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Emocionantísima tarde de toros y toreros en el cierre de Logroño

Triunfó la ganadería de Fuente Ymbro, y Castella y Diego Urdiales salieron a hombros

Los toreros Sebastián Castella (i) y Diego Urdiales (d) y el mayoralo de Fuente Ymbro (c) salen por la puerta grande, este 23 de septiembre, tras la última corrida de la Feria de San Mateo de Logroño, celebrada esta tarde en la plaza de toros de La Ribera.
Los toreros Sebastián Castella (i) y Diego Urdiales (d) y el mayoralo de Fuente Ymbro (c) salen por la puerta grande, este 23 de septiembre, tras la última corrida de la Feria de San Mateo de Logroño, celebrada esta tarde en la plaza de toros de La Ribera. efe

Los diestros Sebastián Castella, con cuatro orejas, y Diego Urdiales, con tres, dignificaron hoy la esencia de lo que significa un mano a mano, al protagonizar una gran tarde de toros como fin de feria en Logroño, en la que ambos salieron en volandas por la puerta grande.

Con media entrada, se lidiaron toros de Fuente Ymbro, bien presentados, encastados y de interesante comportamiento en conjunto, a excepción del manso y huidizo primero. Destacó el gran tercero, bravo y encastado, y también fueron buenos segundo, cuarto y quinto. El sexto, con transmisión, desarrolló sentido.

Diego Urdiales: dos pinchazos y estocada (silencio); gran estocada (dos orejas); y casi entera y descabello (oreja tras aviso), y Sebastián Castella: estocada trasera (oreja); estocada fulminante (dos orejas); y gran estocada (oreja).

Volvía Urdiales después del gran sabor dejado hace un par de días en el coso de La Ribera. Y lo hacía en sustitución de Perera y Talavante para enfrentarse en un improvisado mano a mano con Sebastián Castella, a la postre, un perfecto duelo entre dos de los nombres más destacados de la temporada.

Más allá de los trofeos concedidos, el caso es que ambos toreros deleitaron a los tendidos; primero, por dignificar lo que se entiende por un mano a mano, que es, ni más ni menos, que competencia y ser mejor que el otro; y segundo, por ofrecer una tarde de toros memorable, de las que el aficionado tardará mucho tiempo en olvidar.

A todo esto, hay que felicitar a Ricardo Gallardo, ganadero de Fuente Ymbro, por la gran corrida que lidió, lo que la convierte, posiblemente, en una de las ganaderías más relevantes también de este año, con toros importantes, como el tercero, cumbre, con el que Urdiales volvió a hacer soñar el toreo.

La tarde del riojano habría que arrancarla, precisamente, por ese tercer toro, ya que con el huidizo y remiso ejemplar que abrió plaza, el único lunar de un sobresaliente envío, no pudo hacer prácticamente nada.

Pero fue asomar el tercero y la función empezó calentar motores, y de qué manera. Casi sin probaturas previas, la primera tanda a derechas ya fue rotunda. Le siguieron otras dos más por ese pitón de extraordinario temple y aroma. Por el izquierdo fue más largo si cabe el de Fuente Ymbro, lo que dio paso a que surgiera la hondura y el mando, con media muleta barriendo el albero.

Faena muy compacta, realizado todo con suma torería, ofreciendo el medio pecho y con la verdad por delante, y, algo muy bueno también, con sentimiento en la interpretación.

A vueltas por el derecho sigue aquello con el mismo ritmo. El toro de bandera, muy completo por bravo y encastado, que tuvo que haber sido premiado con la vuelta el ruedo. El que sí la dio fue Urdiales con las dos orejas. Otra faena para la historia.

En el quinto se le vio muy poderoso a Urdiales con el capote, que toreó esta vez con mucho mimo y elegancia a un toro noble, pero al que había que darle también sus tiempos y jugarle muy bien las muñecas para que acabara de romper, como así fue. A partir de ahí, impuso Urdiales otra vez su ley para cortar otra oreja.

Castella tuvo un inicio vistoso en la tarde ante un toro, el segundo de corrida, que humilló, aunque careció de fuerzas. El francés lo fijó a base de tiempos y pausas, lo probó por el izquierdo con algún enganchón que otro, y lo mejor surgió por el derecho, con dos tandas en redondo ligadas y despaciosas. Faena solvente, digna, premiada con una oreja.

A su segundo le recetó un largo saludo con el capote, ceñido quite por chicuelinas incluido, como ajustados fueron también los pendulazos de Castella para iniciar faena.

El toro tuvo menos gas que sus hermanos, pero la disposición de Castella pudo con todo, con un toreo de cercanías de notable calado en los tendidos, que recibieron muy bien todo lo que llevó a cabo el francés, que despenó a su antagonista de una estocada sin puntilla, salvoconducto para la concesión de las dos orejas.

En el sexto volvió a poner toda la carne en el asador Castella, que resultó cogido de muy feas maneras al inicio de su quehacer a pies juntos, lo que hizo que el toro se orientara; supo lo que se dejaba atrás y buscó los tobillos de un Castella muy firme y valiente que cortó otra oreja como fin de feria.