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Don Draper ante el precipicio final

‘Mad Men’ encara su despedida con la emisión de sus siete últimos capítulos

Mad Men

Todo lo bueno llega a su fin. Esa es la filosofía de Jon Hamm a la hora de aceptar el momento de la despedida de una serie que ha cambiado el panorama de la televisión actual como es el caso de Mad Men. Habla del principio del fin, de lo que está obligado por contrato a no llamar el comienzo de la octava temporada sino el arranque de la segunda parte de la séptima entrega. La despedida arranca en España este lunes a las 21.30 en Canal + Series en versión original subtitulada, con menos de 24 horas de diferencia respecto a su emisión en Estados Unidos. La versión dual llegará el 18 de abril, también en Canal + Series.

“Hay muchos finales”, aclara el creador de esta ficción, Matthew Weiner, en referencia a las 92 horas de televisión en las que ha recreado la historia de una era. Por una parte, está ese último día de rodaje con el que puso punto final en julio a los dos episodios finales de la serie, esos que además de escribir, dirigió, y cuando dijo adiós al reparto. O ese otro día en octubre cuando acabó el montaje y se dio cuenta de que nunca volvería a ver cómo terminaba otro episodio. O el final, final, cuando tuvo que dejar su despacho el pasado diciembre. “Ese fue el momento en el que me golpeó la idea de que Mad Men había concluido”, recuerda.

Ahora no sabe lo que sentirá cuando se emita finalmente por televisión, pero este cincuentón tiene claro que se le ha ido la tercera parte de su vida desde que se le ocurrió la idea de darle vida a ese hombre con crisis de identidad pero demasiada seguridad en su trabajo que es Don Draper. “Ha sido la relación más larga que he tenido más allá de la que me une a mis padres”, dice la actriz January Jones, encargada de interpretar a Betty Francis. Sus palabras justifican las lágrimas que echó junto a Hamm llegado ese último día de rodaje. “La última escena que rodamos no fue la última de la serie pero cuando acabamos había como 200 personas aplaudiendo y emocionadas. Fue un gran momento colectivo”, añade el actor.

Christina Hendricks, la voluptuosa Joan, recuerda que también rompieron a cantar. “Estoy contenta con el final de mi historia”, recalca una actriz que describe el aspecto cotilla de su personaje al principio de la serie como la característica que menos le gustó. “Y mi momento preferido, cuando ayuda a Roger Sterling a superar su segundo infarto”, añade. Hamm enumera la cuarta temporada como la más ardua en su caso, cuando tuvo que enfrentarse a la verdadera identidad de su alter ego. Y para Weiner, el episodio 5 de la quinta temporada, Signal 30, fue el más emotivo de todos.

Don Draper ante el precipicio final

“Tendrás que creerme si te digo que siempre supe cómo iba a acabar”, aclara Weiner a este periódico sin dar pistas del final. Eso sí, los detalles no le asaltaron hasta hace tres años. Se lo dijo primero a su esposa, luego a Hamm y finalmente a los guionistas que trabajaron con él. El resto ni tan siquiera lo supo durante la última lectura de guion, para la que utilizó una trama ficticia. “Luego les llamé a mi despacho y les di el guion bueno”, recuerda de todas las precauciones tomadas para guardar el secreto. Los rumores de la posible muerte de Draper, el hombre que se inventó a sí mismo, siguen inundando la red pero los labios de los creadores de esta serie siguen sellados. Weiner hasta bromea con el tema asegurando que el final está claro pero no cree que tantos lo esperen. “Yo sólo deseo que Don encuentre la paz”, añade Hamm, echando más leña al fuego.

Don Draper ante el precipicio final

¿Un adiós o un hasta luego? Porque el final de Mad Men llega justo en un momento en el que clásicos televisivos como Expediente X o Twin Peaks han anunciado su vuelta a las pantallas, y las series derivadas de otras ficciones de éxito van tomando los canales. “Esta industria lleva años robándose a sí misma”, espeta Weiner con más humor que mala baba. Pero eso no quiere decir que tenga intenciones de ir por el mismo camino. Le han sorprendido muchas cosas de Mad Men como para ir ahora y repetirse. El interés de un público de lo más variado, en género, en edad, en clase social. El éxito que ha tenido en el extranjero un show tan americano. El hecho de haberse convertido en un hito cultural y político referenciado por igual en Saturday Night Live, los Muppets o el discurso de la nación. “Pero no tengo ningún plan de volver a repetirme”, aclara.

Hamm comparte la opinión de Weiner, el hombre que le dio una carrera y un papel con una complejidad muy difícil de encontrar en el panorama televisivo actual incluso dentro de esta llamada edad de oro del medio. “Con los piratas informáticos que tenemos hoy en día, sería imposible que alguien como Don sobreviviera en este tiempo. Además no creo que nadie pudiera tener el más mínimo interés en los tuits de un Draper octogenario”, remata con su peculiar humor.

Recuerdos de una era

Don Draper ante el precipicio final

Cuando hablamos de Mad Men siempre hablamos del poder de la palabra. “Dudo que nadie se hubiera podido identificar con un show así de no ser por cómo está escrito”, confiesa la actriz January Jones. Sin embargo el momento en el que supo que la serie había calado fue cuando oyó a una chica que pedía en su manicura unas uñas largas, acrílicas y puntiagudas como las de Betty Draper.

“Me sumo a las mujeres cuando hablan del poder del vestuario, su capacidad de transformación. Era mirarte en el espejo y ver a Don”, afirma Jon Hamm. La recreación del periodo en el que se ambienta la serie estaba pensada al milímetro, y con detalles que muchas veces salieron de la propia colección de Weiner. “Tengo cantidad de mierda de esos años. De mi familia, de eBay. Soy de los que piensan que los objetos tienen un gran poder en sí mismos”, reconoce el autor, que se quedó con lo que era suyo una vez acabada la serie. El bar de Roger Sterling. La grapadora de Peggy. El trofeo Heisman falso del despacho de Pete.

“Yo solo me llevé los teléfonos de todos y muchos recuerdos. Me preocupaba que me llamaran ladrón”, bromea Hamm. “Lo dirá en broma porque el resto de nosotros lo hicimos, aunque nos cobraron lo que nos llevamos”, recalca Hendricks, quien se quedó con el colgante que solía llevar Joan al cuello. El resto de los objetos y vestuario de Mad Men están expuestos en el Museo de la Imagen en Movimiento de Nueva York hasta el 14 de junio.

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