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Un musical sobre el acoso escolar y las mentiras virales triunfa en los Tony

'Dear Evan Hansen' gana seis estatuillas y una nueva versión de 'Hello Dolly!' se lleva cuatro

Stacey Mindich (centro) y el equipo de 'Dear Evan Hansen' recogen el premio al mejor musical en los Tony. En vídeo, alfombra roja de la gala. Foto: Invision/AP (Michael Zorn). Vídeo: ATLAS

El futuro esperanzador de una generación de millennials que ha creado un musical tan rabiosamente actual y delicado como Dear Evan Hansen se impuso en la 71ª edición de los Tony con seis galardones, incluido el de mejor musical del año, y mejor actor, para el jovencísimo Ben Platt. El pasado glorioso y fastuoso también se llevó una gran porción del pastel con la reposición de Hello Dolly!, que ganó cuatro estatuillas y dio el momento de la noche con el galardón para la legendaria Bette Midler. Y el presente, por supuesto, se manifestó en los discursos teñidos de política de estrellas que subieron al escenario como Cynthia Nixon, Kevin Kline o la propia Midler, así como en la corrosiva y magistral labor de Kevin Spacey como maestro de ceremonias en el Radio City Music Hall.

Esta temporada había sido, aun sin una punta de lanza tan clara como Hamilton en la precedente, más interesante y reflexiva. Más matizada. Los temas tratados fueron resumidos por Spacey: “Divorcio, crisis económica, infidelidad, el conflicto de Palestina e Israel, el 11-S, suicidio y luto. ¡Qué noche más divertida!”, dijo. Y lo fue, en parte gracias a él. “Mira a Ben Platt”, dijo disfrazado de Bill Clinton refiriéndose a uno de los ganadores de la noche. “Con 23 años ha entrado en la lista de la revista Time de los 100 más influyentes, desbancando a mi esposa. No cabe duda de que tú eres mejor cantante, pero viendo el show, Hillary fue mejor falsificando correos electrónicos”.

Dear Evan Hansen trata, con el tono ligero y disperso que marcan los tiempos, un tema tan áspero como la escurridiza verdad, la fuerza que toman las mentiras en la era de lo viral y, lo más sorprendente, también la belleza que alumbran. Empieza con un suicidio escolar, pero va reflexionando de manera tierna no sobre la realidad virtual, sino sobre la virtualidad real. Todo con una música extraordinariamente bella compuesta por el dúo Peter & Pasek, que sumó a su Óscar por La La Land este año, el Tony por este nuevo clásico instantáneo. Se imponía con seis premios de nueve candidaturas a la más nominada de la noche, Natascha, Pierre & the Comet of 1812, pero se quedó sin el de mejor director, que fue Christopher Ashley por Come from away, el sorprendente musical canadiense sobre el 11-S.

Como contrapunto a la juventud imperante en la gran ganadora, Bette Midler puso veteranía, genio y figura no solo en el revival de Hello Dolly!, que ha reventado las taquillas de Broadway, sino en su discurso como ganadora a la mejor actriz de musical. Primero con humor (“gracias a los votantes de los Tony, he salido con la mitad de ellos” o “gracias a mi maquilladora por hacerme parecer 30 años más joven… dejémoslo en 20”, fueron algunas de sus perlas) pero luego con contundencia, defendiendo el espectáculo de evasión, “que eleva tu espíritu en tiempos muy, muy terribles”. Se agradeció la cuña política que la victoria de los nuevos talentos no mencionó. Sí lo hicieron otros nombres tan reconocibles como Cynthia Nixon, la inolvidable Miranda de Sexo en Nueva York, que se llevó el premio a la mejor secundaria por La Loba, de Lillian Hellman, y agradeció el premio a “toda la gente que en 2017 se niega a ser mero espectador de lo que está pasando”.

O Kevin Kline, que al ganar su tercer Tony (aunque el primero en más de 35 años) por Present Laughter recordó los fondos federales para el arte que Donald Trump ha decidido eliminar. El presentador televisivo Stephen Colbert fue más allá y, con su habitual acidez, dijo sobre la “obra” representada en la Casa Blanca: “Tiene una producción espectacular, pero el personaje principal es totalmente inverosímil. Está previsto que esté en cartel cuatro años, pero las críticas no están siendo muy amables”.

Efectivamente, en la era de las fronteras difusas de la realidad y la ficción fue significativo el triunfo prosaico de Oslo como obra dramática del año, pues se trata de un complejo y muy exigente thriller político sobre el proceso de paz entre Israel y Palestina escrito por J. T. Rogers. Un montaje que The New York Times describió como “una obra indudablemente grande, tan expansiva y ambiciosa como ninguna en la historia reciente de Broadway” y que también se llevó el premio a mejor actor secundario, para Michael Aronov. El título viene por los Acuerdos de Oslo de 1993 y la obra se impuso a la más nominada, la tan osada como brillante Casa de Muñecas: Parte 2, que se conformó con la estatuilla a mejor actriz para Laurie Metcalf.

Ha sido un año especialmente espléndido para las obras no musicales. “Somos neuróticos y locos, pero no nos damos cuenta de que estamos en una edad de oro de la dramaturgia estadounidense”, resumió el productor de Oslo, André Bishop, al subir al escenario. La otra gran obra del año, Indecent, se llevó al premio a mejor dirección para Rebecca Taichman, y cerrando el palmarés, la mejor obra dramática en reposición fue para Jitney, de August Wilson.

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