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El bono cultura de Italia crea envidia y debates en España

Políticos y representantes del sector aplauden los 500 euros que Italia regalará a los jóvenes para gastar en las artes, pero destacan otras prioridades

Jóvenes asisten a un concierto de Pablo Alborán, el año pasado en Valencia.
Jóvenes asisten a un concierto de Pablo Alborán, el año pasado en Valencia.

Los regalos de los de siempre: la familia y los amigos. Y uno más. Porque cualquier joven italiano que celebre en 2016 su 18º cumpleaños recibirá un presente especial. El Ejecutivo de Matteo Renzi aprobó la semana pasada el llamado bono Cultura, que homenajea a cada italiano o extranjero con permiso de residencia nacidos en 1998 con 500 euros para gastar en productos y actividades artísticas, hasta el 31 de diciembre de 2017: libros, discos, entradas a cines, museos, teatros, etcétera. La medida, que entrará en vigor el 15 de septiembre, ha generado un debate que llegó hasta los pasillos del Congreso español. ¿Panacea o populismo? ¿Excepción o idea exportable? Políticos y representantes del sector cultural en España aplauden, pero con reservas.

“Me da una envidia tremenda. Y es una forma de poner el acento en el lado productivo de las artes”, defiende Marta Rivera, responsable de Cultura de Ciudadanos. “Nos parece bien todo lo que esté destinado a aumentar el público cultural”, agrega Jorge Lago, miembro del Consejo Ciudadano de Podemos en las áreas de Cultura y Formación. “Supone una apuesta política importantísima y una inversión relevante. Y muestra que la Cultura para Renzi es una cuestión de Estado”, agrega Ibán García del Blanco, secretario de Cultura del PSOE, lo más parecido al Partido Democrático que gobierna Italia. Y recuerda que el País Vasco, durante la gestión socialista de Patxi López, lanzó un programa parecido.

Aunque lo cierto es que el bono vasco tenía muchas diferencias. Ante todo, integraba el gasto: pagando 25 euros, el consumidor podía realizar compras por un valor de 40. La promoción duraba un mes y no tenía limitaciones de edad. Entre otros proyectos parecidos, España tiene Escena 25, con el que Cataluña regala 25 euros a los ciudadanos de entre 18 y 25 años para ir al teatro, o la subvención a la compra cultural que Extremadura proporciona a los jóvenes de hasta 30 años. Y en el ejemplo vasco se basaba también el bono del plan de Fomento de la Lectura que la Asociación de Cámaras del Libro presentó al Ministerio de Cultura en abril de 2015. “La idea es similar: proporcionar recursos para la adquisición de productos culturales, como los libros, especialmente en tiendas independientes”, relata Antonio María Ávila, director ejecutivo de la Federación de Gremios de Editores.

Pero el plan de Renzi va más allá: porque beneficiará a 574.593 jóvenes y, sobre todo, porque 500 euros suponen casi el doble de los 260,1 que los españoles gastaron en media en Cultura en 2014, según datos oficiales. En España, los números del Ministerio muestran por otro lado que precisamente el colectivo de entre 15 y 24 años es el que más disfruta de las artes: supone el porcentaje mayor de la población que lee, visita museos y va a cines, teatros o conciertos.

Sea como fuere, la operación conlleva, según los entrevistados, otros efectos benignos. “Me parece contundente y acertada. Probablemente, aislada, no contribuya de forma notable a aumentar el consumo cultural de los jóvenes, pero asociarlos con las artes es un paso importante”, tercia Bet Orfila, presidenta de Adetca, la asociación de empresas teatrales de Cataluña. Y Rafael Sánchez, de Egeda (entidad de gestión de los derechos de los productores audiovisuales), cree que educará “a los jóvenes sobre la importancia de la propiedad intelectual”.

 

Paternalismo y populismo

Entonces, ¿el bono debería replicarse en España? Aquí emergen las dudas. Juan Ramón Gómez Fabra, presidente de FECE (la federación de los exhibidores de cine), cree que las prioridades son otras: reducción del IVA cultural —algo recogido en parte en el artículo 89 del acuerdo de investidura entre Ciudadanos y Podemos, que excluye al cine y asegura que se reducirá el tipo impositivo a los espectáculos en vivo— y lucha contra la piratería. “Me temo que aquí sería interpretada como una prebenda a la Cultura”, añade Rivera.

Aunque el más tajante es Manuel Borja-Villel, director del Reina Sofía: “Tal y como están las cosas, todo lo que ayude a que la Cultura sea más accesible es bienvenido. Dicho lo cual, me parece un tanto paternalista y populista. Está muy enfocado al consumo. Tal vez sería mejor que las instituciones no cobraran la entrada. Es como si, privatizado el acceso a la Cultura, a cambio te dieran limosna para que la disfrutes”.