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Venecia oculta su corazón de cine

El festival ultima sus preparativos escondido en el interior del Lido

Festival de cine de Venecia 2015
Empleados trabajan en los preparativos de la 72 edición del Festival de Cine de Venecia. EFE

Debe de estar por algún lado. Porque así sucede cada año y además las fechas lo dicen claramente: del 2 al 12 de septiembre el Lido de Venecia acoge el célebre festival de cine. Así que evidentemente la gran maquinaria del certamen tiene que haberse puesto en marcha en la isla hace ya tiempo. Sin embargo, al aterrizar en la ciudad italiana apenas hay indicios de que allí se traslade a partir de hoy el corazón del cine mundial. Nada de carteles en el aeropuerto, nada en el vaporetto. Un señor trajeado es la llamativa excepción en medio de turistas en bermudas y camiseta sin mangas. Y cuando el barco llega del aeropuerto al Lido, sede histórica de La Mostra, apenas se bajan cuatro pasajeros. La aplastante mayoría continúa rumbo a San Marcos.

El propio Lido parece seguir adelante con su plácida vida habitual, como una localidad veraniega cualquiera. Chicos sin camiseta vuelven de la playa, una pareja de viajeros disfruta de un gelato, las únicas estrellas son las de las fachadas de los hotelesy los precios de los restaurantes no provocan infartos. Se puede pasear durante una quincena de minutos hacia el Lungomare Marconi, la avenida del certamen, sin sospechar en ningún momento de la fábrica de ideas que se oculta en el litoral. Pero a fuerza de caminar finalmente uno se topa con una valla. Reza “Biennale” y es una frontera. Una vez cruzada, el visitante se asoma por fin al festival de cine más antiguo del mundo.

De repente, donde antes había decadentes establecimientos playeros ahora hay enormes fotos de los grandes filmes de Hollywood. Eddie Redmayne lanza al transeúnte una mirada provocativa desde el cartel de The Danish Girl, a la vez que Johnny Depp observa con desprecio, en la piel del criminal James Bulger de Black Mass, el vaivén de la calle. Aparece una imagen de Wim Wenders en blanco y negro rodando en Cinecittà y la actriz Nastassia Kinski mira desafiante en el póster oficial de La Mostra. Y, al fondo, el propio Palazzo del Cinema luce en su entrada una serie de enormes pétalos rojos, declaración de amor al cine de autor.

Aquí, a partir de hoy, empezarán a llegar directores e intérpretes, algunos míticos otros desconocidos. La superproducción de Hollywood Everest, rodada a 3.000 metros de altura y 30 grados bajo cero, inaugura el certamen el mismo día en que se proyecta un retrato intimista y de bajo coste de Brasil como Boi Neon, del cineasta Gabriel Mascaro. Ídolos del público como Kristen Stewart o Mark Ruffalo hechizarán a la alfombra roja, mientras el más cinéfilo preferirá la proyección de un filme indio rodado íntegramente en idioma tamil. Y Alberto Barbera, director de la 72ª edición del festival de cine de Venecia, comprobará si su apuesta por muchos nombres tan ignotos como arriesgados habrá valido la pena.

En realidad, cuesta creer que a partir de hoy todo estará listo. Por las calles reina un cierto silencio y dominan vallas, telones de plástico y obreros que apuran sus labores. Para intuir el glamour que será hay que desplazarse hasta el cercano hotel Excelsior, donde las agencias organizan entrevistas y agendas de los famosos.

“¿Sabes cuándo va a llegar Johnny Depp? Dicen que el viernes”, pregunta al periodista un hombre con uniforme de marinero. El solo nombrar al actor ilumina el rostro de una joven estudiante luxemburguesa que, con sus tres amigos, lleva tres semanas de ruta en tren por Italia. Para su disgusto, acaban de descubrir que se marchan justo el día que el festival arranca. Se han acercado al Lido por si acaso, pero no han visto a ningún divo, ya que ante el Palazzo del Cinema lo más destacado es algún periodista 2.0 que con una cámara aficionada autograba su primera crónica. Todavía no debe de tener mucho que contar. Pero hoy será otra historia. Bueno, muchísimas historias.

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