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Estrella de Israel

Morente abre las galas del Cante de las Minas con Israel Galván como artista invitado.

Estrella Morente Ampliar foto
Estrella Morente, durante su actuación en el Festival del cante de Las Minas.

Estrella Morente envuelve sus actuaciones en una estética artística, entendido esto en su forma más evidente y aparente: los movimientos, el vestuario, los pasos de baile... podríamos decir que es una artista total. Desde luego, en sus espectáculos no aburre, cante lo que cante, sean las alegrías de su primer disco, sean seguiriyas, tientos, tarantas, canciones más o menos aflamencadas o bulerías.

Así ocurrió anoche en el antiguo mercado püblico de La Unión durante la primera de las galas de la 55 edición del Festival Internacional del Cante de las Minas, durante una actuación generosa en tiempo y matices que, sin embargo, pareció comenzar muy justa de voz (algún ortodoxo le habría reprochado la duración de los tercios y otras cosas de relativo valor si de la escuela morentina se trata), pero que fue a más segün trancurría el recital.

La elegancia antigua de Estrella Morente, aunque su cante sea moderno, con esos mantones estilosos y su propia belleza, ponen siempre el resto

Hubo muchos guiños y homenajes a su padre, Enrique, algo habitual en sus actuaciones pero que tras la muerte de su progenitor ha acentuado si cabe, como su descomposición tonal del cante o esa forma de rizar el rizo al agregar velocidad a la expresión melismática, algo tan propio del flamenco como es esa repetición de una nota en un sólo golpe de voz pero que ella multiplica aún más.

En fin, su elegancia antigua, aunque su cante sea moderno, con esos mantones estilosos y su propia belleza, ponen siempre el resto, y el público, como siempre en sus espectáculos, salió contento y agradecido.

Pero en la actuación de Estrella hubo un artista invitado, nada menos que Israel Galván, que casi "interrumpió" al comienzo el primer tema de la cantaora con su baile, ya sabemos, diferente, genialoide, pero al mismo tiempo (y esto es algo que algunos no detectan) lleno de compás y de matices clásicos. Bailó poco, sólo en este principio y al final, y a parte de sus seguidores les supo a poco, pero, claro, hay que tener en cuenta que el espectáculo pertenecía a Morente, él era el invitado.

Son amigos, se admiran y, sin embargo, la actitud intelectual con la que ejercen el arte es radicalmente diferente. La de Estrella es más pasional y racial. El baile de Israel está atravesado por un racionalismo que parece evocar a Mallarmé cuando afirmaba que la danza es el espacio del pensamiento. Claro que el escritor francés pensaba más en la clásica que en la flamenca.

El baile jondo, al contrario, es la afirmación del cuerpo, lo que parece contradictorio para un bailarín que viene del flamenco, como Galván

La danza clásica tiene la ilusión de que no somos cuerpo, sino espíritu, y solo en la época romántica descubrirá el carácter y la expresión, y ello por influencia de las danzas españolas. El baile jondo, al contrario, es la afirmación del cuerpo, lo que parece contradictorio para un bailarín que viene del flamenco, como Galván.

Parece entonces acercarse a esa reivindicación de Nietzsche de la danza, a la que veía como lo opuesto al espíritu de la pesantez, que odiaba. Para el filósofo alemán la danza era un pensamiento sustraído de todo espíritu de pesantez, pero era cuerpo, cuerpo ligero, algo que está en el baile de Israel.

El danzar del artista sevillano tiene cuerpo y ligereza, no tiene simetría, pero sí armonía y compás; tiene suelo (algo que descubrió Isadora Duncan para la danza clásica, inaugurando así la danza contemporánea) y, en resumen, nos da que pensar.

Y en conjunto, un espectáculo interesante y variado para abrir las actuaciones de esta edición del Festival de La Unión.

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