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Bódalo, el teatro del absurdo y el Real Madrid

Una biografía y un homenaje recuerdan a la última generación de cómicos de oficio del siglo XX español

José Bódalo y Paco Rabal hacen un saque de honor en el campo del Rayo Vallecano en 1967.
José Bódalo y Paco Rabal hacen un saque de honor en el campo del Rayo Vallecano en 1967.

Dice la leyenda que la pasión del actor José Bódalo por el fútbol era tal que a veces salía a escena con un pinganillo. “Los domingos ya sabías que hablabas con una pared, sobre todo si jugaba el Madrid. El Madrid era lo más sagrado. Él contestaba sin fallar una réplica, pero escuchando el partido por la radio, con un auricular o entre cajas. No gritaba gol porque no lo quería Dios”, recordaba su colega Alfredo Landa en su biografía oficial. Otros compañeros lo niegan. “Bódalo, cojones, ¿cómo oye usted la radio haciendo El rinoceronte [una de las obras cumbre del teatro del absurdo de Ionesco?”, le preguntó una vez Juan Diego. “¿Y a ti quién te ha dicho eso, Dieguito?”, replicó él. “Pues me lo han dicho los compañeros”, explicó el otro. “¡Ah, pues diles a los compañeros, y también te lo digo a ti, que a ver si eres capaz de hacer El rinoceronte y sentir cómo marca un gol Gento!”.

Sea o no verdad la leyenda del pinganillo, lo que nadie ha negado nunca es que Bódalo era capaz de estar siguiendo un partido entre cajas y en cuestión de segundos, al oír la orden mágica “¡a escena!”, transformarse en cualquier personaje. “Pasaba de las páginas de deporte a interpretar una escena tremendamente patética sin ninguna transición. Había encontrado toda la verdad que quería Stanislavski, toda la emotividad, toda la concentración que a otros actores les cuesta una vida de trabajo”, decía de él José Luis Alonso, quien lo dirigió decenas de veces en los años sesenta y setenta al frente del Teatro Nacional María Guerrero.

Estos testimonios, junto con los de otros sesenta profesionales de la escena, amigos y familiares, están recogidos en el libro José Bódalo, maestro de la escena, que acaba de publicar el periodista Carlos Arévalo (CVC Ediciones). Es la primera biografía de este popular actor, que llega más de 30 años después de su muerte (falleció en 1985 a los 69 años). “El año pasado se celebró el centenario de su nacimiento. Pensé que ya era hora de recopilar su legado en una obra. Repasar su vida es repasar también la historia del teatro español de la segunda mitad del siglo XX”, comenta Arévalo.

La biografía, en efecto, no solo sirve para recordar la vida y trayectoria de José Bódalo, sino también para introducirse en las entrañas de la historia del teatro español y observarlo desde un lugar privilegiado: desde los camerinos, las salas de ensayo, los hoteles, los autobuses de las giras, los bares para cenar entre función y función, el café Gijón y hasta las gradas del estadio Santiago Bernabéu, a las que Bódalo arrastró a muchos compañeros de profesión, desmontando la teoría de que el teatro no casa bien con el fútbol. También a las del campo del Rayo Vallecano, su segundo equipo de cabecera, aunque era tanta su afición que le gustaba ver cualquier partido. “Nunca pudo entender a quienes consideraban que el fútbol es incompatible con la intelectualidad. Siempre pensó que eran dos mundos que no tenían por qué estar reñidos”, escribe Arévalo en el libro.

Aprovechando la publicación de esta biografía y coincidiendo con el Día Mundial de Teatro, que se celebra el próximo lunes, el Centro Dramático Nacional rendirá un homenaje a José Bódalo y, por extensión, a todos los actores de su generación. Será un acto en el teatro María Guerrero de Madrid moderado por el propio Arévalo y que contará con la participación de compañeros que trabajaron con él y de Blanca Baltés, dramaturga e investigadora, experta en la escena española de esos años.

“Bódalo, Ismael Merlo, José María Rodero, Pepe Isbert, Aurora Redondo, Amelia de la Torre, Paco Rabal, Mari Carrillo, Fernando de la Torre, Juanjo Menéndez, Adolfo Marsillach... fueron los últimos cómicos de oficio: de los que aprendían sobre las tablas, a base de dos funciones diarias. Fue una generación muy especial porque ya olía las vanguardias —hasta los años sesenta no empezó a entrar en España el método Stanislavski— pero a la vez mantenía la sabiduría del oficio tradicional. Bódalo, por ejemplo, no estudió el método, pero leía y se documentaba mucho para preparar sus personajes”, afirma Baltés.

Aunque el teatro fue su escuela y donde más trabajó, Bódalo se hizo popular sobre todo por sus trabajos en televisión (Estudio 1, especialmente) y el cine. Por su gran interpretación en Volver a empezar, primera película española en ganar un Oscar, estuvo a punto de instalarse en Hollywood. “Le ofrecieron grandes oportunidades allí, pero las rechazó porque no quería separarse de su familia. Nosotras, mi madre, mi hermana y yo, siempre fuimos lo más importante para él: por encima del teatro, del fútbol y de todo”, asegura su hija Alicia.