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Cuando África se encuentra con Cuba

El bajista camerunés Richard Bona busca con su último trabajo las sonoridades africanas en la isla

El bajista camerunés Richard Bona.
El bajista camerunés Richard Bona.

En Ronnie Scott's la espera de un concierto se acompaña con cócteles servidos por camareros en tirantes coloraos. Los asistentes enjuagan el buche en el anonimato que facilita una sala oscura, exclusivamente iluminada por unas velas y lámparas tenues. En el sótano, el camerino se sitúa junto a los lavabos y Richard Bona tiene 20 minutos tras una cena donde se ha dejado las papas hervidas en el plato. En el cuarto contiguo los sonidos de una trompeta se cuelan por la grabadora que apunta al bajista camerunés mientras este se acomoda en un sofá de cuero burdeos.

Es su segunda noche en el mítico local del Soho londinense y viene a presentar su último trabajo, Heritage. Tras indagar en las huellas del jazz y husmear en las sombras del blues, Bona busca las raíces africanas hereditarias en Cuba acompañado por un quinteto de músicos de la isla, el Mandekan Cubano. “La música, el baile y la cocina nunca mienten. El blues, el afrocubismo o el flamenco viene de la unión de las personas. Si viviéramos como hacemos música, el mundo sería perfecto”, sentencia el músico en una entrevista en los camerinos antes de su concierto.

La propuesta que exhibe este jazz latino bilonguea a la audiencia con ritmos cubanos cantados en duoala, el dialecto del camerunés. El balanceo de los asistentes intenta acomodarse al golpeteo de los dedos índices y corazón en las mesas. El aplauso trata de colarse en los suspiros que dejan los temas en una puesta en escena en la que nada se deja a la improvisación.

“Lo más importante en la música es sentirse cómodo. Lo que se conoce como improvisación es la repetición de lo que se ha tocado antes. La excelencia viene de la repetición”, dogmatiza Bona, quien encuentra en el ensayo una forma de meditación.

Richard Bona y Mandekan Cubano.
Richard Bona y Mandekan Cubano.

Ronnie Scott's favorece la sensualidad del concierto gracias a su acústica. La batería de Ludwig Afonso no tiene micrófono en una decisión a posta para los pequeños recintos. Richard Bona rechaza la moda de los directos agresivos donde en muchas ocasiones la audiencia utiliza tapones para los oídos como el que va al cine y cierra los ojos. “Los instrumentos se crearon sin tener en cuenta los sistemas de sonido. Todo fue culpa de los Beatles cuando empezaron a tocar en los estadios”.

Se viene el son cubano y La Habana se presenta en la lluviosa noche de Londres que mira atónita el calendario preguntándose por el verano. Los falsetes de Bona despiden las canciones que gracias a la reverberación se pierden lejos como si partieran en un viaje transatlántico. El que va del oeste africano a Cuba. “La música nos une y eso es lo que trato de mostrar en este disco”, dice el bajista. Los temas se estiran mansamente y la velada parece abocada a una de esas mañanas en la que se baila una timba antes del desayuno.

Richard Bona comenzó su formación musical desde muy pequeño. Con cinco años ya tocaba el balafón y su abuelo, un músico griot, fue el valedor de una carrera a la que su padre se opuso. Decidió dejar la guitarra tras escuchar Portrait of Tracy de su admirado Jaco Pastorius y ha trabajado junto a Harry Belafonte, Bobby McFerrin y Mike Stern.

La música le ha enseñado a abrazar a lo diferente y de ahí su camaleónica actitud frente a las nuevas sonoridades. En la aproximación a los ritmos cubanos, Bona cuenta con otro ejemplo para que las músicas populares escapen del gueto. El camerunés intenta abrirse paso en lo tradicional y desconfía de aquellos que se agarran al argumento de la autenticidad musical.

Sin límites, queriendo ser un estudiante musical de por vida, el bajista ya cuenta con un nuevo proyecto en el que se acerca al flamenco. Con Piraña a la percusión, Antonio Rey a la guitarra y con el cantaor Israel Fernández, el músico sondea un género que lo atrapó desde que escuchó a Paco de Lucía por primera vez y que lo unió también a Camarón de la Isla. “El disco está listo, lo puedo sacar cuando quiera”, explica un Bona independiente de las discográficas y que resalta el momento efervescente que las plataformas digitales facilitan a los músicos en la actualidad.