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FOTOGRAFÍA

Lobismuller, licántropo hermafrodita

¿Fue el asesino en serie más sanguinario de nuestra historia una mujer? La fotógrafa Laia Abril reconstruye su historia

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“En algunos lugares de Galicia, la tradición dice que aquel niño que nazca en Navidad o Viernes Santo, o que sea el séptimo o noveno en una consecutiva línea de descendientes varones, está predestinado a convertirse en un lobishome (hombre lobo)”. Así comienza Lobismuller, el último fotolibro de Laia Abril (Barcelona, 1986), publicado por la editorial RM. Una inquietante aproximación al sanguinario Manuel Blanco Romasanta, el primer asesino en serie español documentado, acusado de 17 crímenes. Íntima reconstrucción fotográfica, con tintes de romanticismo oscuro, de esta enigmática figura que en el siglo XIX se libró del garrote vil por su supuesta licantropía (trastorno mental en el que el enfermo se cree transformado en lobo). Casi dos siglos después se sospecha que era intersexual.

Medía 1,37 metros. Era tímido y tierno. De facciones ligeramente afeminadas, sabía leer y escribir, algo poco habitual en la Galicia rural de aquellos días. También cosía y bordaba. Se casó y enviudó, pero nunca tuvo hijos. Nunca faltaba a misa, lo que le hizo ganarse el aprecio del párroco de Rebordechao (Orense), el pueblo donde se instaló como vendedor ambulante después de haber cometido su primer asesinato. Le gustaban las mujeres, las encandilaba fácilmente. Nadie podía imaginar que en la parroquia de Santa Olaia de Esgos se encontraba una partida bautismal que acreditaba que el 18 de noviembre de 1809 un cura había bautizado a una niña con el nombre de Manuela Blanco Romasanta. Ocho años más tarde otro registro parroquial lo identificaba como Manuel: sus padres, confusos con respecto al sexo del vástago, confundieron lo que probablemente era un clítoris de crecimiento anormal con un micropene. Segregaba una cantidad anormal de hormonas masculinas y esto lo condujo a un proceso de virilización.

“Siempre me llaman la atención las historias ocultas o incomprendidas, rodeadas de tabús”, explica Laia Abril, cuyos proyectos anteriores abarcan los trastornos alimentarios, la feminidad, la sexualidad o la misoginia. “Supe de Romasanta por un artículo publicado en El País, donde varios investigadores y un forense habían llegado a la conclusión de que lo más probable es que hubiese padecido un extraño síndrome genético de intersexualidad (pseudohermafroditismo femenino). Me pareció muy interesante que el asesino en serie más sanguinario de España no fuera un hombre, sino que hubiese sido en realidad una mujer intersexual”.

Así la fotógrafa se lanzó a reconstruir la historia. Contó con la ayuda de los antropólogos y el forense. Acudió a las fuentes originales y se lanzó con su cámara a redescubrir la agreste geografía del crimen; una zona entonces asolada por la pobreza, las hambrunas y el exilio. O Regueiro, su pueblo. Las nieblas de la Sierra de Mamede, frondosos y escarpados caminos por donde el asesino guiaba a sus víctimas antes de matarlas; mujeres, acompañadas por sus hijos, a las que les había prometido un buen trabajo y un prometedor futuro fuera de Galicia a cambio de sus pocas pertenencias.

Abril emprende hábilmente una narrativa fantástica. Navega entre la realidad y la ficción, en un paisaje tan propicio para ello como lo es el de la Galicia rural. Sus enigmáticas imágenes en blanco y negro tienen tanto de realidad como de sueño. Estas se alternan con otras que rozan la abstracción, y en ocasiones se tiñen con el color de la sangre. Incorpora también el collage, la imagen de archivo y se apoya en el texto. El libro comienza con una imagen de un bosque, donde un fogonazo de luz sugiere una extraña e inquietante presencia, que va más allá de cualquier definición. “He intentado ponerme en la psicología del personaje, pensar que ve, que siente, tanto Romasanta como asesino, Romasanta como hombre lobo, y Romasanta como mujer intersexual“, señala la artista. “Me atraía mucho esa constante dualidad en la que se encuentra. Quise dar otro punto de vista a historia”.

Lobismuller, libro en el que ha contado con la colaboración del diseñador Ramon Pez, supone una ruptura con la trayectoria documentalista de esta fotógrafa, una de las voces más interesantes en el panorama actual de la fotografía en España, que además goza de gran prestigio internacional. Es quizás su formación de periodista la que le ha mantenido hasta ahora ligada a la fotografía documental (aunque hace frecuentemente uso de una orientación conceptual). Pero en este último proyecto el hecho de que los datos no sean tan fácilmente verificables ha propiciado un cambio en su enfoque: “Hasta ahora se me podía encajar más en el documentalismo, pero es verdad que a menudo las reglas del documentalismo visual se me han ido quedando muy cortas y he ido rompiendo fronteras en este aspecto”, señala Abril. “Es la primera vez que me pongo frente a algo que tengo que reconstruir. En mi anterior proyecto, On Abortion, reconstruyo algunas imágenes pero siempre basadas en hechos reales. Para mí es muy importante que la investigación que hay detrás sea real y metódica. Así en la parte visual me doy la licencia de jugar con lo que la fotografía nos da; la capacidad de motivar, de sensibilizar, de imaginar, y de viajar lejos”.

Romasanta fue finalmente detenido. Confesó 12 asesinatos: había devorado a sus víctimas. Alegó estar poseído por una maldición que le transformaba en un hombre lobo. Se le condenó al garrote vil por los únicos nueve asesinatos que se pudieron probar. Fue grande el impacto causado en la prensa internacional. La reina Isabel II conmutó la sentencia; finalmente fue condenado a cadena perpetua para permitir que los científicos estudiasen su caso de licantropía. Abril se plantea la complejidad de haber nacido intersexual hace dos siglos en Galicia. Romasanta adquiere así un componente romántico. Abril empatiza con él al tiempo que le rechaza. Un ser excluido de la sociedad al que retrata a través de un continuo juego de dualidades: la imagen realista frente a la abstracta, el hombre frente a la mujer, la ciencia frente al mito, lo racional frente a la superstición, el hombre frente al monstruo.

Según la versión oficial Romasanta murió de cáncer de estómago en 1863 en la cárcel de Ceuta. Sus restos nunca han sido encontrados. “Según el mito, sin embargo, volvió a ser un lobo y fue condenado a vagar eternamente por La Sierra de San Mamede”, así termina Lobismuller.

Lobismuller, Laia Abril. Editorial RM. 192 páginas. 45 euros.