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Las damas, cada vez más guerreras

Los cambios en Madrid y Barcelona me animan a citar algunos libros -muy diferentes- escritos por, para, en favor o a propósito de las mujeres

El cartel propagandístico 'We can do it!', creado por J. Howard Miller en 1943.
El cartel propagandístico 'We can do it!', creado por J. Howard Miller en 1943.

Vientos de cambio anuncian la probable llegada a la alcaldía de las dos ciudades en las que ha transcurrido mi vida (Barcelona y Madrid) de sendas mujeres combativas y guerreras. Lejos de constituir una de aquellas pétrifiantes coïncidences a las que se refería André Breton en Nadja (1928; Cátedra), el mejor relato que nunca se haya hecho de la mujer surrealista, el acceso de las dos damas a las instituciones más cercanas a la gente expresa -independientemente de lo que luego hagan o les dejen hacer- la profunda voluntad de regeneración de buena parte de los ciudadanos de las dos capitales más populosas e influyentes del país. Contra ellas se han alzado de nuevo todos los prejuicios falócratas y reaccionarios del orden tradicional, que tolera a las alcaldesas siempre que no desentonen. Trías, en un arranque incontenible de micromasclisme típico de su generación y de su clase, ha caracterizado de “mandona” a la señora Colau, lo que expresa un infantil terror a la mujer con liderazgo; y desde las cavernas de las emisoras y televisiones de la derecha no cesan los “piropos” ponzoñosos a la señora Carmena, aventados por los fabricantes de miedo que agitan el fantasma del “frente popular”, madre (y padre) de todas las desgracias concebibles. Esos vientos me animan hoy a citar algunos libros -muy diferentes- escritos por, para, en favor o a propósito de las mujeres. Malas (UNED), un volumen coordinado por Margarita Almeida, María García Lorenzo y Helena Guzmán, es un reader de carácter universitario en el que se analizan -principalmente a través de la literatura, la historia y la cultura popular- las relaciones de las mujeres con los conceptos de bondad y maldad vigentes en la cultura patriarcal desde el siglo XIX: el “ángel del hogar” frente a la Eva maligna (y castradora). Arquetipos femeninos perversos en el cine de terror (Universidad de Cantabria), de María del Rocío Pérez Gañán, se centra en el arquetipo cinematográfico de la mujer vampiro, en el que se reflejan los recurrentes temores de los varones a la sexualidad agresiva de las no-muertas y al lesbianismo (expreso o latente) como perversión “antinatural”, así como a la muy masculina fantasía de ser devorado en tremendos “rituales de sangre y placer”. Patrícia Soley-Beltran y Rosa Mª Alabrus (y Ricardo García Cárcel) se explayan en dos libros importantes¡Divinas!, modelos, poder y mentiras (Anagrama), y Teresa de Jesús (Cátedra), acerca de dos de las muy diversas formas que reviste la fabricación social de la “identidad femenina”: el mundo de las modelos, en el primero (premio Anagrama de ensayo), y la construcción de la imagen de la santidad femenina en la España del renacimiento y el barroco, en el segundo. Mujeres y libros (Seix Barral), de Stefan Bollmann, es una entretenida, divulgativa y escasamente crítica historia de la lectura y la escritura femenina, desde la incorporación masiva de la mujer a la lectura en el siglo XVIII hasta nuestros días; o dicho con sendos ejemplos, desde la Pamela, de Richardson, hasta Cincuenta sombras de Grey, de E.L. James, a la que, por cierto, el autor compara con la primera en lo que a recepción por parte de las lectoras se refiere. Y permítanme terminar con tres recomendaciones de literatura de creación a cargo de mujeres: el excelente libro de poemas Que concierne (Vaso Roto), de Julieta Valero; el libro de cuentos Gracias por la compañía (Seix Barral), de la estadounidense Lorrie Moore; y Un gen fuera de la ley (Turpial), de Isabel Fuentes, una novela de costumbres pos-feminista (y pos-costumbrista) en la que, utilizando las ligeras hechuras de la lit-chick y una leve intriga policíaca, se trazan los retratos, aventuras y desventuras de una serie de mujeres independientes, inteligentes y buenas profesionales, como esas tan reales que vemos cada día. Todos esos libros pueden encontrarlos o solicitarlos, por ejemplo, en la Feria del Libro de Madrid (donde encontrarán numerosas casetas de librerías feministas o dirigidas por mujeres) o en cualquier buena librería de nuestras ciudades.

Soñando

Hay sueños y sueños. Algunos ampliamente compartidos, aunque desde siempre hayan tenido enemigos dispuestos a acabar con ellos de una vez por todas. Y no hablo de los mismos sueños a los que alude el estúpido e insolidario eslogan de la Lotería Primitiva, que nos conmina a comprarla “porque no tenemos sueños baratos”, sino los de poseer un avión privado -quizás como el Bombardier, de Amancio Ortega-, o un yate de 180 metros de eslora -como el Azzam de Zayed Al Nahanyan, presidente de los Emiratos Árabes Unidos-, quienes, por cierto, no los consiguieron marcando numeritos. Los sueños a los que me refiero son eternos, intemporales, y, cuando se han intentado llevar a la práctica, casi nunca han salido bien y, a menudo, han estado fuera de lugar: por eso los llaman utopías. El sueño, entendido ahora como el estado fisiológico que asociamos con el descanso, es una condición necesaria -aunque no única- de los sueños como representaciones de nuestro inconsciente o nuestra fantasía. Ese sueño del descanso también tiene sus enemigos, como demuestra Jonathan Crary en su más bien apocalíptico 24/7 (Ariel), un ensayo polémico en el que se explican algunos de los procedimientos mediante los que las grandes corporaciones del capitalismo más agresivo consiguen invadir nuestro tiempo de sueño -la última frontera de nuestras libertades- para estimular nuestro consumo 24 horas, 7 días a la semana. Más ligado a la historia literaria resulta La razón nunca duerme (Universidad de Almería), del profesor Francesc Calvo Ortega, en el que se examina (a través de numerosos ejemplos) el papel que el sueño -como espacio de la fantasía-, el delirio y la locura (incluyendo el amor loco) juegan en la literatura dramática del barroco, confrontados a una razón cartesiana que acaba prevaleciendo. Por último, y referido al sueño como ámbito de la utopía social en la literatura española, quiero recordar El sueño sostenible (2008; Marcial Pons), de José Luis Calvo Carrillo, en el que se pasa revista a algunas de ellas, como la República Literaria de Saavedra Fajardo -una sátira en la que, a partir de un sueño, se critica la cultura libresca de su tiempo-, los proyectos “regeneradores” (y, para algunos, prefascistas) de Joaquín Costa, o los dramas utópicos y experimentales de Gómez de la Serna.

Prodigio

Estupendo recuerdo de uno de los iconos más internacionales de la cultura popular española de los sesenta en el álbum Las aventuras de Joselito, el pequeño ruiseñor (Reino de Cordelia), del dibujante malagueño José Pablo García. En él se recrea la peripecia de nuestro más célebre niño prodigio -desde sus fulgurantes éxitos iniciales a su discreto retiro en Utiel, pasando por su etapa de cazador en Angola, traficante de armas en Etiopía o a su relación con las drogas- mediante un biopic gráfico compuesto por un magnífico pastiche de los más célebres tebeos del último medio siglo. ¡Ah! el prólogo (con honores de mención en cubierta) corre a cargo de un tal Jorge Javier Vázquez.