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Todo era mentira

¿Puede el poema 'La tierra baldía', de T. S. Eliot, explicar el capitalismo? El sociólogo César Rendueles ha escrito una historia de las relaciones entre el mercado y la literatura

Tony Blair saluda a Margaret Thatcher en 2007.
Tony Blair saluda a Margaret Thatcher en 2007.

En cierta ocasión le preguntaron a Margaret Thatcher cuál había sido su principal logro político: “Tony Blair y el nuevo laborismo”, respondió. Aquí está la clave de la llegada de Jeremy Corbyn al liderazgo del Labour británico. Oportunísimo libro de César Rendueles que también sirve para explicar lo sucedido apenas unos días atrás. La revolución conservadora y su producto más inmediato, el neoliberalismo, transformaron el contrato social vigente desde la II Guerra Mundial y redefinieron lo que se consideraba posible, imposible y deseable. El capitalismo iniciaba así una nueva etapa en la que se ha instalado al menos hasta 2007, cuando se inicia la Gran Recesión que apenas ha quedado atrás.

Lo sucedido desde finales de los años setenta y primeros ochenta del siglo pasado fue un sorprendente engaño. Millones de personas empezaron a sentirse más identificadas, en contra de sus propios intereses, con los estilos de vida, las preocupaciones y los proyectos de sumisión de una élite inalcanzable, mucho más que con los de sus vecinos, de quienes apenas les separaban un puñado de puntos porcentuales en la escala de valores. “Nos dejamos engañar con entusiasmo, comimos mentiras con avidez exigiendo raciones dobles”, explica el autor del texto, para quien la desregulación de aquel tiempo era una bomba de relojería, el equivalente económico de un proceso tumoral acelerado con anabolizantes financieros. La cuestión nunca fue si la economía global iba a implosionar, sino cuándo iba a hacerlo y en qué condiciones para los distintos grupos sociales; en lo más hondo de nuestro corazón sabíamos que aquello era irracional, que la oferta que proporcionaba el neoliberalismo y que mucha gente no estaba dispuesta a rechazar era mentira. A pesar de ello tragamos.

César Rendueles ha conseguido salirse de la trampa del autor joven que triunfa con su primer libro (Sociofobia, Capitán Swing, elegido ensayo del año en 2013 por los críticos de Babelia) y se confronta con su segundo. Capitalismo canalla es un texto muy original, erudito y, encima, bien escrito. Se trata de una lectura de las relaciones entre el capitalismo y la literatura en la historia, la vida del autor, y la ficción. A través de una serie de lecturas que no pretenden ser un canon ni estético ni político, sino un instrumento para explicar lo que quiere, Rendueles ha construido una historia personal de aquella relación, sin obstruir la posibilidad de que otros autores elijan otros modelos para acercarse a ella.

Todo era mentira

¿Y qué es lo que pretende mostrar? El rastro del capitalismo como personaje “canalla” en la literatura, que ha logrado aparecer en la misma como un sistema aparentemente invencible, frente al cual una sociedad en crisis ha adoptado una docilidad paralizante, un clima de escepticismo respecto a los procesos de transformación social.

Aquella revolución conservadora mencionada, que lideraron en su momento Margaret Thatcher y Ronald Reagan y que posteriormente ha tenido tantos epígonos (los neocons que se instalaron en la Casa Blanca con George W. Bush, y que quizás estén agazapados de nuevo detrás de Donald Trump), suspendió el control político del capitalismo desbocado que había instrumentado Franklin Delano Roosevelt con su new deal. Aunque ese periodo, que puede medirse entre el final de la II Guerra Mundial y la crisis del petróleo en los años setenta, supuso la edad de oro del capitalismo, Rendueles no obvia una visión marxista del mismo: no supuso una superación del capitalismo, sino una especie de revolución pasiva en su interior. El new deal americano y el Estado de bienestar europeo proporcionaban protección, pero también eran una renuncia a las aspiraciones de emancipación política de tradición revolucionaria y la aceptación de un estilo de vida dañado por el consumo y el trabajo asalariado.

Como consecuencia de esa falta de superación, el sustento material de los ciudadanos y la organización social que surge (con dos guerras mundiales de por medio) siguen basándose en tratar de obtener ventaja de los demás. Este es el secreto desvelado: en los mercados de trabajo, inmobiliarios, alimentos, transportes, culturales, energéticos…, cada uno de nosotros, cada mañana, al salir de casa, nos enfrentamos a otras personas muy parecidas, a las que tratamos de vencer en una sucesión sin fin de desafíos económicos: vendo caro, compro barato (lo que antes se denominaba la explotación del hombre por el hombre), en el mayor número de áreas de la vida social. En sus diferentes fases, ese capitalismo ha demostrado tener efectos carcinógenos sobre el tejido comunitario y ha dejado tras de sí a millones de personas que no han podido resistir su dinámica. El capitalismo se nos metió en el cuerpo como una enfermedad infecciosa y nos lo llevamos encima a nuestra casa y a nuestro lugar de trabajo.

Los indignados del 15-M, Occupy Wall Street… como antes el Mayo del 68 han sido intentos de reacción a esa dinámica. Rendueles llega a sus últimas páginas con una imagen del primer movimiento citado, que indica hasta dónde se ha retrocedido: el 15 de mayo de 2011 la policía “tuvo que proteger el Congreso de hijos y madres y abuelas y nietos y hermanos y novias que aspiraban a un trabajo más o menos estable y a formar una familia. Intentar llevar una vida convencional se había convertido en un experimento contracultural”. No eran precisamente la vanguardia del proletariado, los bolcheviques. Desde los inicios de la modernidad, la democracia ha consistido en la revuelta contra los vencedores del capitalismo global.

Capitalismo canalla. César Rendueles. Seix Barral. Barcelona, 2015. 231 páginas. 15 euros.

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