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El aprendizaje según Nicolás Paris

Si para Tristan Tzara el pensamiento se hacía en la boca, para este artista colombiano el pensamiento sucede en un lugar de intercambio y reflexión

Jardín portátil (2009), de Nicolás Paris.
Jardín portátil (2009), de Nicolás Paris.

Si para Tristan Tzara el pensamiento se hacía en la boca, para Nicolás Paris el pensamiento sucede en un lugar de intercambio y reflexión, en este caso, no sólo en el espacio de la galería Elba Benítez convertido en lugar de transformación a través de la muestra, sino al abandonarla una vez visitada.

El diálogo, el rumor, la luz, las horas o (lugar para contemplar la transformación) es la primera exposición individual del artista colombiano comisariada por María Belén Sáez de Ibarra. En ella retoma muchas de las ideas con las que este artista viene trabajando, especialmente la centrada en las estrategias de aprendizaje y educación. Para ello plantea, a través de un exquisito despliegue de objetos (monedas, plantas, lápices, etcétera), un personal laboratorio de ideas que deambulan entre la sencillez y la poética.

No es la primera vez que el artista sitúa al espectador en esta inteligente tesitura: aprender a mirar, saber ver

En este universo de cosas, en contra de la acumulación, están latentes las ideas de contemplación y tiempo, en un generoso gesto por parte del artista, para quien el arte es un intercambio de reflexiones, en este caso, a través de esta sinfonía objetual. Paris ha diseñado un proyecto específico para el espacio en el que ha trabajado durante tres semanas donde cada elemento parece formar parte de otro en una compleja construcción de constelaciones, relaciones y genealogías existentes entre ellos. Y es que no es la primera vez que el artista sitúa al espectador en esta inteligente tesitura: aprender a mirar, saber ver. Ya en 2008 publicó el delicado libro Doble faz, formado por un conjunto de dibujos donde las imágenes eran una cosa y, por arte del plegado de la hoja, se convertían en otra, donde las paradojas de la representación creaban diferentes oxímoron y tautologías visuales que resaltan las rupturas entre la percepción y la comunicación del sentido y, de nuevo estaba presente, como ahora, aquello que recuerda a la literatura de Flaubert: con lo mínimo lo máximo.

En esta necesidad de crear un lugar de intercambio de pensamiento, Nicolás Paris ha reflexionado en su obra sobre la pedagogía inestable al reconvertir los lugares en los que muestra su trabajo en herramienta de aprendizaje siguiendo las ideas pedagógicas y los métodos de enseñanza de Joseph Jacotot, basados en la capacidad de aprender por uno mismo más que en la transferencia del saber. Y ahí quizá resida el verdadero interés: intentar que sea el propio espectador el que decida qué quiere aprender o hasta dónde está dispuesto a llegar. Esta exposición encierra la complejidad que supone el propio aprendizaje, eso sí, en un recorrido tan delicado como exquisito, tan sencillo como indispensable.

El diálogo, el rumor, la luz, las horas o (lugar para contemplar la transformación). Nicolás Paris. Comisariada por María Belén Sáez de Ibarra. Elba Benítez. Hasta el 1 de abril.