José Dávila en la Blueproject Foundation de Barcelona. Ampliar foto
Vista de la exposición de José Dávila en la Blueproject Foundation de Barcelona.

Las preguntas sobre el arte posminimalista son a menudo más interesantes que las respuestas. Ocurrió lo mismo con el posimpresionismo. ¿Fue una evolución o una ruptura con el impresionismo? ¿En qué grado el puntillismo, el cubismo, el fauvismo, el futurismo, el expresionismo, incluso el surrealismo son deudores de un estilo que volatilizó las barreras del taller del artista para centrarse en las formas geométricas de la naturaleza y su luz prismática? Sobre el posminimalismo, ¿tradujeron los artistas del povera, la performance, los procesos, el land art o el conceptual los principios formales del objeto tridimensional puro a “actitudes” y materia excéntrica o sencillamente buscaban colapsar la escultura?

La obra del mexicano José Dávila (Guadalajara, 1974) propone una alternativa posimpresionista sobre una de las corrientes artísticas más fructíferas del último tercio del siglo XX y que consiguió llevar la escultura al grado cero de visualidad. La Blueproject Foundation de Barcelona reúne cuatro piezas recientes de su serie Joint Effort (esfuerzo conjunto), donde la lógica de los materiales industriales —vidrio, acero, hormigón— y crudos —rocas, mármol— descansa en la “actuación” (la gravedad, el equilibrio, la permanencia, el contraste entre lo rígido y lo frágil), pero también en su estetización, la luz y la composición de formas y figuras.

De formación arquitecto, José Dávila toma como referencia las esculturas de autores seminales de los años setenta (Smithson, Heizer, Serra) y las reconfigura a modo de imágenes, destacando los materiales como si fueran elementos básicos de una composición plein air. A esto ayuda el uso que hace del color —grises, negros, ámbar— tratado sobre el vidrio. Las esculturas verticales colocadas en un orden preciso se someten al escrutinio del espectador para que las aborde, las atraviese o se refleje en ellas. El artista entiende la gravedad y la luz como fuerzas suprematistas en descomposición, materia increada, manipulada y apilada en un único momento, una forma pasajera, desterritorializada. La escultura revela su fluidez esencial no como forma, sino como color. Podríamos pensar en una pintura performática que remite a estructuras y líneas geométricas con pies de hormigón.

Otra característica de estas obras, y que refuerza su carácter ilusionista, es que no han sido hechas específicamente para un lugar: la danza a la que el artista las somete hace que puedan ser contempladas en el espacio limpio, acorde con el esquema tradicional pictórico de forma/fondo, un hecho al que sucumbieron la mayoría de los maestros posminimalistas, Richard Serra, Carl Andre, Robert Morris, y algo menos Eva Hesse, pues se preocupó más por la psique, los impulsos y las obsesiones. Para qué engañarnos, muchas de las esculturas de aquel periodo no buscaban el concepto por el concepto, ni la transgresión del objeto en el marco de un espacio institucional, sino que eran una investigación de la evolución del campo visual.

José Dávila reflexiona abundantemente sobre estos límites. Es el salto que llevó a Cézanne y a sus contemporáneos a cambiar la historia de la pintura.

Joint Effort. José Dávila. Blueproject Foundation. Barcelona. Hasta el 29 de octubre.