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'IN MEMORIAM'

Carol Rama, artista visionaria y provocadora

Creó a Dorina y Appassionata, sus personajes más icónicos, anticipo de las transformaciones en la representación del cuerpo y la sexualidad a finales del siglo XX

Carol Rama firma una dedicatoria en un viejo atlas en la casa del diseñador Antonio Marras, en marzo de 2009
Carol Rama firma una dedicatoria en un viejo atlas en la casa del diseñador Antonio Marras, en marzo de 2009 GETTY

Carol Rama falleció el pasado 25 de septiembre, en su casa de Turín, rodeada de ventanas tapadas por cortinas negras y recuerdos de amigos y admiradores como Calvino, Warhol, Picasso, Orson Wells, Man Ray, el poeta Edoardo Sanguineti, su gran amor platónico y Buñuel, que la quiso para un cameo en Viridiana, entre muchos otros. Rama tenía 97 años y llevaba ya más de una década sumida en las brumas de su propia mente.

Ser redescubierta y reivindicada por el establishment artístico internacional y las jóvenes generaciones de artistas, cuando ya no se daba cuenta, fue tan solo la última paradoja e injusticia de una vida que con ella no fue fácil ni generosa y que sin embargo disfrutó hasta las últimas consecuencias, sin compromisos ni quejas. Si hubiera nacido en Nueva York, ahora su nombre sería tan conocido como el de Bourgeois o Pollock y su presencia sería imprescindible en cualquier historia del arte del siglo XX. Sin embargo nació en la burguesa y cerrada Turín de 1918, a la que en los años oscuros de la posguerra abofeteó con una obra dura, descarada, al límite de la pornografía, del todo ajena a cualquier hipócrita concesión comercial. Además, su padre era un industrial que no solo se arruinó, sino que mantenía una doble vida homosexual y terminó por suicidarse, mientras que su mujer ingresaba en un hospital psiquiátrico, dejando a Carol lidiar con sus fantasmas.

“Resulta inaudito comisariar la primera gran retrospectiva internacional de una artista totalmente olvidada, que ha perdido la memoria. La historia del arte es la historia de nuestra propia amnesia, del olvido de todo lo que no supimos mirar como la obra de Rama, tan magistral como subversiva, tan marginal como irrefutable”, aseguraba Paul B. Preciado con ocasión de La pasión según Carol Rama, la retrospectiva que le dedicó el Museo de Arte Contemporáneo de Barcelona (Macba) en 2014 y que posteriormente viajó a París y ahora continúa por Helsinki, Dublín y Turín.

La muestra, que incide en los momentos clave de una trayectoria larga y prolífica, que se desarrolló entre 1936 y 2006, representa la culminación de un proceso de recuperación que, tras un fallido intento de la crítica italiana Lea Vergini en los años ochenta, finalmente cuajó con la muestra del Museo Stedelijk de Ámsterdam en 1998, comisariada por Rudi Fuchs y Cristina Mundici, que ahora lleva el Archivo Carol Rama de Turín y trabaja en el catálogo razonado de su obra.

Sus pinturas eróticas, delicadas y violentas a la vez, que remiten a una sexualidad contradictoria y a su complicada biografía, rebosan de lenguas, penes, pechos y miembros despedazados, al punto que en 1945 su primera individual fue cerrada por obscena y las obras confiscadas. En la década de 1960 su fascinación por la materia se tradujo en pinturas que incluyen garras de animales, pelos, ojos de vidrio e incluso dientes humanos como los siete que le regaló el musicólogo Massimo Mila. Por su aproximación creativa y el uso de materiales pobres, como las tiras de neumáticos que a veces parecen pinceladas y otras pieles arrancadas, lo lógico hubiera sido que perteneciera al arte povera. Sin embargo era demasiado incómoda, sucia y libre para la ortodoxia del movimiento que triunfaba en los años de plomo italianos y el ostracismo machista de sus miembros contribuyó a dificultarle el reconocimiento por parte de los círculos artísticos e intelectuales. Nunca le perdonaron haber desafiado los grandes tabús sexuales al pintar masturbaciones masculinas, un humano penetrando un ornitorrinco e incluso su madre defecando.

En su estudio oscuro creó a Dorina y Appassionata, sus personajes más icónicos, que anticipan las transformaciones en la representación del cuerpo y la sexualidad que tendrán lugar en las tres últimas décadas del siglo XX. A la luz de su obra es posible releer críticamente la historiografía dominante y cuestionar sus arquetipos, y su herencia, aunque no siempre consciente, se encuentra en las obras de muchas artistas, de Kiki Smith a Cindy Sherman, de Marina Abramovic a Tracey Emin.

Justo un día antes de su muerte en Turín, se inauguró PanoRama, una muestra homenaje expandida en seis galerías, que exponen los trabajos de 18 jóvenes artistas de diversas nacionalidades, inspirados por la cruel poética de la inmensa Carol Rama.