OBITUARIO

Steve Strange, el primero de los nuevos románticos

Fue el cantante de Visage, grupo que arrasó a principios de los ochenta con su tema 'Fade to Grey'

Steve Strange, vocalista de Visage.
Steve Strange, vocalista de Visage.

Steve Strange, cara visible del grupo Visage, falleció el jueves pasado en Sharm el-Sheikh, localidad turística de Egipto, tras un ataque al corazón. Strange tenía 55 años y estaba identificado con el movimiento de los New Romantics surgido a principios de los ochenta. En 2002 había publicado una autobiografía, Blitzed!, donde contaba su rápida ascensión y no menos estruendosa caída.

Galés de 1959, Steven John Harrington fue uno de aquellos adolescentes británicos que se quedaron deslumbrados por la rebelión de los Sex Pistols. En 1977, ya como Steve Strange, cantaba al frente de The Moors Murderers, con el respaldo de miembros de Pretenders, Clash, Psychedelic Furs y Adam & the Ants. Se trataba de provocar —el nombre hacía referencia a los “asesinos de los páramos”, una repugnante pareja de asesinos en serie— y no duraron mucho.

En realidad, Steve abandonó pronto el punk rock. Tras un breve paso por The Photons, banda new wave, intuyó que latía en Londres un impulso hedonista que quería superar la rebelión de los imperdibles. En compañía de Rusty Egan, músico y pinchadiscos, abrió locales donde solo se dejaba pasar a los clientes más fantasiosos en ropas y maquillajes (“the weird and wonderful”). Fueron el Blitz, en Covent Garden, el Club for Heroes, en Baker Street, y el Camden Palace, ya en plan grande. Es leyenda que en el Blitz se prohibió el acceso a Mick Jagger pero todo fueron sonrisas para David Bowie, que contrataría a Strange y varios de los habituales para el vídeo de la canción Ashes to Ashes.

Conocidos inicialmente como los Blitz kids, el movimiento fue internacionalizado por The Face y otras revistas de tendencias bajo el nombre de los New Romantics. Al menos en su lanzamiento, se apuntaron grupos pop como Spandau Ballet o Culture Club. En realidad, la banda sonora era el techno pop de sintetizadores y cajas de ritmos, de Kraftwerk a The Human League. Egan y Steve se subieron rapidamente al carro con Visage, una banda de estudio que contaba con instrumentistas de Ultravox y Magazine.

Visage arrasó a principios de 1981, gracias al tema Fade to Grey, con su clima amenazador y su obligado ambiente “europeo”: una impávida modelo traducía la letra al francés. No se puede decir que Visage fuera un grupo de un solo éxito, pero esa canción terminaría por eclipsar impactos menores como Mind of a Toy o Night Train. Ha sido remezclada y recreada hasta la saciedad: en su más reciente disco antológico, The Face. The Very Best of Visage, 9 de los 20 temas son versiones de Fade to Grey.

Aunque sacaron tres álbumes, Visage resultó ser un grupo imposible. Hubo discusiones ásperas sobre los créditos y el reparto del dinero; aparte, los músicos priorizaban otros proyectos. Los conflictos contractuales impidieron que aquello creciera. Visage se rompió en 1984 y Steve se embarcó en el grupo Strange Cruise, de corta vida. Ya en el siglo XXI, resucitaría Visage en varias ocasiones.

Según Strange, su vida empezó a descarrilar en 1985. En París, tras un desfile de Jean Paul Gaultier, le ofrecieron heroína y no tardó en convertirse en un adicto. Se refugió en Ibiza, donde se suponía que no abundaban los opiáceos, y allí vivió el despegue de la cultura del house. Guapo, simpático y bisexual, era el perfecto relaciones públicas y se convirtió en uno de los motores de las noches ibicencas. A finales de los noventa, todo se volvió a complicar. Se quemó su casa de Londres; poco después, fue detenido: se había convertido en un cleptómano. Aunque en el Reino Unido suelen ser duros con los famosos en el arroyo, tuvo un juez comprensivo: condenado a tres meses de cárcel, no llegó a entrar en prisión. Más de una vez, los paparazzi le presentarían como un sin techo, aunque en realidad contaba con el respaldo de su familia y simplemente había optado por un look más discreto.

Le salvó la sinceridad con que encaró la escritura de sus andanzas, aparte de la creciente nostalgia por los ochenta. Participó en giras de veteranos de aquella década y también en programas televisivos que ironizaban suavemente sobre sus excesos estéticos. Orchestral, su última aventura musical, editada a finales de 2014, presentaba sus éxitos con acompañamiento sinfónico.

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