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La conspiración del triángulo

Jorge Eduardo Benavides sitúa su novela en el siglo XIX, entre España y América

Claustro del convento de Santa Catalina, en Arequipa.
Claustro del convento de Santa Catalina, en Arequipa.

Tengo presente todavía dos libros del escritor peruano Jorge Eduardo Benavides. Un libro de cuentos (La noche de Morgana, 2005) y una novela (Un asunto sentimental, 2013). Los cuentos defendían con una alta exigencia formal uno de los géneros rey de la ficción latinoamericana. Había en ese libro un cuento donde un personaje no podía prescindir de los criterios existenciales que siempre hallaba en su fervorosa lectura de Ulises, de James Joyce. Recuerdo siempre ese cuento por su factura y porque, también, me traslada a ese otro personaje de Wilkie Collins, que en su novela La piedra lunar no puede dejar, siempre que lo considera imprescindible, de consultar su libro de cabecera: Robinson Crusoe. De la novela, me quedó la impresión del escritor que sabe que si hay una lucha en la novela, en tanto género, esa es la que libra a favor y en contra de la realidad.

Ahora leo su nueva novela, El enigma del convento, y me vuelve a recordar la precisión sintáctica en el uso de la lengua, y la elocuente consistencia en el dibujo de los caracteres humanos que retrata. La novela está ambientada en el siglo XIX. A caballo entre la España de Fernando VII y la América Latina sembrada de focos independentistas. Esa es la perspectiva general. Su contexto.

Poniendo la mirada más en sus dos focos dramáticos, la novela recrea un convento del siglo XIX a un lado del Atlántico, y el Madrid recién liberado de la ocupación napoleónica al otro lado. Los protagonistas son sustancialmente dos: una novicia que es trasladada a un convento de Arequipa por sus padres para olvidar un desengaño amoroso; y un general peruano, José Manuel Gocheneche, al servicio del rey español. Quien conozca el famoso complot para asesinar al monarca, complot que se conoce como "la conspiración del triángulo", y que se urdió para acelerar la instauración de la Constitución de 1812, podrá disfrutar con más base histórica la intriga palaciega y conventual que Benavides arma como recreación de un tiempo, unos tipos humanos y algunos fracasos.

Esta novela ofrece

una dosis exagerada

de interés argumental

Leí El enigma del convento casi con el convencimiento de repetir la experiencia gozosa que me depararon otros libros de Jorge Eduardo Benavides. Sin embargo, me encontré con la habilidad del artesano impecable, pero falto de aliento artístico. No sé cómo trasladar al lector esa mezcla que a veces se siente con un libro casi irreprochable, y a la vez reiterativo. Como si de pronto nos dejara de interesar su final, una vez decepcionados del prometedor comienzo a las pocas páginas. Esta novela ofrece una dosis exagerada de interés argumental. Y un propósito no menos exagerado de buena prosa, y bien hilvanadas peripecias. Y aquí se acabó todo.

El enigma del convento. Jorge Eduardo Benavides. Alfaguara. Madrid, 2014. 488 páginas. 18,50 euros (digital, 9,99)

 

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