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CRÍTICA | PHANTOM BOY
Opinión
Texto en el que el autor aboga por ideas y saca conclusiones basadas en su interpretación de hechos y datos

Aventuras en convalecencia

En este filme, las herramientas digitales sirven para crear la ilusión de una inestabilidad propia del trazo artesanal

Fotograma de 'Phantom Boy'.
Fotograma de 'Phantom Boy'.

Un villano con el rostro desfigurado que podría recordar a las pinturas de Eduardo Arroyo y un niño enfermo de cáncer del que emana una forma espectral, capaz de moverse con la fluidez del payaso Koko en los cortos de la serie Out of the Inkwell, de los hermanos Fleischer, ilustran la libertad estética de Phantom Boy, segundo largometraje del tándem formado por Jean-Loup Felicioli y Alain Gagnol, responsables de la ya muy remarcable Un gato en París (2010), película que compitió con Chico y Rita (2010) en la carrera al Óscar a la mejor película de animación.

PHANTOM BOY

Dirección: Jean-Loup Felicioli y Alain Gagnol.

Animación.

Género: aventuras. Francia-Bélgica, 2015.

Duración: 84 minutos.

En un presente donde la animación digital impulsa cierta tendencia a la homogeneidad estética y al hiperrealismo en formas y texturas –basta ver hasta qué punto se ha celebrado como buena animación la verosimilitud casi fotográfica de los fondos de El viaje de Arlo-, proponer nuevas formas de estilización sigue siendo un gesto tan cargado de sentido como cuando la productora UPA cuestionó la estética disneyana a partir de la reivindicación del poder expresivo de la línea. En Phantom Boy, las herramientas digitales sirven para crear la ilusión de una inestabilidad propia del trazo artesanal, articulando una estética que bebe del imaginario de la historieta francobelga –el trazo sintético de Jacques de Loustal no anda lejos de aquí- y que revive la poética de los primigenios seriales cinematográficos de Feuillade (referencia esta última que ya resultaba palpable en Un gato en París).

Phantom Boy habla de enfermedad y convalecencia sin caer en zafios sentimentalismos y emplea el poder liberador de la imaginación para contar una historia que no suena a artefacto construido con manual de guión y que introduce guiños y homenajes –a Los Soprano al Marsupilami de Franquin- sin romper la lógica de su universo de ficción. Una perfecta alternativa para quien necesite desintoxicarse del modelo dominante, y algo paralizador, de Pixar.

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