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Algunas propuestas para evadirnos

El estreno de otra entrega de 'La guerra de las Galaxias' coincide con algunos libros reseñables en torno al género. Y propuestas para darse a la fuga en varias ciudades

Fotograma de la pelicula 2001 una odisea en el espacio, de Stanley Kubrick.
Fotograma de la pelicula 2001 una odisea en el espacio, de Stanley Kubrick.

El estreno global de la última entrega (primera de la trilogía anunciada por Disney) de La guerra de las Galaxias, la mayor y más rentable franquicia de ciencia-ficción desde la Epopeya de Gilgamesh (III milenio a. e.c.), ha coincidido con la publicación o distribución en España de algunos libros reseñables en torno al género. Para empezar por las obras de referencia, me ha parecido interesante (aunque incompleta) la enciclopedia Ciencia ficción, de Guy Haley, publicada por Lunwerg (Planeta), un vademecum atiborrado de imágenes que atiende de modo especial a sus plasmaciones cinematográficas y televisivas, aunque sin olvidar las novelas gráficas, los videojuegos y, desde luego, los libros. Haley entiende la ciencia-ficción en el sentido más amplio, pero haciendo hincapié en su base eminentemente “materialista” y racional; por tanto, su libro no contempla lo fantástico-mágico o sobrenatural, aunque sí todo cuanto tenga que ver con “sucesos, tecnologías, sociedades (...) que son imposibles, irreales o que se describen como si ocurrieran en el futuro, en el pasado, o en un mundo de creación alternativa”. Como ven, una fórmula totalizadora y ambigua en la que caben, además de toda la larga serie de epopeyas espaciales y guerras de mundos, las historias y desarrollos formales de, por ejemplo, Frankenstein, Tarzán, Supermán, Godzilla o La mosca, pero entre los que no figuran, inexplicablemente, otros igualmente importantes, como el mito del desdoblamiento expuesto en El doctor Jekyll y Míster Hyde. De imágenes —y muy poderosas— va también The Making of Stanley Kubrick´s 2001 a Space Odyssey (Taschen, en inglés), un espectacular libro-objeto sobre el rodaje de una de las obras maestras cinematográficas del género. Gallo Nero, que ya había publicado la Metrópolis de Théa von Harbou —el origen literario de otro hito del cine— publica ahora Aniara, un extraordinario y formalmente revolucionario poema de ciencia-ficción en 103 cantos (meritoria traducción de Carmen Montes Cano) publicado en los años cincuenta por Harry Martinson, el escritor proletario sueco que obtuvo el Nobel en 1974. Por último, Crónicas del neoliberalismo que vino del espacio exterior (Siglo XXI), del filósofo Antonio Antón Fernández, utiliza como punto de partida los telefilmes del Doctor Who —una serie de culto en Reino Unido, sobre todo durante la época de Thatcher— para ejemplificar el modo en que la ciencia ficción cuestiona la sociedad en la que surge, en este caso criticando el giro antipopular de las políticas neoliberales implementadas por los Gobiernos de la Dama de Hierro.

Ciudades

A lo mejor, a estas alturas de las entrañables fiestas y de contemplar cómo los demoscópicos fulleros vuelven a largarse de rositas a pesar de no dar pie con bola en “el mayor sondeo a pie de urna jamás realizado” (juá, juá), ustedes están ya con el cuerpo de decir adiós a todo esto por una temporada. Yo estuve unos días en París, metido en librerías (un poco de luto por la desaparición de la mítica La Hune) y siguiendo los itinerarios que controla Fernando Castillo en París-Modiano (Fórcola), en el que se ofrece la topografía sentimental y literaria de la veintena larga de relatos y novelas del último Nobel francés. Pero reconozco que no hace falta cruzar la frontera. Si en su fuga terapéutica quieren guiarse con libros, les recomiendo tres sobre otras tantas ciudades en los que la vida cultural y literaria ocupa lugar importante. Gadir, que hace años inició el proyecto de reeditar en tomos aparte y con fotos nuevas (de Javier Santillán) la Castilla la Vieja de Dionisio Ridruejo (Destino, 1973-1974), acaba de publicar Burgos, un libro aún inevitable a la hora de visitar provincia y capital. Barcelona, una biografía, de Enric Calpena (Destino), constituye la última y más completa introducción divulgativa a la historia, evolución urbanística y, sobre todo, carácter, de la más universal de las capitales mediterráneas españolas (bueno, por ahora). Por último, la Guía literaria de Córdoba, un reader de varios autores publicado por la Universidad de Córdoba, propone seis rutas o itinerarios para que el visitante “transite de otra manera” por la ciudad-imán de tantas culturas.

Aniversarios

Acaba un año repletito de aniversarios, conmemoraciones y celebraciones literarias y musicales. Por razones que tienen que ver con mi autobiografía sentimental, hubo algunos que me inspiraron más que otros. Empezando por el final, todavía estoy conmemorando el centenario de Frank Sinatra (1915 -1998), el “regalo de Hoboken al mundo”, de quien no me canso de escuchar canciones de su época más jazzy, cuando cantaba acompañado de las formaciones de Count Basie o Duke Ellington, o de volver a ver Ellos y Ellas (Guys and Dolls), el estupendo musical hecho cine por Mankiewicz (1955) en el que interpreta —con la maravillosa Jean Simmons— Your Eyes Are the Eyes of a Woman in Love, una canción que siempre consigue disolver las nieblas de mi corazón. También cumplió años (150) Alicia en el País de las Maravillas, de la que conservo todavía el ejemplar (ilustrado por el gran Arthur Rackham) que leí traducido en mi prehistoria libresca, y del que siempre recuerdo los versos finales de Al otro lado del espejo, que Terenci Moix incluyó como cita en el frontispicio de El día que murió Marilyn (1969): “En un país de las maravillas descansan / soñando mientras los días pasan / soñando mientras los veranos mueren”. Otro centenario que me toca es el de Barthes, que cambió mi modo (y el de muchos) de enfrentarme a la literatura; en Francia se ha multiplicado exponencialmente la bibliografía sobre el semiólogo, pero, a propósito del Barthes menos conocido (el político), Philippe Sollers acaba de publicar en su revista L’Infini (nº 133) el recomendable artículo L’antifascisme de Barthes, en el que, entre otras cosas, afirma que su amigo fue el primero, políticamente hablando, en enfocar la sociedad como espectáculo, “un espectáculo permanente de mentiras atravesado por el dinero a cada instante”. Por último, conmemoré en privado los sesenta años de la muerte de Ortega y Gasset (1883-1955) releyendo lo que sobre su fallecimiento cuenta un biógrafo hostil (Gregorio Morán) y otro favorable (Jordi Gracia), y completándolo con lo que de aquellos días finales (en la clínica Ruber, en el velatorio y en el entierro) escribió el traductor y diarista Juan Manuel Silvela Sangro (1932-1965) en el recientemente reeditado Diario de una vida breve (Pretextos), en el que, entre otras cosas, se pregunta —una cuestión que entonces preocupaba a muchos— si Ortega había muerto con o sin “los sacramentos”. Y se responde: “el padre Cavestany le dijo a papá que se había conseguido algo. Pero no dijo qué”. La verdad es que cuesta imaginarse a don José en el infierno, al lado, de por ejemplo, Epicuro, d´Holbach, Nietzsche, o Foucault, que todavía siguen allí, bien calentitos.

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