Una visión responsable de España

Julián Marías visto por dos catedráticos que le conocieron bien: "Él eecuperó la cultura liberal"

El filósofo Julián Marías en los años noventa.
El filósofo Julián Marías en los años noventa. EFE

Dos reflexiones de dos catedráticos que conocieron bien al filósofo centenario.

Juan Pablo Fusi: “Su preocupación fue España, continuamente. Abordó la historia y el presente de este país con limpieza moral e intelectual, con una prosa tranquila y precisa. A él se debe, junto a otros, como Juan Marichal, la recuperación de la cultura liberal española anterior a 1936. Su obra fue un diálogo permanente con esa cultura. Él creía en la salvación de la circunstancia española mediante la recuperación de ese espíritu. La suya fue una visión responsable de España; había que superar el conflicto de la guerra para darle continuidad a la vida intelectual. Él creía que la posibilidad de una España liberal podía salvar los naufragios de la historia. Quiso hacer España inteligible (como reza uno de sus títulos). Como aprendió de Ortega, si no se salva mi circunstancia no me salvo yo. Igual que su maestro, su preocupación era la política como compromiso; consideraba peligroso confundir lo particular con lo nacional, alertó contra la fragmentación excesiva de la organización territorial del Estado, que interpretaba erróneamente la historia de España a lo largo de siglos. Esa fue su diatriba contra el primer borrador, y subsiguientes, de la actual Constitución. España tenía que reconciliarse con su historia, sin revanchismo de ningún tipo. Él predicó con el ejemplo; fue leal a Besteiro, sufrió cárcel, y hasta 1953 no tuvo pasaporte. Nunca se manifestó agriamente por ello. Interiorizó su actitud, y eso es lo que le reclamaba a este país para que se reconciliara consigo mismo”.

Helio Carpintero. “Su Historia de la Filosofía representa la defensa de Ortega y de Zubiri, y de García Morente, que están presentes en prólogo, epílogo o dedicatorias… Reclamaba la vigencia de una tradición filosófica que estaba expulsada del mundo de la época. Él mismo no pudo escribir en los periódicos hasta los años 50… Aprendí de él que la vida es una cosa seria e importante, que hay que asumirla con un sentido moral de veracidad; que uno tiene que ser sincero con uno mismo y tener las cuentas claras, con independencia de la utilidad que eso comporte… Me hizo sentir la profunda raíz de la realidad de la lengua española y de la literatura española. Era un defensor a ultranza de la libertad, en la que el hombre tiene que irse haciendo. Su estancia en Soria lo relacionó con mi padre, inspector de enseñanza represaliado. Ahí ahondó en Bécquer, Machado, Gerardo Diego. Me enseñó a valorar la filosofía. Era un hombre de extremada modestia; pensaba los problemas como una batalla cuerpo a cuerpo; no tenía formulitas, pensaba con una claridad extraordinaria. Rechazaba a los charlatanes, estaba orgulloso de las fotos que hacía así como de su puntería con la escopeta. Era peculiar: a Miguel Delibes, su amigo, le hizo mucha gracia que fuera con chaleco de excursión a La Laguna Negra. La represión franquista lo dejó sin universidad, y por tanto sin los discípulos que hubiera tenido, así que yo me siento orgulloso de ser uno de los que pudo tener”.

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