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“Siempre es un buen momento para ser artista, para soñar a lo grande”

Tras ganar siete Globos de Oro, se estrena en España 'La ciudad de las estrellas (La La Land)', un musical homenaje a los clásicos del género y al jazz'

Damien Chazelle
Damien Chazelle dirige a Ryan Gosling en el rodaje de 'La ciudad de las estrellas'.

Damien Chazelle está en una nube. Acaba de batir todos los récords durante la última edición de los Globos de Oro. Es el realizador más joven -cumple 32 años la semana que viene- que ha conseguido el galardón que anualmente entrega la Asociación de la Prensa Extranjera en Hollywood. Y su película, La ciudad de las estrellas, se ha llevado siete estatuillas de siete candidaturas, incluida la de mejor película comedia o musical. Todos bailan al son de este romántico musical contemporáneo, de esta carta de amor a Los Ángeles y a ese sueño llamado Hollywood. Una melodía que le podría llevar al Oscar. “De eso hablamos mañana. Ahora estoy que no me lo creo. ¡Y pensar que esta es la primera vez que asisto a los Globos!”, confiesa Chazelle a EL PAÍS por los pasillos del hotel Beverly Hilton el domingo por la noche. En sus brazos no caben más trofeos: mejor filme, mejor dirección y mejor guion, y va ayudando a su amigo, el compositor Justin Hurwitz, con los de mejor banda sonora y mejor canción. En su rostro aniñado algunas espinillas dejan clara su juventud, algo que no disimula ni el esmoquin.

"Cuando proponía un musical con un gran número de baile en medio de un atasco en la autopista siempre recibía la misma reacción de los posibles productores"

Para el público y la crítica, la melodía de La ciudad de las estrellas comenzó a sonar en el Festival de Venecia donde se dio a conocer el tercer largometraje de este realizador bilingüe criado entre EEUU y Francia. Para Chazelle es la música de su vida, que lleva martilleando en su cabeza desde que conoció a Hurwitz al llegar juntos a la universidad. Chazelle quería dirigir y Hurwitz, componer. “Pero cuando proponía un musical con un gran número de baile en medio de un atasco en la autopista, donde los protagonistas flotan en el firmamento, siempre recibía la misma reacción de los posibles productores”, recuerda. Como en los buenos melodramas, las negativas fueron continuas, un rechazo que le llevó a fraguar la única película por la que hasta ahora era conocido, Whiplash (2014). “Un drama de dos habitaciones y una batería”, defien entre risas al filme que llevó a J. K. Simmons al Oscar.

Para Chazelle solo hay dos cosas en su vida: el cine y Los Ángeles. También está su chica, Olivia Hamilton, por la que hizo la cobra a Emma Stone durante la ceremonia de los Globos, y su perro, Colin, un dachshund de pelo negro que le espera en casa. “Pero lo que siempre quise fue hacer cine. Y esa fue la razón por la que me vine a Los Angeles hace nueve años, a esa ciudad mítica que en mi cabeza no es una ciudad, es Hollywood”.

Sin embargo nunca quiso hacer una película de Hollywood. A pesar de su amor por los grandes musicales de la MGM, por Cantando bajo la lluvia, por el cine de Fred Astaire o Gene Kelly, su verdadera inspiración fueron otras películas como Los paraguas de Cherburgo (1964), Las señoritas de Rochefort (1967) o Lola (1961), el cine de Jacques Demy y Michel Legrand, además de la música de Nino Rota. “Un cine que para mí significa menos cortes y más fluidez, para que los números de baile respiren, vivan”, describe. Además, para que se sientan reales y contemporáneos, una de las máximas de La ciudad de las estrellas. De ahí su interés por intérpretes que supieran cantar y bailar, como Emma Stone y Ryan Gosling. “Los actores se tienen que mover llevados por sus emociones para que el baile se sienta natural y con los pies en el suelo”, describe de lo que buscaba. Un naturalismo que debe ser “romántico, agridulce y sobre todo bello”.

La ciudad de las estrellas es una película soñadora y mágica en tiempos de cólera. Algo que se subrayó en los Globos de Oro con la mezcla entre su triunfo y el discurso de Meryl Streep. Chazelle quiere hablar de cine, no de política, pero no le gusta el término escapismo. Por eso recuerda que las películas pueden ser un reflejo indirecto de lo que está pasando: en su opinión La ciudad de las estrellas es un llamamiento a la esperanza. “Siempre es un buen momento para ser artista, para ser lo que quieres ser, para salir de tu zona de confort y soñar a lo grande sin que nadie te diga lo contrario”, se anima con su sueño hecho realidad. Pero dentro de la borrachera de la victoria no quiere llamar a engaño: "Aunque parezca mentira, lo que también muestro en La ciudad de las estrellas es que la realidad no es siempre como en las películas”.

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