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El sonido Iván Morales

Su voz es un estilo, una música verbal, hecha de múltiples ecos pero siempre personal

No había estado en la “sala de arriba” de la nueva sala Beckett, en la primera planta, y me gustó el espacio: un aire de provisionalidad, paredes despintadas que llevan a unas Bouffes du Nord de bolsillo, o en aquel cine abandonado donde, hará quince años, desembarcaron Javier Daulte y su compañía con Gore. En la beckett he visto Wasted y he vuelto a escuchar el “sonido Iván Morales”, siempre distinto y reconocible: la pieza es de Kate Tempest, la traducción de Martí Sales, pero el sonido es suyo. Quien dice sonido dice voz. Su voz es un estilo, una música verbal, hecha de múltiples ecos (de Eustache a Cassavetes) pero siempre personal; una voz como el galope de un caballo adentrándose por parajes que también reconocemos: obsesiones, furias, melancolías, juegos, humores. Un lenguaje aparentemente despeinado, pero pautado con metrónomo. Una voz que puede ser generacional (cuando Morales habla de un tebeo, una canción o una película está hablando de cosas importantes para él y sus personajes) pero que también está por encima de edades. Los protagonistas de Sé de un lugar (2012) eran treintañeros con muchas horas de vuelo, que se querían pero no podían vivir juntos. Una función interpretada a cuatro pasos del público por Xavi Sáez y Anna Alarcón, que la han hecho durante un lustro por media España (y Portugal). Encajaba en un posible minigénero (pareja en crisis) esquivando todos los tópicos, con una mirada irónica pero no burlesca: Morales nunca es complaciente con sus personajes, pero jamás los denigra. Y siempre modula la emoción.

Luego vino Jo mai (2014), una serie negra de barrio, con un crimen inútil en su centro, y tres adolescentes a la caza de una segunda oportunidad. Ahí brillaron Marcel Borrás y Xavi Sáez, y se reveló el talento de Oriol Pla, luego consolidado en Ragazzo, y al que pronto veremos en Incerta glòria, la nueva película de Agustí Villaronga (donde, por cierto, coincide de nuevo con Borrás). En 2015, Morales volvió al Lliure con Cleopatra, nacida de un encargo y otra vez con molde policial: era el segundo episodio del ciclo Tot pels diners, una trilogía unificada por el personaje de Dylan Bravo (Manel Sans), un perdedor que decide ayudar a una muchacha (Clàudia Benito) en fuga tras robar un alijo de droga a unos mafiosos. Y con un gran personaje que daba título a la obra: la prostituta luchadora y enferma que interpretó Anna Azcona.

Wasted (2016), hasta este domingo en la barcelonesa sala Beckett, es otra feliz comanda que ha hecho propia, a cargo de la compañía Íntims Producciones, de Lérida. Se presentó en Tàrrega y desde entonces gira por Cataluña, siempre en espacios inusuales. Otro género que conecta con Jo mai: jóvenes perdidos en la edad adulta. Desesperanza servida con humor y fuerza a cargo de Oriol Esquerda, Sandra Pujol y Xavier Teixidó, a los que no perderé la pista. 70 minutos para ceñir una noche eterna y la mañana que sigue, cuando hay que tomar decisiones y Sunday Morningsigue sonando en bucle. A Francisco Casavella le habría gustado.

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