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Dos ‘stradivarius’ se reencuentran en el Auditorio Nacional

Duelo entre el violín de la estrella alemana Anne-Sophie Mutter y el chelo del joven español Pablo Ferrández

El chelista Pablo Ferrández.
El chelista Pablo Ferrández.

La familia legítima Stradivarius apenas sobrepasa los 1.000 miembros. Andan repartidos por todo el mundo y algunos alcanzan en las subastas los 140 millones de euros. Hay mucho descendiente bastardo, mucha imitación con ínfulas, pero los dos que sonarán la noche de este martes en el Auditorio Nacional de Madrid tienen el pedigrí acreditado. El violín está en manos de Anne-Sophie Mutter, perteneció a lord Dünn-Raven y fue construido en 1710 en el taller de don Antonio Stravivari. El otro es de lord Aylesford y es anterior, de 1696. Pero quien lo toca es un joven español de 25 años con uno de los futuros más luminosos en el mundo del chelo: Pablo Ferrández.

Ambos compadecen junto a Vladímir Jurowski y la Filarmónica de Londres para interpretar el Doble Concierto de Brahms. Lo hacen en lo que está siendo el último ciclo de Juventudes Musicales, que se despide este año tras 30 temporadas bajo el mando de María Isabel Falabella para fundirse en un acuerdo futuro con Ibermúsica.

El concierto del martes resume perfectamente el espíritu de la organización. En este caso, una estrella consagrada como Mutter amadrina a un joven como Ferrández. El madrileño ya empieza a volar solo con gran intensidad. “Vivo un año maravilloso. Hasta ahora, el más exigente en mi corta carrera”. Tiene comprometidos cerca de 60 conciertos esta temporada y es la primera vez que lo hace en cuatro continentes el mismo ciclo. Además de por Europa, le esperan Australia, EE UU, Asia y Sudamérica.

“Siempre que dos instrumentos así se encuentran en escena se produce una vibración mágica"

Siempre con su Stradivarius. Pero no en el plan que va a ofrecer en Madrid, inmerso en esta plena fusión sonora. “Siempre que dos instrumentos así se encuentran en escena se produce una vibración mágica. Tanto Anne-Sophie como yo, estamos convencidos de que mi chelo y su violín se conocieron en el pasado. Conectan demasiado bien sus personalidades", afirma Ferrández.

En su caso, entró en contacto con él bien joven. A los 22. Lleva tres años junto a su joya y a menudo cree que no lo conoce del todo. "Tenemos una más que estrecha relación, pasamos mucho tiempo juntos y cada vez nos entendemos mejor. Pero no pasa el día en que no me sorprenda con nuevos sonidos y colores asombrosos. La clave está en que sepas encontrarlos. No me resulta nada fácil de tocar. Tengo que darle mil vueltas a cada pieza”.

Es la exigencia de la calidad. El mutuo reto inagotable de la superación, para que instrumento e intérprete, compenetrados, den lo mejor de sí. Mutter sabe mucho de eso. Lleva décadas con su Stradivarius y años comprometida con el descubrimiento de nuevos talentos. La alemana, que fue la niña bonita de Karajan cuando apenas tenía 12 años, sabe devolver a las nuevas generaciones lo que a ella le aportaron sus mayores.

Con Ferrández ejerce encantada de mentora. “He tocado con ella en repertorio de cámara pero nunca de solista. Es un sueño que acariciaba desde niño. Pero nunca imaginé que con 25 años podría alcanzarlo: interpretar este Doble concierto con ella va a exigirlo todo de mí. Es una mujer generosa. Me ha sabido transmitir la humildad del trabajo y la superación constante”.

Trabaja para que el público disfrute de una pieza juguetona, como esta pieza de Brahms. “Es, desde luego, una rareza, algo único. Una obra muy difícil, bella, plagada de diálogos y discusiones entre los dos instrumentos. Yo creo que todo el mundo lo va a disfrutar”.

Vladímir Jurowski tendrá lo suyo que aportar. “Se trata de uno de mis directores favoritos. Debuto con él esta vez, me produce mucha curiosidad observar qué sonidos es capaz de extraer a la orquesta con este concierto”. Cuando Mutter y Ferrández desaparezcan de escena, Jorowski seguirá con la Sexta Sinfonía de Beethoven, la Pastoral. Toda una sutil y expresiva paleta de sonidos, inspirada en la plena naturaleza.

Y Ferrández continuará con su maratón por el mundo. Disfrutando el momento que vive, listo para su cercana consagración internacional. “Esto son pasos, una carrera a largo plazo. Aunque entiendo que muchos se sorprendan de la velocidad que llevo. Desde que participé en el concurso Chaikovski –donde quedó cuarto esta pasada edición, el primer español que consigue llegar tan alto-, todo se ha acelerado mucho. Pero desde dentro se ve diferente, paso a paso, tengo suerte de estar rodeado de un equipo que entiende muy bien lo que quiero y todos los pasos que damos están muy medidos”, asegura.

El chelista es otra de las alegrías generacionales que ha dado en los últimos 10 años la música en España. Un paso de gigante en el que tienen mucho que ver las actuales escuelas. Ferrández estudió en la Escuela Reina Sofía, en Madrid. “La música en España ha evolucionado increíblemente, tenemos un montón de talentos y muy buenos jóvenes músicos, gran parte de este cambio brutal lo representa la escuela, es una de las mejores del mundo. Lo que han hecho allí es un milagro”.