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1919: Gerardo Diego acierta

En las primeras décadas del siglo XX, el poeta santanderino se convirtió en el gran detector de tendencias de la generación del 27 y en su principal promotor y antólogo

La literatura española explicada por Ernesto Giménez Callabero en un cartel realizado entre 1925 y 1927. Ampliar foto
La literatura española explicada por Ernesto Giménez Callabero en un cartel realizado entre 1925 y 1927.

Hay escritores que tienen el sentido de la oportunidad de su obra: la intuición del acierto necesario. Marinetti no escribió nada que mejorara sus manifiestos del futurismo o el diseño de su propia personalidad. Jean Cocteau publicó obras de primera magnitud pero, de añadidura, tuvo la previa certeza de qué tenía que escribir. Gerardo Diego, también… Captó al vuelo lo que circulaba, indefinido y enigmático, a su alrededor y fue un poeta polimorfo y un inventor de iniciativas que marcaron su destino literario y el de muchos otros: promovió el centenario de Góngora en 1927 y supo que gustar o no del poeta barroco era un parteaguas necesario en la literatura española del momento; cinco años después, en 1932, la compilación de Poesía española. Antología, 1915-1931 pasó lista a los que verdaderamente estaban, dejó más de un agraviado por el camino y estableció, en la reedición de 1934, los antecedentes respetables (desde Darío, Unamuno y Valle-Inclán a la promoción de transición posmodernista) del esplendor de los años veinte y treinta.

En 1919, el jovencísimo Diego había fracasado en las oposiciones a catedrático de instituto (obtuvo plaza al año siguiente), conoció a los ultraístas que se reunían en el madrileño café Colonial y comenzó enseguida a escribir poemas en esa línea (algunos los leyó en el Ateneo de Santander, en mayo, a la vez que interpretaba unos Nocturnos de Chopin).

En noviembre de ese mismo año y en el mismo lugar, expuso su conferencia ‘La poesía nueva’, que incluía sus reflexiones sobre el caso y la lectura de una amplia selección de poemas, todos sacados de las revistas del momento (Cervantes, Grecia…). Al mes siguiente, su amigo Juan Larrea le llevó al Ateneo de Bilbao a impartir la misma charla. La escandalera que ‘La nueva poesía’ movió en Santander fue sonada y salieron a relucir, cómo no, los nombres sacrosantos de Pereda, Menéndez Pelayo, Amós de Escalante y hasta Ricardo León, presuntamente ofendidos por aquel jovenzano; en el Bilbao de la revista Hermes y del grupo poético de Ramón de Basterra, la acogida fue mucho mejor.

1919: Gerardo Diego acierta

‘La poesía nueva’ es un texto ingenuo y entusiasta. El ambicioso inicio sobre constantes estéticas es descorazonador pero todo cambia cuando Diego afirma que la guerra del 14 ha traído “la simultaneidad de las más opuestas tendencias”, fraguada “en la Babel de las trincheras” de la que brotó una “greguería disonante y pintoresca de gritos y voluntades”. Los “últimos clásicos” –que son, nada menos, que Whitman, D’Annunzio, Tagore, Maragall, Darío, Amado Nervo y Juan Ramón, entre otros— ya han cumplido su obra: ahora, “saludémosla respetuosamente”. Lo nuevo empezó con la arribada del futurismo y con el “humorismo entre retozón y arbitrario” de Apollinaire. Y pronto confluyeron todas las artes por el mismo camino de creación pura: Ravel o Satie en la música, los cubistas en la pintura. Y ha llegado, al fin, el movimiento Dadá que ha sido la primera “exaltación de la imagen”, libre, autónoma, arbitraria, con un propósito “que hoy denominariamos bolchevique”.

Entre nosotros, Ramón Gómez de la Serna y Rafael Cansinos Assens han propiciado todo lo nuevo; al poco, la llegada a Europa del poeta chileno Vicente Huidobro ha implantado el “creacionismo”: para él, la “imagen es la célula del organismo vivo que aspira a ser el poema creacionista”.

Debemos la transcripción de este importante texto —cuya existencia se conocía hace mucho— a Elena Diego, hija del poeta y alma de la activa Fundación que vela por su memoria, y a Juan Manuel Díaz de Guereñu, que ha escrito la presentación, lo ha anotado con precisión y ha exhumado los textos de la polémica local a la que arriba se ha aludido. Incluso un poeta notable como José del Río Sáinz (que luego estaría en la antología de Diego en 1934) no quiso faltar al coro de la cuchufletas montañesas.

La poesía nueva (La conferencia y la polémica, 1919). Gerardo Diego. Edición de Juan Manuel Díaz de Guereñu. Fundación Gerardo Diego-Publicaciones de la Residencia de Estudiantes. Madrid, 2015. 190 páginas. 18 euros.