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Broncos novillos, valerosos novilleros

Juan de Castilla, muy entregado ante cuatro reses, mientras Filiberto y Luis David Adame acabaron en la enfermería

El novillero Luis David Adame sufrió una cogida en Las Ventas en su primer toro.
El novillero Luis David Adame sufrió una cogida en Las Ventas en su primer toro.

Juan de Castilla, torero de Medellín, paseó una oreja al final del festejo como premio a su entrega, arrojo y cabal valentía ante los cuatro novillos que tuvo que matar tras las heridas sufridas por sus compañeros de cartel. Se jugó el tipo de verdad, acrecentó su hondura a medida que aumentaban las dificultades y, al final, se metió a la gente en el bolsillo por su desmedido afán de triunfo, por su valor sin mancha, y también por la calidad de algunas secuencias de su toreo.

La corrida de hoy

Martes, 17 de mayo.

Corrida de la Asociación de la Prensa

Toros de Pedraza de Yeltes, para Manuel Escribano, Juan del Álamo y Juan Leal, que confirmará la alternativa.

Y no era nada fácil. La novillada de El Montecillo, bien presentada y mansa de solemnidad, fue toda una pasarela de reses con sentido, broncas, sin atisbo de clase, muy dificultosas, que impidieron no solo el lucimiento de los chavales sino la mera posibilidad de salir airosos de tan difícil trance. Una novillada para toreros heroicos que en ningún momento volvieron la cara, y prueba de ello es que dos acabaron en la enfermería: Filiberto, con una mano herida al entrar a matar a su primero, uno de los novillos más complicados que se puedan ver en una plaza; y Adame, con dos heridas en la pierna izquierda tras ser volteado cuando se gustaba por redondos en el tercero de la tarde.

Así, el torero colombiano se quedó con cuatro novillos para él solo; y salvó la papeleta con encomiable dignidad. No obtuvo el triunfo redondo que su buena actitud merecía por la extrema dificultad de sus oponentes, pero ofreció una imagen muy digna y merecedora de mejores oportunidades.

Aguantó con gallardía los gañafones y los parones de su primero, dibujó meritorios estatuarios ante el cuarto, antes que se parara obligado por su mansedumbre; se envalentonó de verdad ante el quinto, en una faena de menos a más, cuajada de méritos, sobre todo con la mano izquierda. Valentísimo, cuajó dos tandas de naturales muy estimables, ligadas con largos de pecho. Alargó la faena innecesariamente y los ánimos se enfriaron.

Echó el resto ante el sexto, tan marrajo como los anteriores, acobardado y refugiado en tablas. Le arrancó muletazos destemplados pero cargados de emoción, aguantó tarascadas directas a la yugular y no se amilanó. La oreja final fue un premio más que merecido.

Filiberto se llevó la peor parte: un novillo imposible. Pero dio el novillero una lección de firmeza y entrega, bien plantado en la arena. Fue muy complicado entrar a matar, y a punto estuvo de que sonara el tercer aviso, lo que hubiera sido muy injusto. Adame ofreció una buena impresión en el único novillo que mató. Lo esperó de rodillas con una larga cambiada a porta gayola y lo llevó al picador galleando por gaoneras. Tras dos pases cambiados por la espalda muleta en mano, consiguió dos tandas de redondos templados, con gusto y ligazón hasta que llegó la voltereta.

Moraleja: si los toros que exigen las figuras se parecieran a estos novillos, medio escalafón estaba prejubilado.

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