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La aventura completa

Trapiello fabula en torno al destino de los personajes de 'Don Quijote' en una nueva novela

Juan Luis Galiardo y Carlos Iglesias, en 'El caballero don Quijote', película dirigida por Manuel Gutiérrez Aragón en 2002.
Juan Luis Galiardo y Carlos Iglesias, en 'El caballero don Quijote', película dirigida por Manuel Gutiérrez Aragón en 2002.

La sorpresa llegó en 2004: ahora hay asombro y admiración. La buena fortuna que vivió la primera continuación de Don Quijote, escrita por Andrés Trapiello en Al morir don Quijote, se consagra sin reservas con esta pesquisa sobre las vidas adultas y ya hasta el final de los supervivientes, parientes y amigos del caballero. Sabemos el final porque lo insinúa el título: desembocará en la muerte de Sancho, pero a cambio de unas suertes tan naturalmente vividas, tan vivazmente encajadas en una novela de aventuras, que no hay duda de que las cosas fueron así y el novelista ha sido testigo fidedigno de lo que les sucedió.

Será cosa de encantamiento, pero es así: pura novela de la realidad aunque sea ficción porque el pleito se juega en la realidad, en la irritante presencia de imitadores “adefesios” de los auténticos Alonso Quijano y Sancho Panza. Y ahí están todos para probar sus falsedades y defender la auténtica verdad. Ese es el secreto de su fluidez y de la naturalidad del relato. El desamparo por la muerte del caballero en el ama Quiteria y en la sobrina Antonia, en el bachiller Sansón Carrasco y en Sancho Panza se cura viviendo la aventura de sobrevivirse con un Don Quijote que sigue en la memoria de los que lo trataron. Su historia anda en libros que a su vez andan de mano en mano y de barco en barco (hasta llegar a manos del hijo del corsario Drake). De ahí que El final de Sancho Panza reconstruya con la levísima media sonrisa de casi cada página lo que pudo ser tanto la vida anterior de Alonso Quijano y su transformación en caballero andante como la vida del mismísimo Cervantes. Es otro hallazgo del libro: aquí y allá, en este y aquel episodio, recuenta Trapiello avatares presumibles o seguros del escritor. Hasta escuchamos el relato del origen mismo de Don Quijote de la Mancha en boca de un preso de la cárcel de Sevilla que todavía recuerda a Cervantes, digan lo que digan los académicos del Buen Consejo de Sevilla, tan cobardones “dilucidando nonadas, que es noble oficio de académicos”.

Está pautada en la poética de la novela cervantina, de algunas de sus novelas ejemplares y de una idea de narración itinerante sobre los sueños cumplidos

He dicho novela de aventuras porque está pautada en la poética de la novela cervantina, de algunas de sus novelas ejemplares y de una idea de narración itinerante sobre los sueños cumplidos, el afán de prosperar, la lealtad a los mejores (aunque pierdan) y las ilusiones frustradas. Por eso Sancho dice que Don Quijote fue un luchador por la razón sabiendo “en lo más íntimo” que perdería. Aquí sale por todos lados la literatura como alegría y adicción, como inyección de vida, y recorre los rincones de la aventura central, que es viajar a las Indias a hacer fortuna, como se anunciaba en Al morir don Quijote. Pero eso sólo sucede de veras en el último tercio de la novela, y es otro logro de la singular aventura. Antes de subirse a una galera incierta, a Sancho Panza le gustaría explotar su popularidad, en la larga primavera de 1617, muertos Don Quijote y también Cervantes. Disfrutar de ser los personajes auténticos del libro será defender la verdad de sus vidas.

No cuento las peripecias porque las aventuras no se cuentan; se viven como se vive cada capítulo de una historia muy bien trabada, dominada por una prosa enigmáticamente eficaz, antigua y moderna, burlona y melancólica, llena de guiños y pastiches que no enfadan la lectura en nada. Le dan un humor candeal y benevolente. Hacia el final todo se precipita y se enreda demasiado porque hay que cerrar muchos cabos sueltos y hay que saber qué pasa con cada uno de los personajes. Pero el final-final, cuando uno sabe que está abocado a salir de la historia, vuelve a tensarse para que brille como una emocionante promesa de futuro la hija nacida de Sansón Carrasco y de Antonia, que no es ya una niña, sino una mujer entera, muchos años después de todo, muerto ya Sancho. Y esta mujer lee, y lee no sólo las dos partes de Don Quijote como hacemos todos, sino también historias que cuentan lo que nunca hubiese podido contar Cervantes, pero sí cuenta un Trapiello imbuido de su voz y su talante, sosegada y lealmente cogido a su pluma.

El final de Sancho Panza y otras suertes. Andrés Trapiello. Destino. Barcelona, 2014. 432 páginas. 19,50 euros

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