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Louis Faurer, un fotógrafo honesto

La Fondation Henri Cartier- Bresson expone por primera vez en Europa la obra de uno de los grandes fotógrafos del siglo XX, que durante años permaneció en el olvido

Accident, Nueva York, 1952 Ver fotogalería
Accident, Nueva York, 1952

Era un solitario entre la muchedumbre de Times Square. Atraído por la “hipnótica luz del anochecer”, como el mismo solía decir, Louis Faurer (Filadelfia, 1916 - Nueva York, 2001), deambulaba con su cámara a la caza de ese gesto privado que irremediablemente delata la psicología de su protagonista; la crudeza, la ironía y la humanidad que queda camuflada bajo el zumbido de la ciudad. En el corazón de Manhattan, entre sus características luces de neón, el fotógrafo trascendía y universalizaba el instante a través de su particular y poético discurso fotográfico. Aquella imagen local se convertía entonces en algo que podía ser de cualquier sitio y de cualquier tiempo. “Observaba a la gente durante horas, y cuando regresaba me contaba historias acerca de esta”, recordaba su amigo, el hoy ya célebre fotógrafo Robert Frank. “Tenía unos sentimientos muy profundos hacia aquellos que fotografiaba, y un tremendo sentido de la composición. Pero también sabía reírse de sí mismo. Me influyó, no hay duda. Y viceversa”.

Hasta el próximo 18 de diciembre puede verse en la Fondation Henri Cartier-Bresson de París, la exposición Louis Faurer donde se exhiben más de un centenar de obras de este magnífico artista, cuya obra pasó desapercibida durante demasiado tiempo para el público. Se trata de la primera exposición del fotógrafo en Europa. “Louis Faurer fue un 'fotógrafo de fotógrafos', su obra no llegó al gran público, ni fue apreciada por el mundo del arte, pero si amada por los fotógrafos. Estos vieron en sus imágenes una forma de ver pura, de la misma forma que Faurer observó en Walker Evans un 'uso poético de los hechos', escribe Susan Kismaric en el catálogo que acompaña a la exposición. Organizada en colaboración con el Centro José Guerrero, llegará a España el próximo 6 de abril.

Fue Lillian Basmann, por aquel entonces directora de arte de Junior Bazaar (la incipiente Harper´s Bazaar), quien en 1947 le abrió camino en Nueva York, cuando le contrató como fotógrafo de moda para la revista. Allí conoció a Frank. No tardaron en congeniar; ambos compartían una mirada crítica hacia el establishment, y el mismo desdén por el mundo de la moda, que les daba de comer. En aquellos días de idas y venidas entre Filadelfia, donde vivía su mujer y su hijo, y Nueva York, Faurer utilizaba el estudio del artista suizo para revelar sus imágenes y dormía en el suelo en compañía de seis gatos. Su profunda amistad duraría años “Faurer estaba desarrollando una estética de 35mm (formato de la cámara Leica) que utilizaba para describir la parte oscura del boom de la posguerra americana antes de que Frank desarrollará por completo la suya propia”, señala Susan Kismaric. En 1958 Frank publicaría su hoy ya mítico libro, The Americans. Faurer murió sin publicar un solo libro.

Hijo de emigrantes ruso/lituanos/polacos su infancia transcurrió en la pobreza,. Las penas y las carencias fueron caldo de cultivo para esa mezcla de ambición y fragilidad que le marcó de por vida. Ya de niño mostró dotes para el dibujo y a los 13 años fue invitado a los estudios Walt Disney como un posible candidato para un trabajo.  No pudo acudir, pero esto afianzó su pasión por el mundo de las artes. En su juventud trabajó como dibujante publicitario y caricaturista. A los veintiún años compró su primera cámara y ganó su primer concurso de fotografía. No tardaría en encontrar su inspiración en las calles de Filadelfia, buscando reconocer el subconsciente del fotografiado, como más tarde diría que lo hacía su admirado Cartier-Bresson.

