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El Ejido y sus alrededores se quedan sin la librería Sintagma

Obtuvo el premio al Mejor Librero Cultural, era la única librería en la región y era un agente cultural y de promoción de la lectura

Manuel García Iborra, el pasado 31 de agosto, en el último día de la librería Sintagma, en El Ejido.
Manuel García Iborra, el pasado 31 de agosto, en el último día de la librería Sintagma, en El Ejido.

En el Ejido hay un poco menos de vida. El lunes quedaban ya pocos libros en las estanterías de los 20 metros cuadrados de Sintagma, cuando, poco a poco, la gente empezó a llegar. Hacia la una de la tarde todo eran amigos, lectores, conocidos y clientes alrededor de Manuel García Iborra. Él no sabía nada de esa cascada de personas que lo saludaban, lo abrazaban, le daban las gracias, se lamentaban con él de la crisis, de la insensibilidad de las instituciones y de la sociedad. Todos compraban algún libro, otros varios libros, y unos cuantos le pedían que les firmara los ejemplares. Ese día lo trataban como a un gran autor.

Y solo era el propietario de una librería.

Pero no de una librería cualquiera. Era la única de El Ejido (Almería) y varios kilómetros a la redonda. Aquel era el último día que estaba abierta, después de 13 años. Cada día cierran dos librerías en España. Manuel García ya sabe lo que es convertirse en dueño de una de ellas.

Hacía de agente cultural y cumplía una labor social; era un sembrador de ilusiones en un municipio desértico en cuanto a actividades culturales

Y así fue como El Ejido perdió un poco de vida. No solo era una librería esencial y emblemática, era muchííííísimo más. Hacía de agente cultural y cumplía una labor social; era un sembrador de ilusiones en un municipio desértico en cuanto a actividades culturales, de rápido enriquecimiento debido a la agricultura de invernadero, y con alto porcentaje de inmigrantes. El Ejido, el Mar de plástico, dice García “es una zona de trabajadores agrícolas, no universitarios y con bajo índice de lectura, pero donde los padres quieren que sus hijos lean”.

Ya no lo harán desde Sintagma que promovía y fomentaba la lectura con actividades para niños y para adultos a través de charlas o presentaciones de libros. No tenía el glamur de las grandes o reconocidas librerías de ciudades, ni sus amigos eran reconocidos escritores o editores, pero asistía y orientaba a una comunidad en medio de un desierto literario y cultural. Fue un promotor y fomentador de la lectura y del libro con pequeñas actividades para niños y para adultos a través de charlas o presentaciones de libros. De la estirpe de librerías dinamizadoras que dan un valor diferente, no tangible, que se implica en la vida cultural de la zona y busca crear experiencias. Eso le valió ser distinguida en 2007 con el Premio Librero Cultural que otorga CEGAL (Confederación Española de Gremios y Asociaciones de Libreros) y el Ministerio de Cultura.

Por Sintagma pasaron cerca de 150 escritores, cuya visita se convertía en el acontecimiento cultural de la semana o del mes en El Ejido. El único contacto de sus pobladores con creadores como Ana María Matute, Fernando Savater, Lorenzo Silva, Rafael Chirbes, Ricardo Menéndez Salmón, Antonio Orejudo o muchos escritores locales.

Sintagma la fundaron en 2002 Manuel García Iborra, entonces estudiante de filología hispánica, y Matilde Gómez, estudiante de Psicopedagogía. Unidos por el amor amor y el amor a los libros. Aunque desde hace dos años, debido a la crisis económica y del sector, Gómez tenía otro trabajo que ayudaba a la economía familiar.

Debate literario en la librería Sintagma, de El Ejido, en mayo pasado.
Debate literario en la librería Sintagma, de El Ejido, en mayo pasado. EL PAÍS

El lunes, Manuel García, abrió a las diez de la mañana como de costumbre. Todo el verano la librería estuvo en liquidación, desde que en julio anunciara, muy bajito, su cierre. Entonces los pocos que se enteraron empezaron a pasar por allí, hasta que llegó la una de la tarde de su último día y lo sorprendieron casi cien personas, cuenta el librero, vía telefónica, con una voz afónica, tal vez producto de las tantas charlas del lunes, mezclada con la tristeza inocultable del tono.

“No pudimos aguantar más. Llevábamos dos años malísimos, pero cometíamos la insensatez de sacar dinero de donde no había y vivir cada vez más modestamente. Y este 2015 ya fue peor. La moral ya no estaba debilitada, prácticamente no existía”, explica Manuel García. “Tienes fe en que las cosas cambien, por eso sigues… pero, al final, cerrar parece el único destino”

El anuncio del cierre y el cierre mismo fue como sus dueños. Con discreción y serenidad y agradecimiento por el tiempo feliz que han tenido. “No quería cargar de responsabilidad a nadie, ni a las instituciones ni a la sociedad”, asegura Manuel García. Más que lamentar el cierre de Sintagma, lo que le da pena es la falta de sensibilidad de la sociedad y las administraciones para no salvar las librerías. “Parece que no tienen en cuenta el enorme valor que da una librería, su aportación a la gente no es tangible, pero es esencial la lectura y la prescripción de libros en una comunidad”, afirma. Y es relativamente fácil, añade, que las instituciones participen en la conservación de estos espacios: “No es cuestión de dinero, es cuestión de reconocer los aspectos importantes en la formación de una persona y ordenar estratégicamente lo que hay alrededor del libro y las librerías y establecer algunas campañas”.

El librero sospecha que no hay marcha atrás Que estos cierres se van a precipitar en los próximos dos años. Ahora los lamentos no sirven de mucho, dice Eva Cosculluela, vicepresidenta de CEGAL, porque “si los editores o la gente hubieran hablado o apoyado más a las librerías cuando estaban abiertas quizá no estaríamos viviendo esto”.

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