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EL CINE ESPAÑOL: LOS CLÁSICOS

Jaime Chávarri, cineasta de muchos frentes

El teatro y la enseñanza ocupan ahora su tiempo. ‘Camarón’ es su última película, aunque tiene un guion que le gustaría rodar

El director de cine, Jaime Chavarri.
El director de cine, Jaime Chavarri. EL PAÍS

Jaime Chávarri rodó su hasta ahora ultima película, Camarón, hace más de diez años pero eso no quiere decir que esté inactivo. Tiene otras pasiones, como la enseñanza o el teatro. De la primera dice que la descubrió hace 30 años y que “cuando estoy dando clases no me preocupo de buscar trabajo ni de escribir guiones. Tengo a veces la sensación de que todo lo que he hecho como profesional para lo que me ha servido es precisamente para enseñar. Es muy bonito. Nunca me ha parecido un recurso de final de retiro”. Y el teatro también le entusiasma, aunque le molesta mucho “esa manía de gritar en el escenario que tienen algunos actores y actrices”. Acaba de dirigir con éxito una versión de Salomé, de Oscar Wilde, “obra que encontré en la biblioteca familiar cuando tenía 8 ó 9 años. Me encantaban las historias de romanos y me fascinó aquella mujer tan malvada”. Ha dirigido hasta ahora unas doce obras, la primera en 1981, El engañao, de Martin Recuerda, que se suspendió por el golpe de Tejero “pero se me quedó el gusanillo”.

Para entonces ya había realizado El desencanto sobre la familia Panero, película que el tiempo ha convertido en un clásico. Y también muchas obras para televisión. Porque el cine le interesó desde muy joven y con la cámara de Super8 que le regalaron sus padres empezó a hacer sus pinitos con películas “que se valoraron como de cine abierto, ambiguas e intelectuales, cuando lo que les pasaba era que no se entendían porque no me habían salido, pero entonces el cine que no se entendía se valoraba muy bien”. Fue su amigo Iván Zulueta quien le habló de la Escuela de Cine y en ella estudiaron. De ello ha hablado con su habitual sentido del humor: “Los dos éramos niños pijos, o sea de familia burguesa, ambos estudiamos en un colegio de Marianistas, que para lo que sirvió fue para saber todo lo que no tenías que hacer en la vida. O sea, lo contrario a lo que te decían”.

En la Escuela había “un mundo rojil, y la gente, fuera de la ideología que fuera, tenía un nivel intelectual, y los fachas no entraban a pegarnos como sí hacían en la Universidad”. Fue en su época cuando se instituyó la censura en la Escuela. “Una de mis primeras prácticas fue El asesinato de Sharon Tate, que interpretaba un travesti. Dio la casualidad de que el director de la Escuela entró al rodaje, vio a la actriz en bragas y sostén dando puñaladas a unos tíos medio en pelotas que cantaban canciones rojas en un charco de sangre… y decidió controlarnos”. La cosa acabó en huelga estudiantil.

Chávarri dice que Los viajes escolares (1974) y El río de oro (1986) son sus únicas películas “como autor entre comillas”, los únicos guiones que ha escrito. “Eran unas rarezas y se dijeron de ellas cosas espantosas, pero es que estaban a cien años luz del cine español que se hacia entonces. He hecho películas de encargo que me interesaban mucho y otras que me interesaban menos pero que me venían bien porque necesitaba dinero. Yo entré en el cine como meritorio en una película de Marisol y es ahí donde pensaba quedarme. No tenía ínfulas de autor, yo quería hacer películas, si me ofrecían del Oeste pues del Oeste o policiacas… Resultó que la primera que hice en serio fue con Querejeta y ahí entré en otro clima intelectual. Pero cuando hice El desencanto no pensé cogérmela con papel de fumar y hacer solo ese tipo de cine, al contrario, yo lo que quería era hacer una película de cupleteras pero si me pongo a escribirla no me sale, me sale otra cosa”, cuenta.

Entre sus 15 largometrajes los hay tan conocidos como Bearn, Las bicicletas son para el verano, Las cosas del querer, Besos para todos, y otros también excelentes aunque sin tanto éxito como Sus ojos se cerraron y el mundo sigue andando. “Ya nadie quiere hacer películas de ese tipo… Los productores que creyeron en mí se han muerto, y los de ahora no tienen proyectos para que los dirija yo. ¡Para qué empeñarme en trabajar en un sistema que no es el mío ni tiene nada que ver conmigo! No me interesan mucho las películas que funcionan hoy ni yo las sabría hacer, ni tampoco las haría si no me gustasen. Llega un momento en que las cosas toman una dirección por sí mismas…”.

A pesar de lo que dice ha recibido diversas propuestas: “Después de Camarón me salieron muchos encargos, algunos realmente preciosos pero por parte de personas que no tenían la menor posibilidad de producir una película, no había un solo productor competente. Tengo un guion que están moviendo por ahí pero que es otra rareza, un proyecto marciano. Para mí el gran tema es el melodrama y las películas de género son buenas en la medida en que el melodrama que contengan sea bueno, tanto si es del Oeste como de serie negra…”.

Cuando le divierte, Chávarri también es actor. Lo ha sido con Berlanga, Fernán Gómez o Almodóvar entre otros, o director artístico como hizo en películas de Saura o Erice. Hasta dirigió una película porno, Regalo de cumpleaños, un juego que le divirtió y que un día Berlanga encontró en una tienda, cuando él mismo ya la había olvidado. “Si no hago nada estoy encantado, no sabes lo bien que me lo paso en mi casa. Soy un vago y lo he sido siempre porque he tenido mucha suerte y soy un privilegiado. Escribir siempre me ha dado pánico y lo que más me interesa es leer. Leo muy poca novela, más ensayos, biografías, mucha historia, nunca teoría cinematográfica”. Y ver películas: tiene una colección perfectamente ordenada de unos 6.000 títulos. Pero a sus 73 años lo que le gusta sobre todo es dar clases: “Es una forma de relacionarte con las nuevas generaciones, a veces desesperante eso sí, porque he tenido años en que pensaba que no les interesaba nada de lo que les decía ni a mí tampoco sus cosas. Pero de repente al año siguiente surge una generación completamente distinta, porque no hay ninguna continuidad. En lo que sí coinciden es en saberse en en un mundo que no les gusta porque saben que no les va a dar oportunidades. Da miedo lo claro que lo tienen a los 20 años”.