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Bobby Keys, legendario saxofonista tejano

El músico que formó parte de The Rolling Stones sucumbe a la cirrosis, enfermedad que sufría desde hace años

El saxofonista Bobby Keys en febrero de este año en Tokyo, Japón. Ampliar foto
El saxofonista Bobby Keys en febrero de este año en Tokyo, Japón. GC Images

Hubo un tiempo en que las estrellas del rock británico se disputaban la presencia de Bobby Keys en estudios y escenarios: el saxofonista tejano conectaba con los inicios del rock & roll, sabía acomodarse a cualquier situación y, sobre todo, tenía el toque rotundo propio de su maestro, el gran King Curtis.

Los ingleses descubrieron su tono carnoso y su personalidad juerguista en la banda de Delaney & Bonnie, que en 1969 demostraba que las músicas de raíz se podían interpretar de forma festiva y comunitaria. En tándem con el trompetista Jim Price, podían aproximarse al sonido de una sección de metal de soul. Desde ese momento, Keys trabajó con Joe Cocker, George Harrison, John Lennon o Eric Clapton. Pero serían los Rolling Stones los que finalmente se harían con sus servicios de forma regular.

Hubo un flechazo entre Keith Richards y Robert Henry Keys: habían nacido el mismo día, 18 de diciembre de 1943. Además, Bobby fue precoz: tocó con los Crickets, el grupo de Buddy Holly, y recorrió el circuito sureño que Keith mitificaba. Otra coincidencia no menor: aunque devoraban substancias legales e ilegales, mantenían el tipo sobre el escenario.

La fascinación de Jagger por el saxofonista no fue tan duradera. Desconfiaban los músicos que desequilibraban su relación creativa con Richards e intuía que Keys pertenecía a la categoría de “amigos peligrosos”. Con todo, Bobby tocó en discos memorables como Let it bleed (1969) Sticky fingers (1971) y Exile on Main Street (1970).

Richards insiste que la consolidación estilística de los Stones fue impulsada tanto por Mick Taylor como por Bobby Keys. Y recuerda su poderosa presencia en temas del calibre de “Happy”, “Live with me”, “Can’t you hear me knocking”, “Rip this joint” o “Brown sugar”. Se unió a las giras del grupo en 1970 y fue expulsado en 1973, tras perderse varios conciertos: se había lanzado a un maratón de excesos que repercutió en su fiabilidad. Aunque apareció ocasionalmente con la banda, sólo recuperaría el puesto de saxofonista de directo en 1982.

Como su socio, Keys debió combatir adicciones caras; sin royalties, necesitaban bolos para cuadrar las cuentas. Se integró en la pandilla enloquecida que, hacia 1974, rodeaba a John Lennon en Los Ángeles; apareció en sus discos y en los de Harry Nilsson, Ringo Starr o Keith Moon. También grabó un par de álbumes bajo su nombre que evidenciaron que era más acompañante que solista.

Brillaba, eso sí, cuando se le pedía su especialidad: un honkin’ sax. Dejó así su marca en elepés de vocalistas pop (Carly Simon, Barbra Streisand) y grupos rudos (Lynyrd Skynyrd, Faces, Humble Pie). Le reclamaron cantantes-compositores con filo, como Warren Zevon, John Hiatt, Jim Carroll. Si se hallaba inspirado, podía resolver el encargo en una sola toma.

A partir de los ochenta, Keys intentó moderar su ritmo vital; eso resultaba difícil al lado de Ronnie Wood, con quién repitió aventuras a lo Keith Richards en las noches de Miami. Decidió que quién evita la ocasión evita el peligro y se instaló en los alrededores de Nashville: en la capital del country no había gran demanda de saxofonistas. Aseguraba que había minimizado su consumo de alcohol, aunque siempre defendió las virtudes terapéuticas del cannabis.

Desde entonces, simplemente esperaba la llamada de Richards. En los años de parada, formó una banda de versiones, The Sufferin’ Bastards, y dictó su biografía, Every night is a Saturday night. En octubre, aquejado de cirrosis, tuvo que renunciar a seguir girando con los Stones. Murió el martes 2 de diciembre en su casa de Franklin (Tennessee); estaba a punto de cumplir los 71 años.

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