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OPINIÓN

No recuerdo

La farsa ya está anunciada. Pero la señora rubia seguirá sonriendo, comiendo perdices y sin acordarse. ¿Apostamos?

Miquel Roca.
Miquel Roca.

Enciendo la tele y veo a un señor con expresión tranquila diciendo algo entre irónico y conmovedor: “No nos tiene que doler que las parejas se entiendan y se quieran”. Cuando constato la identidad de este apóstol del amor comprendo las razones de que su gesto y sus palabras denoten tanta seguridad en sí mismo. Y en el futuro despejado de nubes que le espera a su excelentísima cliente. Es uno de los legendarios padres de aquella gloriosa Constitución, respetada y admirada hasta extremos épicos por el poder, y a la que pretenden revolucionar o castrar los nuevos hunos. Es Miquel Roca. Y la misión de este abogado en posesión de tanto seny consiste en defender con argumentos presuntamente invulnerables la inocencia de la infanta en las sórdidas movidas de su deportista, apuesto y emprendedor marido, Iñaki Urdangarin. No es el único convencido de que la poseedora de sangre azul y regia habitaba en el limbo en cuanto a negocios familiares. También lo piensa un supuesto fiscal al que hubiera santificado el surrealismo.

Pero algo habrá que hacer para calmar a la minoritaria y gritona plebe (son los menos, insisto, ya que la mayoría de los españoles de orden, los de verdad, han seguido votando a “Luis, sé fuerte”), la que sigue en paro o con contratos jocosos, aunque según el líder se están creando millones de puestos de trabajo un día sí y al siguiente también, puede seguir histérica y dando la murga con eso tan inocuo de la corrupción, si después del proceso no entrullan a unos cuantos hombres y mujeres ejemplares de la patria.

De entrada, a Jaume Matas le van a rebajar un poquito o un muchito su condena de 12 años de cárcel por entregar uno de sus palacetes y declararse culpable. Imagino que en el arreglo se incluye que cante la Traviata sobre sus entrañables compañeros de negocios. La farsa ya está anunciada. Pero la señora rubia seguirá sonriendo, comiendo perdices y sin acordarse. ¿Apostamos?