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Todo afuera adentro

La 'performance' es uno de los campos de experimentación más activos en Argentina. Artistas como Diego Bianchi lideran la nueva generación

'Under de si', de Diego Bianchi y Luis Garay. Ampliar foto
'Under de si', de Diego Bianchi y Luis Garay.

Está en pleno proceso de definición. El de la performance en el contexto artístico argentino es uno de los campos de experimentación más activo, que tiene en el cuerpo su principal lenguaje creativo. Un auge que tiene mucho que ver con la contaminación creativa con la danza, el teatro, la tecnología y la cultura de club, y esa estela de Marta Minujín en su idea de cruzar categorías tradicionales y el modo de tratar lo performativo desde el humor y la imaginación. Hay muchos nombres: Oscar Bony, Alberto Greco, Oscar Masotta, Marcelo Galindo, Luciana Lamothe, Florencia Vecino, BásicaTV, Marisa Rubio, Bruno Gruppalli, Mariela Scafatti, Dudu Quintanilla, Ana Gallardo, Luis Garay…, aunque tres de ellos, Diego Bianchi, Mercedes Azpilicueta y Osías Yanov, son artistas centrales de una generación centrada en explorar la relación de lo corporal con los objetos, el espacio expositivo y el público.

Abordar el trabajo de Bianchi (1969) implica un desafío intelectual y, a menudo, también físico. Sus obras enfocan paisajes entrópicos: reintegran lo abyecto de la sociedad de consumo al mundo visual por medio de composiciones que envuelven una sensación de extraña armonía. Un ejemplo es Under de si, que presenta la semana próxima en Matadero, junto a Luis Garay y dentro del programa de Arco. Entre el happening, la instalación, el performance y la escultura, ambos artistas crean un ecosistema que revisa la noción de ficción con situaciones radicales en las que mercancías, objetos y cuerpos se entrelazan, relacionándose de manera cruel pero humorística.

Mucho hay en los proyectos de Diego Bianchi de Escuelita Thomas Hirschhorn, como tituló uno de sus primeros trabajos. Se trata de un artista que bucea en la certeza que hay en lo imperfecto y en la precariedad. Trabaja, dice, “mezclando cosas dispares, sin categorías y buscando relaciones, entre composición y forma en el magma inteligible que nos rodea. Mi trabajo no es tanto una reflexión sobre el cuerpo, sino más bien sobre los objetos y los ambientes. Todo parte de observar, de interpelar al público físicamente y activarlo emocionalmente, algo que potencia las posibilidades de esa observación. En su trabajo, Minujín aboga también por la experimentación constante y confiere al arte un estatus cercano a la fe y a la intuición. Una inspiración”.

Instalada en Ámsterdam y tras pasar por la Rijksakademie, Mercedes Azpilicueta (1981) llegó a la performance desde la escritura y la lectura de poesía. Para ella el cuerpo es una idea porosa y abstracta, un lugar que puede reinventarse constantemente, como productor y receptor de distintas temporalidades. “Me interesa plantear procesos de trabajo que involucren el cuerpo, el lenguaje, la voz y, más recientemente, el espacio y el público, y trabajar con métodos que dan lugar a la contingencia e improvisación, al uso de la imaginación, la ficción, el juego y el humor. También prefiero pensar de manera colectiva, buscando y proponiendo nuevas maneras de hacer las cosas, fuera de toda clasificación. Hay cierta urgencia en buscar otras maneras de hacer”, explica. Las suyas, sin duda, están creando escuela. Sobre la cuestión de género y de sexualidad desde una perspectiva poscolonialista, fuera de toda concepción identitaria, gira su trabajo más reciente, que explorará este año en una residencia en Villa Vassilieff, junto a Bétonsalon, en París. Aunque pasa por Madrid, por el estand de la galería Slyzmud, dentro de la sección Opening en Arco.

Osías Yanov (1980) es otro de los artistas que ha emergido con más fuerza en la escena argentina en los últimos años. De ello se hizo eco el MALBA con una exposición en 2015, IV Sesión en el Parlamento, que agotaba a los cuerpos de sus intérpretes a fuerza de voguing y pasos disco. Su trabajo se desarrolla en el umbral entre la danza y la escultura, donde a través de formas, gestos y símbolos aborda cuestiones de género, reflexiona sobre el cuerpo y sobre el dolor como liberación y como forma de energía. “Lo que me interesa indagar”, explica, “es la manera en que la realidad afecta a nuestro entorno, la dificultad de entender dónde se desborda el límite de lo individual y qué tipo de respuesta puede dar el cuerpo con ello, que es el misterio más grande que hay. Pensar en grupo, pensar bailando, pensarlo en éxtasis, incluir procesos íntimos y grupales para proponer una alternativa a la realidad”. En la búsqueda de esa ampliación del concepto de autoría, fundó en 2006 el colectivo de arte Rosa Chancho, que utiliza la performance para crear momentos narrativos en los que la diferencia entre grupo e individuo queda eliminada. En Madrid vemos su trabajo en Saber sin mí, uno de los proyectos de En el ejercicio de las cosas, proyecto paralelo de Arco.

‘Under de si’. Diego Bianchi y Luis Garay. Matadero. Madrid. 24 y 25 de febrero.

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