Win, Place and Show, Metro. c 1946-48 ver fotogalería
Win, Place and Show, Metro. c 1946-48

Nueva York era ya el epicentro cultural y comercial del mundo cuando Faurer llegó por primera vez. Atendiendo a la misma llamada llegaron extranjeros como Frank y la austriaca Lizette Model. Fue en la calle, junto a otros artistas americanos como Lee Friedlander, Richard Avedon, Diane Arbus y Garry Winogrand. donde haciendo uso de sus percepciones personales, durante dos décadas revolucionarían y remodelarían los conceptos clásicos de la fotografía documental, ensanchando y afianzando sus posibilidades como medio artístico. Faurer colaboró exhibiendo una intimidad que hasta entonces nunca nadie había conseguido captar. Se proyectaba él mismo en los sujetos que fotografiaba- a veces aparecía el mismo en los reflejos- alejándose del exceso o de las escenas violentas que pudiesen humillar a sus protagonistas. Sus protagonistas representan la lucha del hombre en su día a día. Sería un error calificarle como un cronista, ya que su objetivo siempre fue el lado frágil y poético de la vida que buscaba a través de la revelación espontanea.

“Mis ojos buscan a la gente que está agradecida a la vida. Gente que perdona y cuyas dudas han sido disipadas, que entiende la verdad, cuyo espíritu imperecedero está bañado por una lacerante luz blanca que sustenta su esperanza en el presente y en el futuro”, escribía en 1979.

Sin título, Nueva York, 1949 ver fotogalería
Sin título, Nueva York, 1949

“No dejes que te contaminen”, le había advertido Walker Evans sobre el mundo de la moda. Faurer trabajó durante veinte años para una variedad de revista, entre las que se incluyen Junior Bazaar, Flair, Life, Glamour y Mademoiselle. Su fotografía de moda se caracteriza por la naturalidad que expresa a través de la energía y el movimiento pero es en su obra personal donde pudo explorar sus observaciones del mundo y la capacidad descriptiva de la cámara jugando con los reflejos y superponiendo negativos. Su obra tuvo un claro reconocimiento y contó con el apoyo los de grandes popes de la fotografía neoyorquina como Alex Brodovitch y Edward Steichen, quien exhibió su obra en In and out of Focus, celebrada en el MOMA en 1948 y en la famosa Family of Man que tuvo lugar en 1954. Su relación con el cine negro es evidente. Atesoraba una enciclopedia de cine donde marcaba aquellos fotogramas en los cuales las expresiones de los actores eran lo suficientemente explicitas o vivas como para utilizarlas de referencia.

A partir de 1955 la obra de Faurer fue poco a poco difuminándose de la escena fotográfica. Las complicaciones de su vida privada unidas a su complicado carácter, que le llevó a grandes discrepancias con quienes colaboraba profesionalmente, contribuyeron a ello. A finales de los 60 abandonó Nueva York y durante un tiempo trabajo en Inglaterra y en París colaborando en revistas de moda. Ya cumplidos los 58, regresó a Nueva York, para encontrarse que el mundo de la fotografía había sido aceptado de lleno por el mundo del arte. Pero el ya estaba fuera de juego, viviendo de las prestaciones sociales con la ayuda de su hijo. Fue el marchante Harry Lunn, quien recuperó su figura en la exposición celebrada en la Marlborough Gallery que contribuyó a su reconocimiento artístico.

Market Street, Filadelfia, 1937 ver fotogalería
Market Street, Filadelfia, 1937

En 1967, John Szarkowski escribía, refiriéndose a aquella generación de fotógrafos de calle que en los años sesenta transformaron la fotografía documental con fines personales, que su propósito no había sido reformar la vida sino conocerla. Faurer se anticipó a todos ellos.

“Algunos han vuelto a creer que la fotografía puede ser honesta”, diría Nan Goldín al ver su obra.

Louis Faurer-Fondation  Henri Cartier- Bresson, París. Hasta el 18 de diciembre.

 

 

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