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Música para contar cuentos

El Cuarteto Quiroga es la primera agrupación de clásica que participa en Los Matinales de EL PAÍS

Schubert quería poner música al poema de Matthias Claudius sobre aquella muchacha a la que acecha la parca para llevársela al inframundo. Pero no le servían las palabras para hablar de belleza, juventud y muerte, así que le arrancó las letras y empleó solo las notas. Y cuatro cuerpos: dos violines, una viola y un chelo. Y moldeó con ellos La muerte y la doncella, una de las joyas compuestas para cuarteto de cuerda. La fuerza de la obra y su frenético final enamoraron, siglo y medio más tarde, a Aitor Hevia, Cibrán Sierra, Josep Puchades y Helena Poggio, componentes del Cuarteto Quiroga. Fue amor a primera escucha. Por eso, los cuatro músicos han optado por esta pieza para conquistar también al público en su concierto de Los Matinales de EL PAÍS.

Ficha del concierto

11 de Febrero - Teatro Lara. Entradas aquí.

Cuarteto Quiroga: Aitor Hevia (violín), Cibrán Sierra (violín), Josep Puchades (viola) y Helena Poggio (chelo)

Programa:

Franz Joseph Haydn: Cuarteto op. 33, nº 3 en Do Mayor 'El pájaro'

Rodolfo Halffter: Ocho Tientos para Cuarteto de Cuerda, op. 35

Franz Schubert: Cuarteto en re menor, D. 810 'La Muerte y la Doncella'

La formación se convertirá el 11 de febrero en el primer grupo de música clásica en debutar en este ciclo, que traslada las actuaciones musicales a las mañanas. “Se suele pensar que este género es más de noche pero no deja de ser un cliché. ¿Por qué no quitarlo? Ir a un concierto es un plan muy agradable para un sábado por la mañana. Luego puedes ir a dar un paseo y aún te queda la tarde”, reflexiona Helena Poggio, violonchelista. El Cuarteto Quiroga nació con la vocación de rendir homenaje al violinista Manuel Quiroga. Catorce años después de su nacimiento, se ha convertido en uno de los cuartetos españoles con más proyección internacional, son el grupo residente a cargo de la colección de los Stradivarius del Palacio Real de Madrid y cuentan con cuatro álbumes en su discografía, uno de ellos junto al pianista Javier Perianes.

La formación no guarda con demasiado mimo su secreto, que se desvela al primer vistazo rápido. Los cuatro músicos encajan como piezas de reloj que más que tocar, juegan. Ahí reside su baza. Interactúan entre ellos y hacen partícipe de esa complicidad al mismo oyente, al que atrapan antes de empezar con una breve explicación de la obra. Después se olvidan de las palabras para narrar una historia rasgada con arco.

“Para nosotros es importante que la gente entienda que lo que hacemos es contar un cuento. Sin palabras pero dialogado. Hablamos unos con otros y buscamos que el público se sienta parte de esa historia. El repertorio que tocamos invita mucho a la imaginación, cada uno puede montarse la película según lo que le venga a la cabeza”. Habla Cibrán Sierra, violinista. Josep Puchades, viola, completa sus palabras. “La música en directo de un cuarteto de cuerda es diferente. En el fondo es un lenguaje, uno de nosotros hace una frase y el compañero la contesta y de aquí va al chelo y del chelo al primer violín… Hay una estructura que el público puede seguir incluso visualmente”. Para el concierto del 11 de febrero han elegido además piezas de Haydn y Halffter. Dos obras que, junto a La muerte y la doncella, completan un repertorio muy representativo de la música para cuarteto de cuerda, señala Puchades.

El Cuarteto Quiroga busca cercanía con su audiencia, algo que, dicen, concuerda con los motivos que dieron lugar a este tipo de formación en el siglo XVIII. “El cuarteto de cuerda fue el agente democratizador de la música por excelencia. Nació con la vocación de quitarle la liturgia. Con gente que no tenía dinero para pagar una orquesta y que daba conciertos en el salón de su casa. Y poco a poco fue contagiando a todas las esferas”, explica Sierra. Del salón burgués pasó a las salas de concierto. “Se puede tocar en cualquier sitio”, matiza Puchades. Ellos lo han demostrado con interpretaciones en fábricas, hospitales e incluso en centros penitenciarios. “El mejor concierto que yo recuerdo fue en una cárcel. Creo que nunca hemos tenido tantos bravos. Estaban totalmente volcados en la escucha. Muy emocionados. Y supongo que para la mayoría era su primer contacto con la música clásica”, recuerda Aitor Hevia, violinista. “Les gustó muchísimo la fuga de Haydn”, añade Sierra. Ahora buscan repetir éxito en Los Matinales de El PAÍS, pero sobre todo, conseguir que el público le pierda el miedo a la música clásica. Lo garantiza Puchades: “Si se acercan dispuestos a escuchar se van a enamorar de este género”.